domingo, 6 de febrero de 2011

¿Los Evangelios retratan fielmente lo que Jesús de Nazaret "hizo" y "dijo"?

Curso 2010-2011: “La historicidad de los Evangelios”

“Introducción al curso: ¿los Evangelios retratan fielmente lo que Jesús de Nazaret “hizo” y “dijo”?

A partir de los años cincuenta, recuerda Ratzinger en su obra Jesús de Nazaret, “la grieta entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe» se hizo cada vez más profunda”. La figura de Jesús era cada vez más nebulosa como consecuencia de la investigación histórico-crítica realizada de la época. El resultado de ello es que ha quedado la impresión de que sabemos pocas cosas ciertas de Jesús, lo que da lugar a una situación dramática para la fe.

El Magisterio de la Iglesia y la hereméutica

En la Exhortación Apostólica Verbum Domini, Benedicto XVI hace una mención al desarrollo de la investigación bíblica y el Magisterio de la Iglesia. Cita la Encíclica Providentissimus Deus de León XIII de 1893 que advierte de los peligros de la “alta crítica” por la influencia del racionalismo en los métodos de interpretación y la Divino Afflante Spiritu de Pío XIIde 1943 que se enfrenta a los ataques de los partidarios de una interpretación mística que rechaza toda aproximación científica y reivindica el «alcance teológico del sentido literal definido metódicamente», como la pertenencia de la «determinación del sentido espiritual… en el campo de la ciencia exegética».

San Pío X, sucesor de León XIII, se encontró con el movimiento modernista que desde el racionalismo del protestantismo liberal trata de modificar la fe de la Iglesia para que se adecue a una religión que niega el orden sobrenatural y toda intervención de Dios en el mundo. Lo que dio lugar al decreto “Lamentabili sane exitu” y a la Encíclica “Pascendi” (ambos documentos del año 1907) que muestran las tesis del modernismo, así como sus fundamentos filosóficos y teológicos.

En relación con el método de los modernistas en la cuestión histórica, dice Pío X: “semejante crítica no es una crítica cualquiera, sino que con razón se la llama agnóstica, inmanentista, evolucionista; de donde se colige que el que la profesa y usa, profesa los errores implícitos de ella y contradice a la doctrina católica”.

Pío XII incorpora a la exégesis la teoría de los géneros literarios que emplean los métodos histórico-críticos como aplicables a la interpretación de la Sagrada Escritura con la finalidad de conocer lo que el hagiógrafo quiso decir que es lo que el Espíritu Santo le inspiró y por tanto lo que quiso revelar.

La Instrucción «Sancta Mater Ecclesia» de la Pontificia Comisión Bíblica de 21 de abril de 1964 recuerda el método histórico estudia las fuentes, las valora sirviéndose de la crítica textual, de la crítica literaria y del conocimiento de las lenguas y señala que el exegeta, siguiendo la recomendación de Pío XII, debe buscar el género literario adoptado por el hagiógrafo.

En relación con el «método de la historia de las formas», es lícito emplearlo pero con cautela pues con está implicado con principios filosóficos y teológicos no admisibles. Algunos fautores de este método, movidos por prejuicios racionalistas, repulsan reconocer la existencia del orden sobrenatural y la intervención de un Dios personal en el mundo, realizada me¬diante la revelación propiamente dicha, y asimismo la posibilidad de los milagros y profecías.



La hermenéutica en la Exhortación Apostólica Verbum Domini

Benedicto XVI ha recordado el valor y la importancia de los métodos histórico-críticos. Señala que la Dei Verbum (n. 12) (Vaticano II) ofrece dos indicaciones metodológicas para un adecuado trabajo exegético. En primer lugar, confirma la necesidad de la utilización del método histórico-crítico. El hecho histórico es una dimensión constitutiva de la fe cristiana. Además, la Dei Verbum habla de un segundo nivel metodológico necesario para una interpretación correcta de las palabras, que son al mismo tiempo palabras humanas y Palabra divina. Indica tres elementos metodológicos fundamentales: 1) Se debe interpretar el texto teniendo presente la unidad de toda la Escritura. 2) También se debe tener presente la tradición viva de toda la Iglesia. 3) Es necesario, por último, observar la analogía de la fe.

Sólo donde se aplican los dos niveles metodológicos, el histórico-crítico y el teológico, se puede hablar de una exégesis teológica, de una exégesis adecuada a este Libro.

Objeto y finalidad del Curso

El presente curso sobre la historicidad de los evangelios toma como referencia el libro del P. Igartua S.J.: “Los Evangelios ante la historia”. El cuál con la ayuda del Magisterio de la Iglesia, nos pone ante Jesús de Nazaret, cuyos hechos y dichos quedaron fielmente reflejados en los Evangelios y por lo tanto, con verdad nos dan noticia de la divinidad de Jesucristo, su misión redentora, la institución de la Iglesia, la institución de la Eucaristía etc.

