viernes, 11 de mayo de 2012

Santa Teresa de Lisieux y el misterio del Corazón de Cristo – (Cont.) Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II

Santa Teresa de Lisieux y el misterio del Corazón de Cristo

De “Pensamientos y ocurrencias” - Escritos por el P.  Orlandis S.J. en 1934

Para mejor comprender lo que entendía yo por de­voción sincera al Corazón de Jesús, convendrá indicar tres etapas por las cuales, desde que esta devoción se hizo pública y universal, se ha ido, a mi parecer, pro­videncialmente desarrollando. La primera la marcan las revelaciones de Paray-le-Monial; la segunda los escritos y obras del P. Enrique Ramiére; la tercera la difusión de los escritos y la pro­pagación de la devoción de Santa Teresita del Niño Jesús.

1) La primera etapa es la de Paray; es la mani­festación al mundo del Sagrado Corazón, de sus ínti­mos pensamientos, afectos y designios y de los teso­ros de gracias de santificación y salvación que encierra y quiere derramar sobre los hombres; es la petición de parte de Jesús de un especial culto y devoción, que se tenga y se tribute a su Corazón de hombre y a su Corazón de Dios; es un quejarse Jesús amorosa, pero acerbamente de la ingratitud y ceguera de los hom­bres, que corresponden a su amor con olvido, desvíos, menosprecios e injurias, y no quieren recibir los bene­ficios y gracias, que Él anhela concederles; pero ade­más es una verdadera profecía de que Él reinará en el mundo a pesar de sus enemigos y esto porque por esta nueva redención destruirá el imperio de Satanás y so­bre las ruinas del mismo levantará el imperio de su Amor…

2) La segunda etapa, considero yo que la marcan los escritos y las empresas del P. Enrique Ramiére (del santo Padre Ramiére, como le llamaba el P. Gignac). Los escritos: Apostolado de la Oración, Esperanzas de la Iglesia, Reinado social de Jesucristo, Divinización del Cristiano, etc.; las empresas: Apostolado de la Ora­ción y Liga del Corazón de Jesús, Mensajeros del Sa­grado Corazón, Consagración individual y Social al Co­razón de Jesús…

3) En la forma que tiene Santa Margarita María de proponer la devoción al Corazón de Jesús y aun en su mismo estilo, hay un no sé qué de heroísmo y aus­teridad, que bien podría ser que arredrara a no pocas almas enfermizas y pusilánimes de nuestros días.

En los libros del P. Ramiére se encierra una tal luz y profundidad de doctrina, que bien pudiera no estar al alcance de no pocas inteligencias débiles, de no po­cos espíritus anémicos y apocados.

A estas almas pobres y débiles, miopes y enfermi­zas, quiere que llegue también su llamamiento mise­ricordioso el bondadoso Corazón de Jesús, que invita a su banquete a los ciegos, cojos, etc., y les sana como médico Divino. Como mensajera, de sus misericordias inefables con estas almas débiles y pequeñas envía el misericordioso Jesús a Santa Teresita, para que reci­ban aliento, luz y confianza los pobres enfermos de es­píritu tal vez menospreciados o desahuciados de sus maestros y médicos.

Todo el fondo de santa austeridad y severidad de Santa Margarita María, toda la elevación y profundi­dad de doctrina, de anhelos, de esperanzas del P. En­rique Ramiére, podrá descubrir en los breves y frag­mentarios escritos de la Santita de Lisieux quien lea una y otra vez sus palabras, humilde y amorosamente. Mas, reparte ella sus enseñanzas y exhortaciones como envueltas y empapadas en su sonrisa angelical, que es de tal sencillez y agrado, que parece un reflejo vivien­te y sensible de la ternura del Corazón de Jesús para con los pequeñuelos. …Y así son incontables las al­mas, antes decaídas y acobardadas, que atraídas y alen­tadas por el atractivo celestial de la Santa y lo conso­lador de su doctrina, han cobrado alientos increíbles para subir por el ascensor de la humilde y suave con­fianza hasta la más elevada cumbre del amor de sacri­ficio; desde el humilde y sencillo sentimiento de su nada y de su impotencia, por el camino de la infan­cia espiritual, sembrado de rosas con espinas, hasta la entrega eficaz, perfecta y absoluta de sí al Amor Mi­sericordioso de Dios.

Santa Teresita no sermonea incesantemente sobre la utilidad y necesidad de la devoción al Corazón de Jesús; tampoco teoriza sobre los principios dogmáticos y espirituales en que tal devoción se funda. Pero de la lectura de sus escritos nace espontáneamente en el alma, tan santa, dulce y salvadora devoción, porque el espíritu verdadero de la misma unge y embalsama sus palabras y en ellas el alma que antes no conocía el Amor, lo siente, lo ve y lo gusta.

De la obra “Teología y vivencia del culto al Corazón de Cristo”. P. Jesús Solano S.J.

