sábado, 11 de febrero de 2012

Consagración y Reparación en la devoción al Corazón de Jesús



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lunes, 6 de febrero de 2012

LAS LETANÍAS AL CORAZÓN DE JESÚS III – MEDITACIONES JUAN PABLO II

Aula P. Igartua S.J. – Curso: “El Corazón abierto de Jesús” – 28-01-2012


Resumen:

En esta charla se ha continuado con las meditaciones de las letanías del Sagrado Corazón de Jesús, realizadas por el Papa Juan Pablo II.

Se ha tratado sobre las siguientes letanías:

Ø Corazón de Jesús, “Casa de Dios y puerta del cielo”
Ø Corazón de Jesús, “horno ardiente de caridad”
Ø Corazón de Jesús, “santuario de justicia y caridad”
Ø Corazón de Jesús, "lleno de bondad y de amor"
Ø Corazón de Jesús, "abismo de todas las virtudes"
Ø Corazón de Jesús, “dignísimo de toda alabanza"

Corazón de Jesús, Casa de Dios y puerta del cielo


Dice Juan Pablo II que en la Santísima Eucaristía descubrimos con el "sentido de la fe" el mismo Corazón. Recuerda que el Santo Papa Pío X deseó ardientemente que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía para que se unan a este Corazón, Casa de Dios y Puerta del Cielo.
En la Encíclica Haurietis Aquas el Papa Pío XII recuerda que la Eucaristía y el Sacerdocio son dones del Corazón de Jesús. La Tradición vio que del Corazón Traspasado nació la Iglesia y del mismo fluyen los sacramentos del Bautismo (agua) y de la Eucaristía (sangre).
Corazón de Jesús, “horno ardiente de caridad”

El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Jesús, quema con el amor que lo colma. Y éste es el amor al Eterno Padre y el amor a los hombres: a las hijas y los hijos adoptivos. El amor que arde es el Espíritu Santo. El Corazón de Jesús es horno inextinguible.

El P. Igartua S.J. en su obra “El Corazón abierto de Jesús”, hablando de las cuatro insignias con las que el Corazón de Jesús se apareció a Santa Margarita: las llamas, la cruz, la herida y la corona de espinas, dice que nuestro Dios es fuego: Por eso se apareció en forma de fuego el Padre en la zarza ardiente: y después en Pente­costés el Espíritu Santo se apareció en lenguas de fuego, no era de extrañar que el Hijo, se apareciese con fuego en el Corazón.

En las apariciones principales del Corazón de Jesús a Santa Margarita se presenta como llama u horno ardiente de Caridad. En la revelación del 27 de diciembre de 1673 le dice a Santa Margarita: Mi divino Corazón, le dice, está tan apasionado de amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad.

En la segunda aparición principal es cuando Santa Margarita dice: «El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más esplendoroso que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas significan­do las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en su parte superior...».

En la tercera aparición principal, nos dice santa Margarita «(…) Jesucristo mi amado Dueño se presentó delante de mí todo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes como cinco soles, y despidiendo de su sagrada Humanidad rayos de luz de todas partes, pero sobre todo de su adorable pecho, que parecía un horno encendido: y, habién­dose abierto, me descubrió su amante y amable Corazón, vivo manantial de tales llamas». «Entonces me explicó las inexplicables maravillas de su puro amor, y hasta qué exceso había llegado su amor para con los hombres.

Corazón de Jesús, “santuario de justicia y caridad”

Juan Pablo II dice que la justicia que es de Dios, constituye el fundamento definitivo de nuestra justificación. Esta justicia nos viene a nosotros mediante el amor. Cristo nos ha amado y se ha dado a Sí mismo por nosotros.

¡El Corazón de Jesús palpita con el ritmo de la justicia y del amor según la misma medida divina! Este es precisamente el Corazón del Dios-Hombre. En Él se debe cumplir hasta el final toda justicia de Dios hacia el hombre, y también, en cierto sentido, la justicia del hombre hacia Dios.

Mediante el Corazón de Jesús el amor entra en la historia de la humanidad como Amor subsistente: "porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo.

Corazón de Jesús, "lleno de bondad y de amor"

Juan Pablo II dice que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado está "lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres.