Esquema del libro: “Los Evangelios ante la historia”

Capítulo primero: la cronología del Nuevo Testamento

1. Importancia de las fechas
2. Cronología básica
3. Un punto seguro de partida: los Hechos de los Apóstoles
4. La cronología y el evangelio de Lucas
5. Cronología de los evangelios de Mateo y Marcos
6. Cronología de Juan
7. Cronología epistolar paulina
8. Cronología de las epístolas católicas y a los Hebreos
9. Cuadro de síntesis cronológica total
10. Variantes en la cronología de los evangelios
11. La fecha del kerigma paulino en 1 Cor. 15
Notas especiales
a) La llegada de Pedro a Roma (cf. nota 17)
b) La fecha del nacimiento de Jesús (cf. nota 26)

Capítulo segundo: La garantía histórica de los testimonios

1. La naturaleza de los escritos documentales
2. El carácter sagrado del testimonio
3. La garantía de la comunidad cristiana
4. La comprobación arqueológica actual
Nota especial

La Sábana Santa de Turín (cf. notas 28-35)

Capítulo III: La historia como genero literario en el Antiguo Testamento

1. Perspectiva de la historia en el Antiguo Testamento
2. Elementos de la interpretación
3. Género literario histórico
4. Valor histórico
5. Personajes del AT
6. Los hechos del relato bíblico
7. El problema moral de los relatos

Notas especiales

a) El desciframiento de lenguas antiguas (cf. nota 2)
b) Las cartas de Lakis y la conquista de Josué (cf. nota 10)
c) Abraham, Isaac y Jacob (cf. nota 11)
d) El Génesis y el Gilgamés (cf. nota 17)
e) La ruina de 'AY (cf. nota 19)
f) Las setenta semanas de años en Daniel (cf. nota 22)
g) La Historia de las Formas o Formgeschichte (cf. nota 30)
Capítulo IV: La historia como genero literario en el Nuevo Testamento
1. Diferencias con el Antiguo Testamento
2. Interpretaciones midráshicas en el Nuevo Testamento
3. Génesis de los evangelios y problema sinóptico
4. El género evangélico y su historicidad
5. La Resurrección como clave de los relatos evangélicos
6. La Resurrección afirmada históricamente por Pablo y Pedro

Notas especiales
a) Renán y el evangelio de Juan (cf. nota 5)
b) El relato de las tentaciones de Jesús (cf. nota 11)

Capítulo V: Pensamientos sobre los Evangelios y su verdad
I — Género, estilo y valor literario de los evangelios
II — Los evangelistas y su elección
III — El tiempo y el espacio en los evangelios
IV — Los hechos y su verdad
V — La figura de Jesús en los evangelios
VI — Fe y razón ante los evangelios
VII — Los exegetas y sus métodos
VIII— Formgeschichte y Redaktiongeschichte
IX — La teología ante la exegesis

Epílogo: San Ignacio de Antioquía y la verdad de los Evangelios

Apéndice: Autenticidad y fidelidad de los documentos actuales del NT
1. Las copias
2. Restauración crítica del original
3. Los autores de los documentos
4. La lengua de los escritos y la lengua de Jesús
5. Documentos autenticados y apócrifos

Notas especiales
a) El testimonio de Flavio Josefo sobre Jesús (cf. nota 1)
b) Papiros y pergaminos notables (cf. notas 9-10)
c) Criterios de restauración del texto:
d) Apócrifos dnl Nuevo Testamento

“Introducción al curso: ¿los Evangelios retratan fielmente lo que Jesús de Nazaret “hizo” y “dijo”?

1.- Cuestiones preliminares

El origen de la cuestión planteada

Hace unos cuantos años, a muchos fieles cristianos les resultaría chocante la pregunta que ilustra el título de la charla inaugural porque la lectura de los evangelios, tanto en los actos litúrgicos, como en retiros o ejercicios espirituales, se hacía teniendo como referencia histórica todo lo narrado en los mismos, tanto los “hechos”, como los “dichos”.

Cuando cuestionarse la historicidad de los Evangelios no era normal entre los fieles cristianos, diremos entre los que tenían poca ilustración teológica, no pasaba lo mismo en los centros de estudio para formación de sacerdotes, seminarios y facultades de teología, donde se iban difundiendo interpretaciones de la Sagrada Escritura que prescindían del carácter sobrenatural de la revelación divina, de la Inspiración de los hagiógrafos por el Espíritu Santo, y que ponían en duda la inerrancia de la Sagrada Escritura.

En el prólogo del libro “Jesús de Nazaret” de Ratzinger comenta que “En mis tiem¬pos de juventud —años treinta y cuarenta— había to¬da una serie de obras fascinantes sobre Jesús: las de Karl Adam, Romano Guardini, Franz Michel Willam, Giovanni Papini, Daniel-Rops, por mencionar sólo algu¬nas. En ellas se presentaba la figura de Jesús a partir de los Evangelios… Así, Dios se hizo visible a través del hombre Jesús y, desde Dios, se pudo ver la imagen del auténti¬co hombre.”