1.- En la corriente histórica de la devoción al Corazón de Jesús


La devoción al Corazón de Jesús en la forma clásica de Paray-le Monial forma parte del ambiente en el que se desarrolla la vida de santa Teresa del Niño Jesús, ya que vivió en una familia intensamente católica de Francia del siglo XIX.

En los escritos de Santa Te­resa del Niño Jesús son evidentes y fun­damentales los rasgos de la devoción al Corazón de Jesús con las características de Paray-le-Monial: amor, confianza, sen­tido de intimidad con el Dios hecho hombre, reparación por los pecados, deseos de la Cruz, consuelo a Jesús, celo por la salvación y santificación de los hombres, devoción a la Eu­caristía.

No obstante, resulta sorprende la relativa "austeridad" de Teresa en lo relativo a utilizar expresiones relativas al Corazón de Jesús, si prescin­dimos del lenguaje de sus poesías.

2.- "Yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo"

Sor Teresa escribió a Celina en la ocasión del viaje de ésta a Paray-le-Monial: "Pide mucho al Sagrado Corazón. Tú sabes que yo no veo el Sagrado Co­razón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para El solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a co­razón esperando contemplarlo un día cara a cara" (14 oc­tubre 1890)

Este rasgo tan acusadamente personal e íntimo es caracte­rístico de Teresa. Ella reconocerá que Jesús fue su superior, su maestro de novicios y su director. No veía al Señor como los demás. Esta vivencia espiritual de la Santa, dada a conocer a través de sus escritos, ha influido decisiva­mente en la devoción misma al Corazón de Jesús en el si­glo XX. Dios comunicó a Teresa luces singulares respecto al amor misericordioso que el Señor tiene para con los débiles y pe­cadores. La Santa se sintió llamada a ir a Jesús y de confiar en El. La Santa se sintió llamada a ir a Jesús "por el ascensor del amor" y no "por la ruda escalera del temor". La clave de su vida fue una confianza desbordante en Dios, y esa confianza, dirá ella unas semanas antes de morir, no se debía a que se creyera ino­cente: "...aunque hubiera cometido todos los crímenes posi­bles, tendría la misma confianza; siento que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua echada en un bra­sero ardiente" (11 julio).

3.- Acto de ofrenda al Amor Misericordioso

Este acto es, en efecto, una cumbre en la vida de Santa Teresa del Niño Jesús. La Santa lo describe en el contexto de la gracia que recibió el 9 de junio de 1895, "gra­cia de comprender más que nunca cuánto desea Jesús ser amado". Después de haber realizado este acto, reconoce la Santa "los ríos o más bien los océanos de gracias que han venido a inundar mi alma", y en sus últimos días (7-VII-1897) recordará a M. Inés el fuego de amor experimen­tado por única vez en su vida después de haber hecho su Acto de ofrenda.

Los dos aspectos que acabamos de considerar dentro de la visión "diferente" de Santa Teresa alcanzan en este acto su máxima expresión: personalismo en la relación con el Señor y característica comprensión del amor del que desborda el Co­razón de Jesús.

Dentro de la tradición religiosa de su ambiente, aún en la misma práctica Parediana de la devoción al Corazón de Jesús, e incluso y en forma absorbente en la espiritualidad que se vivía en el Carmelo de Lisieux, se presentaba la necesidad de reparar a la Justicia divina que castigaba los pecados de los hombres. Piensa ella que si Dios acepta a quienes se inmolan como víctimas a la Justicia, "¿no tendrá también necesidad de víc­timas el Amor misericordioso?". Este Amor divino es desconocido y rechazado; los corazones a los cuales desea prodigarse, se vuelven a las criaturas y no aceptan el Amor infinito de Dios. Se trata de "un acto de Amor perfecto", como dice la Ofrenda.

Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II

Corazón de Jesús saciado de oprobios

Las palabras de las letanías del Sagrado Corazón nos ayudan a releer el Evangelio de la Pasión de Cristo.

Repasemos con los ojos del alma aquellos momentos y acontecimientos desde la captura en Getsamaní al juicio de Anás y de Caifás, la encarcelación nocturna, la sentencia matutina del Sanedrín, el tribunal del Gobernador romano, el tribunal de Herodes el galileo, la flagelación, la coronación de espinas, la sentencia de crucifixión, el vía crucis hasta el lugar del Gólgota, y, a través de la agonía sobre el árbol de la ignominia, hasta el último “Todo está cumplido”…

Signo de contradicción... “Y una espada atravesará tu alma...” (Lc. 2, 34-35). 24 de agosto, 1986

Corazón de Jesús despedazado por nuestros delitos


Jesús de Nazaret, el que durante la última Cena dijo: “Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros. Este es el cáliz de mi Sangre derramada por vosotros”. Jesús: sacerdote fiel, que mediante su propia sangre entra en el tabernáculo eterno. Jesús: sacerdote, que según el orden de Melquisedec nos deja su sacrificio: haced esto...: ¡Jesús - Corazón de Jesús!…