Corazón de Jesús, "abismo de todas las virtudes"

La profundidad de Jesucristo, indicada con la medida de su Corazón, es incomparable. Esta divina humana profundidad del Corazón de Jesús es la profundidad de las virtudes: de todas las virtudes. Como un verdadero hombre Jesús expresa el lenguaje interior de su Corazón mediante las virtudes. Las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las otras que derivan de ellas.
Esta profundidad y poder de cada una de las virtudes proviene del amor. Cuanto más enraizadas están en el amor todas las virtudes, tanto mayor es su profundidad. Además del amor, también la humildad decide de la profundidad de las virtudes. Jesús dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".


"Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza"

Nos encontramos reunidos para venerar ese momento único en la historia del universo en el que Dios-Hijo se hace hombre bajo el Corazón de la Virgen de Nazaret.
Tributamos a Dios la adoración debida al Corazón de Cristo Jesús, desde el primer momento de su concepción en el seno de la Virgen.Junto con María le tributamos la misma adoración en el momento del nacimiento: cuando vino al mundo en la extrema pobreza de Belén. Le tributamos la misma adoración, junto con María, durante todos los días y los años de su vida oculta en Nazaret, durante todos los días y los años en los que cumple su servicio mesiánico en Israel
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LAS LETANÍAS AL CORAZÓN DE JESÚS III – MEDITACIONES JUAN PABLO II
Aula P. Igartua S.J. – Curso: “El Corazón abierto de Jesús” – 28-01-2012
Corazón de Jesús, Casa de Dios y puerta del cielo
¡Cuán profundamente sintió este amor del Corazón de Jesús el Santo Papa Pío X, antes Patriarca de Venecia!;
Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión: para que se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres "Casa de Dios y Puerta del cielo".
"Casa", mediante la comunión eucarística el Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.
"Puerta", porque en cada uno de estos corazones humanos Él abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad. Domingo 16 de junio de 1985
Hauritis Aquas – Pío XII
20. (…) la divina Eucaristía, como sacramento por el que El se da a los hombres y como sacrificio en el que El mismo continuamente se inmola desde el nacimiento del sol hasta su ocaso (Mal 1,11), y también el Sacerdocio, son clarísimos dones del Sacratísimo Corazón de Jesús.
21. (…) del Corazón traspasado del Redentor nació la Iglesia, verdadera dispensadora de la sangre de la Redención; y del mismo fluye abundantemente la gracia de los sacramentos que a los hijos de la Iglesia comunican la vida sobrenatural, como leemos en la sagrada Liturgia.
(…) el Doctor común (Santo Tomás de Aquino) escribe, haciéndose su fiel intérprete: «Del costado de Cristo brotó agua para lavar y sangre para redimir. Por eso la sangre es propia del sacramento de la Eucaristía; el agua, del sacramento del Bautismo, el cual, sin embargo, tiene su fuerza para lavar en virtud de la sangre de Cristo» III, q.66, a.3, ad3. Lo afirmado del costado de Cristo, herido y abierto por el soldado, ha de aplicarse a su Corazón, al cual, sin duda, llegó el golpe de la lanza, asestado precisamente por el soldado para comprobar de manera cierta la muerte de Jesucristo.
Catecismo de la Iglesia Católica
1374 El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella "como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos" (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q. 73, a. 3). En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (Concilio de Trento: DS 1651). «Esta presencia se denomina "real", no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen "reales", sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente» (MF 5).
Corazón de Jesús - horno ardiente de caridad.
2. "Horno de caridad". El horno arde. Al arder, quema todo lo material, sea leña u otra sustancia fácilmente combustible.
El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Jesús, quema con el amor que lo colma. Y éste es el amor al Eterno Padre y el amor a los hombres: a las hijas y los hijos adoptivos.
El horno, quemando, poco a poco se apaga. El Corazón de Jesús, en cambio, es horno inextinguible. En esto se parece a la "zarza ardiente" del libro del Éxodo, en la que Dios se reveló a Moisés. La zarza que ardía con el fuego, pero... no se "consumía" (Ex 3, 2).
Efectivamente, el amor que arde en el Corazón de Jesús es sobre todo el Espíritu Santo, en el que Dios-Hijo se une eternamente al Padre. El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Dios-Hombre, está abrazado por la "llama viva", del Amor trinitario, que jamás se extingue.
3. Corazón de Jesús - horno ardiente de caridad. El horno, mientras arde, ilumina las tinieblas de la noche y calienta los cuerpos de los peregrinos ateridos. Domingo 23 de junio de 1985.
EL CORAZÓN ABIERTO DE JESÚS – P. Juan Manuel Igartua S.J.