Continúa Ratzinger: “En los años cincuenta comenzó a cambiar la situación. La grieta entre el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe» se hizo cada vez más profunda; a ojos vistas se alejaban uno de otro” (…)

Los avances de la investigación histórico-crítica lleva¬ron a distinciones cada vez más sutiles entre los diversos estratos de la tradición. Detrás de éstos la figura de Jesús, en la que se basa la fe, era cada vez más nebulosa, iba per¬diendo su perfil….

Acaba concluyendo: “Como resultado común de todas estas tentativas, ha quedado la impresión de que, en cualquier caso, sabemos pocas cosas ciertas sobre Jesús, y que ha sido sólo la fe en su divinidad la que ha plasmado posteriormente su imagen. Entretanto, esta impresión ha calado hondamen¬te en la conciencia general de la cristiandad. Semejante situación es dramática para la fe, pues deja incierto su au¬téntico punto de referencia: la íntima amistad con Jesús, de la que todo depende, corre el riesgo de moverse en el vacío”.


La Exhortación Apostólica “Verbum Domini”

Esta Exhortación Apostólica consta de Introducción; tres partes: Verbum Dei, Verbum in Ecclesia, y Verbum mundo; y Conclusión. En el apartado La hermenéutica de la sagrada Escritura en la Iglesia dedica el número 33 a hacer una mención al Desarrollo de la investigación bíblica y Magisterio eclesial. En él, cita las Encíclicas Providentissimus Deus del Papa León XIII y Divino afflante Spiritu del Papa Pío XII. Juan Pablo II, con ocasión de la celebración del centenario y cincuenta aniversario de su publicación, respectivamente, recordó la importancia de ambas para la exégesis y la teología.

Por una parte, dice que la intervención del Papa León XIII tuvo el mérito de proteger la interpretación católica de la Biblia de los ataques del racionalismo, sin refugiarse por ello en un sentido espiritual desconectado de la historia. León XIII pide que los profesores se formen en la exégesis de la Sagrada Escritura teniendo en cuenta los métodos científicos (crítica textual e históricos), siempre en continuidad con la Tradición Apostólica, los santos Padres y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.

Por otra parte, recuerda que el Papa Pío XII, se enfrentaba a los ataques de los defensores de una exégesis llamada mística, que rechazaba cualquier aproximación científica. Dice que la Encíclica Divino afflante Spiritu, ha evitado con gran sensibilidad alimentar la idea de una dicotomía entre «la exégesis científica», destinada a un uso apologético, y «la interpretación espiritual reservada a un uso interno», reivindicando en cambio tanto el «alcance teológico del sentido literal definido metódicamente», como la pertenencia de la «determinación del sentido espiritual… en el campo de la ciencia exegética».


El problema de la crítica en León XIII y San Pío X

León XIII: Providentissimus Deus

Conviene recordar en la introducción de este curso a qué situación habían llevado los métodos histórico-críticos que León XIII denominaba “alta crítica”, como consecuencia de la contaminación de racionalismo con la que surgieron y comenzaron a ser aplicados.

León XIII destaca la importancia de que los profesores de Sagrada Escritura se instruyan y ejerciten más en la ciencia de la verdadera crítica, porque: desgraciadamente, y con gran daño para la religión, se ha introducido un sistema que se adorna con el nombre respetable de «alta crítica», y según el cual el origen, la integridad y la autoridad de todo libro deben ser establecidos solamente atendiendo a lo que ellos llaman razones internas (…)

Este género de «alta crítica» (…) conducirá en definitiva a que cada uno en la interpretación se atenga a sus gustos y a sus prejuicios; de este modo, la luz que se busca en las Escrituras no se hará, y ninguna ventaja reportará la ciencia; antes bien se pondrá de manifiesto esa nota característica del error que consiste en la diversidad y disentimiento de las opiniones, como lo están demostrando los corifeos de esta nueva ciencia; y como la mayor parte están imbuidos en las máximas de una vana filosofía y del racionalismo, no temerán descartar de los sagrados libros las profecías, los milagros y todos los demás hechos que traspasen el orden natural
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San Pío X: El decreto “Lamentabili sane exitu” y la Encíclica “Pascendi”

En el Decreto LAMANTABILI SANE EXITU del Santo Oficio, hoy Congregación para la Doctrina de la fe, de 3 de julio de 1907, se condenan un total de 65 errores del modernismo, los que lo califican de forma más clara, y los que muestran el alcance del mal que representa para la Iglesia ese conjunto de doctrinas.

En relación con la autoridad doctrinal y disciplinar de la Iglesia, los modernistas subordinan la autoridad de la Iglesia a los escritores que se dedican a la crítica o a la exégesis científica de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento (1); afirman que la interpretación que la Iglesia hace de los Libros Sagrados debe estar sometida al juicio y corrección de los exegetas (2); contra lo enseñado en el Concilio Vaticano I, los modernistas afirman que el magisterio de la Iglesia no puede determinar el genuino sentido de las Sagradas Escrituras (4).