Corazón de Jesús, despedazado con la eterna sentencia: efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta dar su Hijo unigénito... ¿no decían en el Gólgota: Si eres hijo de Dios, baja de esa cruz” (Mt. 27, 40)?… Y, sin embargo, el Profeta sabía. Y, sin embargo, Isaías decía..., tantos siglos antes: “Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados... Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino: Y Yavé cargó sobre El la iniquidad de todos nosotros... Fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo”(Is. 53, 5-8)…

Jesús dice: “Todo está cumplido”. “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc. 23, 46). ¿Cómo iban a cumplirse las escrituras diversamente? ¿Cómo iban a cumplirse diversamente las palabras del Profeta que dice: “El justo, mi Siervo, justificará a muchos... Se cumplirá por su medio la voluntad del Señor” (Cf. Is. 53-11)? ¡La voluntad del Padre! ¡No la mía, sino tu voluntad! (…)

¡Madre del Redentor! ¡Acércanos al Corazón de tu Hijo! 31 de agosto, 1986

Corazón de Jesús hecho obediente hasta la muerte


Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de su ser (cf. Jn. 1, 1-2): uno solo es su poder y su gloria, una sola su sabiduría, es recíproco su infinito amor. (…) en la “plenitud de los tiempos” nace de la Virgen Madre (cf. Ga 4, 4) con un corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres. Por eso, al entrar en el mundo Cristo dice: “He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad” (Hb. 10, 7). ¡“Obediencia” es el nuevo nombre del “amor”!

Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre…

Jesús obedece hasta la muerte (cf. Fil. 2, 8), aunque nada le resulte tan radicalmente opuesto como la muerte, ya que El es la fuente misma de la vida (cf. Jn. 11, 25-26). En aquellas horas trágicas el sobrevienen, inquietantes, el desconsuelo y la angustia (cf. Mt. 26, 37), el miedo y la turbación (cf. Mc. 14, 33), el sudor de sangre y las lágrimas (Cf. Lc. 22, 44). Luego, en la cruz, el dolor desgarra su cuerpo traspasado. La amargura – del rechazo, de la traición, de la ingratitud, llena su Corazón. Pero sobre todo domina la paz de la obediencia. “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22, 42). Jesús recoge las fuerzas extremas y, casi sintetizando su vida, pronuncia la última palabra: “Todo está cumplido” (Jn. 19, 30).

Al alba, al mediodía y al atardecer del Señor Jesús, late en su corazón un sólo deseo: hacer la voluntad del Padre. Contemplando esta vida, unificada por la obediencia filial al Padre, comprendemos las palabras del Apóstol: “Por la obediencia de uno sólo todos serán constituidos justos” (Rom. 5, 19), y la otra, misteriosa y profunda, de la Carta a los Hebreos: “Aún siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia: y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” (5, 8-9).

Que María Santísima, la Virgen del “hágase” tembloroso y generoso, nos ayude también a nosotros a “aprender” esta lección fundamental. 23 de julio, 1989.

Corazón de Jesús perforado por una lanza


Pocas páginas del Evangelio a los largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos, tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (cf. Jn 19, 23-37)…

En el corazón atravesado contemplamos la obediencia filial de Jesús al Padre, cuya misión Él realizó con valentía (cf. Jn 19, 30) y su amor fraterno hacia los hombres, a quienes Él “amó hasta el extremo “ (Jn 13, 1), es decir, hasta el extremo sacrificio de Sí mismo. El corazón atravesado de Jesús es el signo de la totalidad de este amor en dirección vertical y horizontal, como los dos brazos de la cruz.

El corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo “al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. Él murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (cf. Jn 20, 24, 27).

Contra toda tentación antigua o moderna del docetismo, de ceder a la “apariencia”, el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. Él, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua (cf. Nm 20, 8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu, (cf. Jn 7, 37-39), que alimenta en nosotros la vida divina.

Finalmente, del Corazón atravesado de Cristo brota la Iglesia. Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así – según una tradición patrística que se remonta a los primeros siglos - , del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su esposa. Esta se forma precisamente del agua y de la sangre,- Bautismo y Eucaristía -, que brotan del Corazón traspasado. Por eso, con razón afirma la Constitución conciliar sobre la liturgia: “Del costado de Cristo dormido en la cruz, nació el sacramento admirable de la Iglesia entera” (Sacrosanctum Concilium, 5).

Junto a la Cruz, advierte el Evangelista, se encontraba la Madre de Jesús (cf. Jn 19, 25). Ella vió el Corazón abierto del que fluían sangre y agua – sangre tomada de su sangre -, y comprendió que la sangre del Hijo era derramada por nuestra salvación. Entonces comprendió hasta el fondo el significado de las palabras que le Hijo le había dirigido poco antes: “Mujer, he ahí a tu hijo” (Jn 19, 26): la Iglesia que brotaba del Corazón atravesado era confiada a sus cuidados de Madre… 30 de julio, 1989.

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