Las cuatro insignias reales

Éstas son las cuatro insignias del Sagrado Corazón.
Las llamas significan lo ardiente del amor con que Jesús nos ama. Y es que el amor cuando es muy intenso parece fuego. Por eso se dice que es ardiente, abrasado... El Corazón de Jesucristo es un verdadero horno encendido.
En el desierto vio Moisés una zarza que estaba ardiendo y nunca se quema­ba.
«Nuestro Dios es fuego.» Por eso se apareció en forma de fuego el Padre en la zarza ardiente: y después en Pente­costés el Espíritu Santo se apareció en lenguas de fuego; ¿qué cosa más natural que también la segunda persona, que es el Hijo, se apareciese con fuego en el Corazón? Nuestro Dios es fuego quiere decir Nuestro Dios es amor. Y por eso el Corazón de Jesús, que representa el amor, arde: arde la zarza de su corona de espinas, y nunca acaba de quemarse porque Jesús nunca deja de amar.
La cruz significa todos los sufrimien­tos que Jesús ha padecido por nosotros. Sufrimientos de la flagelación, del dolor del alma, de la tristeza... Pero sobre todo aquellas tres horas que estuvo col­gado de una verdadera cruz, con tanta sed, con tantos dolores y angustias.
Las espinas que con un doloroso abrazamiento rodean este Corazón sig­nifican cómo le duelen nuestros peca­dos. Nuestras ingratitudes le punzan, nuestros pecados le desgarran.
La herida significa que su Corazón está abierto para nosotros, y también que los hombres le han herido con su ingratitud. (…)
El último esfuerzo

Dijo Nuestro Señor Jesucristo a San­ta Margarita María que la devoción del Sagrado Corazón era el último esfuerzo que su amor hacía para salvar al mundo de la ruina en que había caído.
Jesucristo murió por los hombres (…). Se quedó en la Eucaris­tía, les enseñó a orar, sudó, trabajó, lloró: todo esto eran esfuerzos para sal­var a los hombres. (…) Después de su resurrección fundó la Iglesia, subió a los cielos, inspiró a los Evangelistas que escribiesen los Evan­gelios: eran nuevos esfuerzos para sal­varlos, para que se aprovechasen de su muerte. Pero nada bastaba. Y entonces hizo el último esfuerzo, les enseñó su mismo Corazón herido

Como una Redención amorosa

Dijo el Señor a Santa Margarita (1647-1690), la Evangelista de su Corazón, que esta de­voción era como una Redención amoro­sa para arruinar el imperio de Satanás sobre el mundo.

(…) Redención no hay más que (…) la que Jesucristo efectuó en la Cruz, borrando nuestros pecados. Pero esa Redención para estar completa necesita ver el fruto logrado en las al­mas de los redimidos

LAS CUATRO PRINCIPALES REVELACIONES (1673-1675) [1]

1. La aurora de la manifestación.—2. Primera revelación.—3. Segunda.— 4. Tercera.—5. Enfermedad y curación milagrosa.—6. La condenan por vi­sionaria.—7. El P. Claudio de La Colombiére.—8. Cuarta y última revela­ción.—9. La primera Fiesta del Amor.

1. La aurora de la manifestación.

Desde los primeros siglos de la Iglesia, (…) floreció (…) la pre­ciosísima devoción; pero No era tan del dominio público como lo es en nuestros días, ni revestía los caracteres tan precisos de amor y reparación. Nuestra Santa fue su verdadera evange­lista porque, aunque no se apoya la Iglesia precisamente en estas revelaciones para instituir este culto, pero sí lo instituyó de hecho con ocasión de las mismas.

La grandiosa manifestación ha empezado a pergeñarse en el alma de la feliz elegida casi desde su entrada en la Visitación (1671); se ha diseñado en los años de su noviciado y primero de su profesión (1672-1673); aparecerá trazada con mano ro­busta en los dos sucesivos (1674-1675); se perfeccionará en los diez siguientes (1675-1685); se propagará dentro y fuera de la Visitación en los tres sucesivos (1686-1689), y al abismarse para siempre la Virgen de Paray en el Sacratísimo Corazón (Octu­bre 1690), se habrá ya manifestado brillantemente a toda la Iglesia.

Mas todavía pasarán largos años hasta que adquiera su máximo esplendor.

A medida que se acerca el feliz momento, favorece Jesús a su sierva con más claras representaciones alegóricas de su amante Corazón; un abismo sin fondo, perforado por la flecha del amor, en el cual debe perderse; un manantial de agua viva; un horno de amor; un «libro de la vida, que contiene la ciencia del amor»; un delicioso verjel.