En relación con la autoridad de las Sagradas Escrituras, los modernistas niegan que Dios sea el verdadero autor de la Sagrada Escritura (9); niegan la inspiración divina al hagiógrafo, afirman que la inspiración de los libros del Antiguo Testamento consiste en la transmisión que hicieron los israelitas de las doctrinas religiosas (10); y niegan que la Inspiración divina abarque a toda la Escritura (11). Proponen que el exegeta debe rechazar cualquier idea preconcebida acerca del origen sobrenatural de la Sagrada Escritura y debe proceder a interpretarla como cualquier documento humano (12).

En relación con el Nuevo Testamento, los modernistas afirman que hubo una elaboración artificiosa de las parábolas (13); que las narraciones evangélicas fueron redactadas para provecho de los lectores aunque fueran falsas (14); que en los evangelios no quedó, sino un tenue e incierto vestigio de Cristo (15); que el Evangelio de San Juan no es historia, sino teología (16); que San Juan exageró los milagros (17); que San Juan no es testigo sino de la vida cristiana (18).

En relación con la divinidad de Jesucristo, los modernistas afirman que la divinidad de Jesucristo no se prueba por medio de los Evangelios, sino que es un dogma que la conciencia cristiana deduce de la noción de Mesías (27); que el Cristo de la historia es muy inferior al Cristo de la fe (29); que el título Hijo de Dios de los evangelios es equivalente al de Mesías, pero no significa que Cristo es verdadero y natural Hijo de Dios (30); que el sentido natural de los textos evangélicos no puede compaginarse con lo que nuestros teólogos enseñan acerca de la conciencia de Jesucristo y de su ciencia infalible (32); que no siempre tuvo Cristo conciencia de su dignidad mesiánica (35); que la Resurrección del Salvador no es propiamente un hecho histórico, sino de orden meramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia cristiana fue poco a poco derivando a partir de otros hechos (36); que en un comienzo, la fe en la Resurrección de Cristo no versó tanto sobre el mismo hecho de la Resurrección como sobre la vida inmortal de Cristo junto a Dios (37); que la doctrina acerca de la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino solamente paulina (38).

En la Carta Encíclica PASCENDI, 8 de septiembre de 1907, PÍO X realiza un análisis muy detallado de las doctrinas de los modernistas, expone los principios en los que los diferentes personajes modernistas que examina se fundan para negar el carácter sobrenatural del cristianismo, así como la divinidad de Jesucristo.

En relación con el historiador o crítico modernista, señala que los principios en los que basan su ciencia crítica son: el agnosticismo, el principio de la transfiguración de las cosas por la fe, y el de la desfiguración.

Dice Pío X que en aplicación del principio del agnosticismo, la historia versa únicamente sobre fenómenos. Luego, Dios y cualquier intervención divina en lo humano, se han de relegar a la fe, como pertenecientes tan sólo a ella. Por lo tanto, si se encuentra algo que conste de dos elementos, uno divino y otro humano —como sucede con Cristo, la Iglesia, los sacramentos y muchas otras cosas de ese género—, de tal modo se ha de dividir y separar, que lo humano vaya a la historia, lo divino a la fe. De aquí la conocida división, que hacen los modernistas, del Cristo histórico y el Cristo de la fe; de la Iglesia de la historia, y la de la fe; de los sacramentos de la historia, y los de la fe; y otras muchas a este tenor.
Después, continúa Pío X, en virtud del principio de transfiguración, ha de reconocerse que el elemento humano ha sido realzado por la fe más allá de las condiciones históricas. Y así conviene de nuevo distinguir las adiciones hechas por la fe, para referirlas a la fe misma y a la historia de la fe; así, tratándose de Cristo, todo lo que sobrepase a la condición humana, sea la natural, según enseña la psicología, sea la correspondiente al lugar y edad en que vivió.
Finalmente, en virtud del tercer principio filosófico, se han de pasar también como por un tamiz las cosas que no salen de la esfera histórica; y eliminan y cargan a la fe igualmente todo aquello que, según su criterio, no se incluye en la lógica de los hechos, como dicen, o no se acomoda a las personas. Pretenden, por ejemplo, que Cristo no dijo nada que pudiera sobrepasar a la inteligencia del vulgo que le escuchaba. Por ello borran de su historia real y remiten a la fe cuantas alegorías aparecen en sus discursos.
Así, pues, para terminar, a priori y en virtud de ciertos principios filosóficos —que sostienen—, afirman que en la historia que llaman real Cristo no es Dios ni ejecutó nada divino; como hombre, empero, realizó y dijo lo que ellos, refiriéndose a los tiempos en que floreció, le dan derecho de hacer o decir.
32. Nos parece que ya está claro cuál es el método de los modernistas en la cuestión histórica. Precede el filósofo; sigue el historiador; luego ya, de momento, vienen la crítica interna y la crítica textual. Y porque es propio de la primera causa comunicar su virtud a las que la siguen, es evidente que semejante crítica no es una crítica cualquiera, sino que con razón se la llama agnóstica, inmanentista, evolucionista; de donde se colige que el que la profesa y usa, profesa los errores implícitos de ella y contradice a la doctrina católica.


2.- El valor de los métodos histórico-críticos

Los géneros literarios
Divino Afflante Spiritu año 1943
Pío XII, en la Encíclica Divino Afflante Spiritu, daba el impulso decisivo a la teoría de los géneros literarios, con estas palabras que hacen época en la historia de la inter¬pretación de la Escritura, por parte del Magisterio:

«Esfuércese el intérprete por averiguar cuál fue el ca¬rácter y condición de vida del escritor sagrado, en qué edad floreció, qué fuentes utilizó ya escritas ya orales, y qué for¬mas de decir empleó. Porque así podrá conocer más clara¬mente quién haya sido el hagiógrafo y qué haya querido significar al escribir. Porque a nadie se le oculta que la nor¬ma suprema de la interpretación es aquella por la que se averigua y define qué es lo que el escritor intentó decir.» (AAS, 35, 1943, 314).

Pero para alcanzar a comprender bien lo que el escritor quiso decir, son necesarias la inteligencia del texto y del am¬biente en que se escribió. Sigue el Pontífice:

«Qué quisieron ellos dar a entender con sus palabras, no se determina solamente por las leyes de la gramática y de la filología, ni sólo por el contexto del discurso; sino que es de todo punto necesario que el intérprete se traslade, como si dijéramos, mentalmente a aquellos remotos siglos de Oriente a fin de que debidamente ayudado por los recur¬sos de la historia, de la arqueología, de la etnología y de otras disciplinas, discierna y claramente vea qué géneros literarios, como dicen, quisieron usar y de hecho usaron los escritores de aquella vetusta edad.» (ib.).

Esta norma de interpretación, tan conforme por otra parte con la recta inteligencia de cualquier escrito, y que el Pontífice califica de «norma suprema», es de carácter universal y general. Se ha de aplicar a la interpretación de todo escrito, tanto pro¬fano como inspirado, en cuanto éste último tipo de escritura participe, en la recta doctrina de la inspiración, de la labor humana del autor inspirado y de modo especial en su voluntad e intención de autor al servicio del Autor divino.

La noción de inspiración, conforme a la enseñanza de León XIII en la Providentissimus Deus, es: "de tal manera los excitó y movió con su fuerza sobrenatural para que escribieran, de tal manera les asistió mien¬tras escribían, que todo aquello y sólo aquello que El mismo les mandara, lo concibiesen rectamente (recta mente conciperent), y fielmente lo quisie¬sen escribir (fideltter conscribere vellent), y lo expresaran aptamente con infalible verdad" (EB, 125).


Instrucción «Sancta Mater Ecclesia» de la PCB - 21 de abril de 1964.


1. Que el exegeta católico, bajo la guía del magisterio eclesiás¬tico, aproveche todos los resultados conseguidos por los exegetas que le han precedido, especialmente por los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia, sobre la inteligencia del texto sagrado y se dedique a proseguir su obra. Con el fin de poner a plena luz la ver¬dad y la autoridad de los evangelios, siguiendo fielmente las normas de la hermenéutica racional y católica, será diligente en servirse de los nuevos medios de exégesis, especialmente de los ofrecidos por el método histórico universalmente considerado.

Este método estu¬dia con atención las fuentes, define su naturaleza-y-valor- sirviéndose de la crítica del texto, de la crítica literaria y del conocimiento de las lenguas. El exegeta pondrá en práctica la recomendación de Pío XII, de v. m., que le obliga a «prudentemente... buscar cuanto la forma de la expresión o el género literario adoptado por el hagiógrafo pueda llevar a su recta y genuina interpretación; debe estar persuadido de que esta parte de su oficio no puede ser descuidada sin causar grave perjuicio a la exégesis católica». Con esta advertencia, Pío XII, de v. m., enuncia una regla general de hermenéu¬tica, válida para la interpretación de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, pues para componerlos los hagiógrafos siguieron el modo de pensar y de escribir de sus contemporáneos. En suma, el exegeta utilizará todos los medios con que pueda penetrar más a fondo en la índole del testimonio de los evangelios, en la vida reli¬giosa de las primitivas comunidades cristianas, en el sentido y en el valor de la tradición apostólica.

El «método de la historia de las formas»

Donde convenga le será lícito al exegeta examinar los eventua¬les elementos positivos ofrecidos por el «método de la historia de las formas» si empleándolo debidamente para un más amplio entendimiento de los evangelios. Lo hará, sin embargo, con cautela, pues con frecuencia el mencionado método está implicado con principios filosóficos y teológicos no admisibles, que vician muchas veces tanto el método mismo como sus conclusiones en materia literaria. De hecho, algunos fautores de este método, movidos por prejuicios racionalistas, repulsan reconocer la existencia del orden sobrenatural y la intervención de un Dios personal en el mundo, realizada me¬diante la revelación propiamente dicha, y asimismo la posibilidad de los milagros y profecías.

Otros parten de una falsa noción de la fe, como si ésta no cuidase de las verdades históricas o fuera con ellas incompatible. Otros niegan a priori el valor e índole histórica de los documentos de la Revelación. Otros, finalmente, no apreciando la autoridad de los apóstoles, en cuanto testigos de Cristo, ni su influjo y oficio en la comunidad primitiva, exageran el poder creador de dicha comunidad. Estas cosas no solo son contrarias a la doctrina católica, sino que también carecen de fundamento científico y se apartan de los rectos principios del método histórico.

La hermenéutica en la Exhortación Apostólica Verbum Domini

Benedicto XVI ha recordado el valor y la importancia de los métodos histórico-críticos incorporando a la Exhortación Apostólica la intervención suya del día 14 de octubre de 2008.

La Dei Verbum (n. 12) (Vaticano II) ofrece dos indicaciones metodológicas para un adecuado trabajo exegético. En primer lugar, confirma la necesidad de la utilización del método histórico-crítico, cuyos elementos esenciales describe brevemente. Esta necesidad es la consecuencia del principio cristiano formulado en el evangelio de san Juan: "Verbum caro factum est" (Jn1, 14). El hecho histórico es una dimensión constitutiva de la fe cristiana. La historia de la salvación no es una mitología, sino una verdadera historia y, por tanto, hay que estudiarla con los métodos de la investigación histórica seria.

Sin embargo, esta historia posee otra dimensión, la de la acción divina. En consecuencia la Dei Verbum habla de un segundo nivel metodológico necesario para una interpretación correcta de las palabras, que son al mismo tiempo palabras humanas y Palabra divina. El Concilio, siguiendo una regla fundamental para la interpretación de cualquier texto literario, dice que la Escritura se ha de interpretar con el mismo espíritu con que fue escrita y para ello indica tres elementos metodológicos fundamentales cuyo fin es tener en cuenta la dimensión divina, pneumatológica de la Biblia; es decir: 1) Se debe interpretar el texto teniendo presente la unidad de toda la Escritura; esto hoy se llama exégesis canónica; en los tiempos del Concilio este término no había sido creado aún, pero el Concilio dice lo mismo: es necesario tener presente la unidad de toda la Escritura. 2) También se debe tener presente la tradición viva de toda la Iglesia. 3) Es necesario, por último, observar la analogía de la fe.

Sólo donde se aplican los dos niveles metodológicos, el histórico-crítico y el teológico, se puede hablar de una exégesis teológica, de una exégesis adecuada a este Libro. Mientras que con respecto al primer nivel la actual exégesis académica trabaja a un altísimo nivel y nos ayuda realmente, no se puede decir lo mismo del otro nivel. A menudo este segundo nivel, el nivel constituido por los tres elementos teológicos indicados por la Dei Verbum, casi no existe. Y esto tiene consecuencias bastante graves:

a) Ante todo, si la actividad exegética se reduce únicamente al primer nivel, la Escritura misma se convierte sólo en un texto del pasado: «Se pueden extraer de él consecuencias morales, se puede aprender la historia, pero el libro como tal habla sólo del pasado y la exégesis ya no es realmente teológica, sino que se convierte en pura historiografía, en historia de la literatura».[110] Está claro que con semejante reducción no se puede de ningún modo comprender el evento de la revelación de Dios mediante su Palabra que se nos transmite en la Tradición viva y en la Escritura.
b) La falta de una hermenéutica de la fe con relación a la Escritura no se configura únicamente en los términos de una ausencia; es sustituida por otra hermenéutica, una hermenéutica secularizada, positivista, cuya clave fundamental es la convicción de que Dios no aparece en la historia humana. Según esta hermenéutica, cuando parece que hay un elemento divino, hay que explicarlo de otro modo y reducir todo al elemento humano. Por consiguiente, se proponen interpretaciones que niegan la historicidad de los elementos divinos.
c) Una postura como ésta, no hace más que producir daño en la vida de la Iglesia, extendiendo la duda sobre los misterios fundamentales del cristianismo y su valor histórico como, por ejemplo, la institución de la Eucaristía y la resurrección de Cristo. Así se impone, de hecho, una hermenéutica filosófica que niega la posibilidad de la entrada y la presencia de Dios en la historia. La adopción de esta hermenéutica en los estudios teológicos introduce inevitablemente un grave dualismo entre la exegesis, que se apoya únicamente en el primer nivel, y la teología, que se deja a merced de una espiritualización del sentido de las Escrituras no respetuosa del carácter histórico de la revelación.
d) Todo esto resulta negativo también para la vida espiritual y la actividad pastoral: «La consecuencia de la ausencia del segundo nivel metodológico es la creación de una profunda brecha entre exegesis científica y lectio divina. Precisamente de aquí surge a veces cierta perplejidad también en la preparación de las homilías».[112] Hay que señalar, además, que este dualismo produce a veces incertidumbre y poca solidez en el camino de formación intelectual de algunos candidatos a los ministerios eclesiales.[113] En definitiva, «cuando la exegesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, viceversa, cuando la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya no tiene fundamento».[114] Por tanto, es necesario volver decididamente a considerar con más atención las indicaciones emanadas por la Constitución dogmática Dei Verbum a este propósito
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3.- Objeto y finalidad del Curso

La historicidad de los evangelios es un curso que toma como referencia el libro del P. Igartua S.J.: “Los Evangelios ante la historia”. El cuál con la ayuda del Magisterio de la Iglesia, en relación con la historicidad de la verdad revelada, nos pone ante Jesús de Nazaret, cuyos hechos y dichos quedaron fielmente reflejados en los Evangelios y por lo tanto que con verdad nos dan noticia de la divinidad de Jesucristo, su misión redentora, la institución de la Iglesia, la institución de la Eucaristía etc..


El libro “Los Evangelios ante la historia”: Prólogo del autor

A nadie se le ocultará la importancia de la cuestión sobre la verdad histórica de los evangelios. Pues son el fundamento escrito de la religión cristiana, que ha modelado la cultura occidental en los dos últimos milenios, hasta los últi¬mos y recientes tiempos en que una parte del mundo ha busca¬do la inspiración para su modo de vivir, (al menos en las esfe¬ras oficiales, restricción de suma importancia), en módulos que niegan el cristianismo y aun toda religión.

Pero, más que por una más correcta interpretación de nues¬tra cultura, la importancia de la cuestión traspasa el límite de lo trascendente. Se trata, en realidad, de saber si tenemos o no en ellos un recuerdo real de un Hombre excepcional, cuyas afir¬maciones sobre Sí mismo han cambiado el curso del problema mismo del hombre. Pues habiendo El afirmado que es Dios, y habiendo instaurado una religión permanente para servir al Dios verdadero (que es así El mismo), el problema de Jesús se convierte en el problema del hombre.

Y el problema de Jesús, como se comprende fácilmente, está íntimamente ligado con el problema de los evangelios y del Nuevo Testamento, y aun del Antiguo. Si los evangelios han de ser mirados a través del prisma de la verdad histórica se alzan ante el hombre los grandes dilemas, de los que una pre¬gunta primera es ésta: ¿el hombre que los evangelios retratan fue como ellos lo describen?

Afirmamos, naturalmente, que los evangelios nos ofrecen un fiel recuerdo de Jesús, aunque la fidelidad no haya de interpretarse como una fotografía. Son, más bien, un cuadro reali¬zado por pinceles magistrales, que nos da la persona del Hom¬bre que buscamos, en sus rasgos intuidos y plasmados. Pero de un Hombre histórico, cuyos hechos y palabras se ofrecen en compendio, como dice San Juan Crisóstomo, al comentar la inmediata lla¬mada de Andrés a su hermano Pedro para traerle a Jesús, y que Pedro parece haberse convencido enseguida: "Es verosímil que su hermano le haya contado las cosas despacio y con muchas palabras. Pero los evangelis¬tas narran generalmente muchas cosas en compendio, procurando la breve¬dad" (Hom. 19 in Evang. loannis, 1: PG 59,121).

Hoy, cuando voces vacilantes, y a veces desde campos an¬taño impensables, alzan críticas que todo lo ensombrecen a los ojos de muchos, se plantea con fuerza renovada el problema de los evangelios y su verdad histórica. Hemos tratado de respon¬der a él con lealtad. Siempre será una respuesta incompleta. Nadie puede captar la luz entera que emana de sus páginas. Pero es dada con voz de amor afirmativo.

Digo de amor, porque el amor no está reñido con la verdad, sino que la sostiene. Sólo el amor es capaz de penetrar en el ser amado. No hemos pretendido, sin embargo, en estas pági¬nas penetrar en la figura misma de Jesús, sino apoyar la fideli¬dad de su recuerdo, confirmando la verdad de sus evangelis¬tas. Quede para otro tiempo aquel deseo profundo irrenunciable.

Escribimos en la fe, aunque no sólo desde la fe. Pero cree¬mos que no es posible conocer a Jesús plenamente si no se presta crédito a los evangelios, que nos ofrece la Iglesia como tradición acreditada y aceptada de los hechos y dichos de Jesús.

Es sumamente significativa la siguiente nota de RENÁN en su Vida de Jesús: (Prólogo a la 13 ed.) "El ridículo de Paulus (teólogo racionalista) residía en que pretendía conservar a la Biblia toda su autoridad, y penetrar el verda¬dero pensamiento de los autores sagrados. Si se hubiera contentado con decir que muchos relatos milagrosos tienen por base hechos naturales mal entendidos, hubiera tenido razón. Pero cayó en la puerilidad al sostener que el narrador sagrado sólo había querido contar cosas enteramente senci¬llas, y que se prestaba un servicio al texto bíblico despojándolo de sus milagros. El crítico profano (Renán) puede y debe sostener esta especie de hipótesis llamadas racionalistas; pero el teólogo no tiene derecho a ello, porque la condición previa de tales hipótesis es suponer que el texto no es revelado". ¿No asesta así una lanzada en pleno corazón a los que lla¬mándose teólogos católicos despojan al texto sagrado de todo lo sobrena¬tural, pretextando siempre hipótesis racionalistas? Nuestra intención, lejos de las hipótesis racionalistas, y de las desmitologizaciones teológicas, es es¬cribir desde la fe y en la fe, como decimos. Es decir, creyendo que el texto es inspirado y contiene revelación sobre obras de Dios, a la vez que damos por descontado que los textos están escritos por hombres que quieren na¬rrar historia, y son tomados por Dios con sus condicionamientos humanos, para transmitir la verdad que la inspiración pone en sus almas

Cuando Jesús se apareció al apóstol Tomás, y le hizo poner la mano en su costado abierto como comprobación, dijo al an¬tes incrédulo discípulo: «Porque me has visto, Tomás, has creído. ¡Dichosos los que crean sin haber visto!» Y sin embargo, aun¬que nos consideramos dentro de esa dicha de que habla el Se¬ñor, la vista y el tacto de Tomás nos sirvieron de tierra para la planta de nuestra fe. Nos consideramos dichosos por creer aun¬que no hayamos visto, o sin haber visto; pero nuestra seguridad se apoya en el testimonio de los que vieron y palparon. Por eso hemos querido robustecer la convicción de ese apoyo.

Juan Manuel Igartua Universidad de Deusto-Bilbao

4.- Esquema del libro: “Los Evangelios ante la historia”

Capítulo primero: la cronología del Nuevo Testamento

1. Importancia de las fechas
2. Cronología básica
3. Un punto seguro de partida: los Hechos de los Apóstoles
4. La cronología y el evangelio de Lucas
5. Cronología de los evangelios de Mateo y Marcos
6. Cronología de Juan
7. Cronología epistolar paulina
8. Cronología de las epístolas católicas y a los Hebreos
9. Cuadro de síntesis cronológica total
10. Variantes en la cronología de los evangelios
11. La fecha del kerigma paulino en 1 Cor. 15

Notas especiales
a) La llegada de Pedro a Roma (cf. nota 17)
b) La fecha del nacimiento de Jesús (cf. nota 26)

Capítulo segundo: La garantía histórica de los testimonios

1. La naturaleza de los escritos documentales
2. El carácter sagrado del testimonio
3. La garantía de la comunidad cristiana
4. La comprobación arqueológica actual

Nota especial

La Sábana Santa de Turín (cf. notas 28-35)

Capítulo III: La historia como genero literario en el Antiguo Testamento

1. Perspectiva de la historia en el Antiguo Testamento
2. Elementos de la interpretación
3. Género literario histórico
4. Valor histórico
5. Personajes del AT
6. Los hechos del relato bíblico
7. El problema moral de los relatos

Notas especiales

a) El desciframiento de lenguas antiguas (cf. nota 2)
b) Las cartas de Lakis y la conquista de Josué (cf. nota 10)
c) Abraham, Isaac y Jacob (cf. nota 11)
d) El Génesis y el Gilgamés (cf. nota 17)
e) La ruina de 'AY (cf. nota 19)
f) Las setenta semanas de años en Daniel (cf. nota 22)
g) La Historia de las Formas o Formgeschichte (cf. nota 30)
Capítulo IV: La historia como genero literario en el Nuevo Testamento
1. Diferencias con el Antiguo Testamento
2. Interpretaciones midráshicas en el Nuevo Testamento
3. Génesis de los evangelios y problema sinóptico
4. El género evangélico y su historicidad
5. La Resurrección como clave de los relatos evangélicos
6. La Resurrección afirmada históricamente por Pablo y Pedro

Notas especiales
a) Renán y el evangelio de Juan (cf. nota 5)
b) El relato de las tentaciones de Jesús (cf. nota 11)

Capítulo V: Pensamientos sobre los Evangelios y su verdad
I — Género, estilo y valor literario de los evangelios
II — Los evangelistas y su elección
III — El tiempo y el espacio en los evangelios
IV — Los hechos y su verdad
V — La figura de Jesús en los evangelios
VI — Fe y razón ante los evangelios
VII — Los exegetas y sus métodos
VIII— Formgeschichte y Redaktiongeschichte
IX — La teología ante la exegesis

Epílogo: San Ignacio de Antioquía y la verdad de los Evangelios

Apéndice: Autenticidad y fidelidad de los documentos actuales del NT
1. Las copias
2. Restauración crítica del original
3. Los autores de los documentos
4. La lengua de los escritos y la lengua de Jesús
5. Documentos autenticados y apócrifos

Notas especiales
a) El testimonio de Flavio Josefo sobre Jesús (cf. nota 1)
b) Papiros y pergaminos notables (cf. notas 9-10)
c) Criterios de restauración del texto:
d) Apócrifos dnl Nuevo Testamento

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