2. Primera revelación principal. (1673)

(…) 27 Diciembre 1673. Está Margarita en el coro bajo en presencia de su Amor Sacramenta­do. El la hace reposar en su divino pecho, donde le descubre «las maravillas de su amor y los secretos de su Corazón que siempre le había tenido ocultos hasta entonces, cuando se le abrió por primera vez».

Mi divino Corazón, le dice, está tan apasionado de amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti, y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo...». Le pide en seguida su corazón y le introduce en el suyo, «en el que me lo hi­zo ver como un átomo que se consumía en aquella ardiente ho­guera»; se convierte, a su contacto, en llama encendida, lo saca y se lo vuelve a colocar en su pecho «como una llama ardiente en forma de corazón». Este fuego le producirá toda su vida un violento dolor de costado, garantía de la verdad de la apari­ción. Durante muchos días queda Margarita como embriagada y toda abrasada de amor.

(…) Todos los pri­meros viernes se le presenta el Sagrado Corazón como un sol brillante, cuyos rayos ardorosos caen a plomo sobre su corazón. Parece que todo su ser va a quedar reducido a ceniza.

3. Segunda revelación principal. (1674)

«El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, más esplendoroso que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas significan­do las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en su parte superior...».

(…) Los que honren en público esta santa representación recibirán gracias muy especiales. Margarita deberá llevarla de continuo sobre su cora­zón. Poco a poco se aclararán estas promesas, y los rasgos, to­davía indecisos, de la divina devoción se verán claros y de re­lieve.

4. Tercera revelación principal. (1674)

«Una vez entre otras, escribe la vidente, que se hallaba ex­puesto el Santísimo Sacramento, después de sentirme retirada en mi interior por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, Jesucristo mi amado Dueño se presentó delante de mí todo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes como cinco soles, y despidiendo de su sagrada Humanidad rayos de luz de todas partes, pero sobre todo de su adorable pecho, que parecía un horno encendido: y, habién­dose abierto, me descubrió su amante y amable Corazón, vivo manantial de tales llamas».

«Entonces me explicó las inexplicables maravillas de su puro amor, y hasta qué exceso había llegado su amor para con los hombres, de quienes no recibía sino ingratitudes».

(…) Estate atenta a mi voz, continúa Jesús, y le diri­ge varias peticiones:

Primero me recibirás sacramentado tantas veces cuantas la obediencia quiera permitírtelo.

Comulgarás, además, todos los primeros viernes de cada mes.
Todas las noches del jueves al viernes haré que participes de aquella mortal tristeza que Yo quise sentir en el huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de sufrir que la muerte. Para acompañarme en la humil­de oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis congojas, te levantaré de once a doce de la noche para postrarte durante una hora conmigo, el rostro en el suelo, tanto para calmar la cólera divina, pidiendo misericordia para los pecado­res, como para suavizar, en cierto modo, la amargura que sentí al ser abandonado por mis Apóstoles, obligándome a echarles en cara el no haber podido velar una hora conmigo; durante esta hora harás lo que yo te enseñaré...

5. Enfermedad y curación milagrosa.

El divino fuego que la devora la reduce a un estado conti­nuo de fiebre. Margarita se calla hasta que «hecha un esqueleto» tiene que dar cuenta a la Superiora. (…)

La M. de Saumaise quiere abreviar las pruebas. Si son del Señor esas peticiones que me hace, pídale usted la cure en se­guida, y se las concederé. La enferma obedece, y al momento recobra la salud por mediación de su Madre divina. «Animo, querida hija mía, le dice; yo te doy la salud de parte de mi divi­no Hijo; aún te queda un largo y penoso camino que recorrer».

Tan rápida y difícil curación no pudo menos de impresionar vivamente a la Superiora y a toda la Comunidad. (…) Ya estaba todo divinamente preparado para la más esplendorosa de las cuatro Revelaciones principales, para la Gran Revelación. (…)


8. Cuarta y última Revelación principal. "La Gran Revelación". 1675)

Es un día infraoctava del Corpus, probablemente el 16 de Junio de 1675. La Hermana Margarita María está ante S. D. M. expuesta. De la blanca nube de los accidentes Eucarísticos se destaca radiante N. S. Jesucristo, le descubre su divino Corazón y le dice con acento insinuante y amoroso ademán: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frial­dad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan. Por eso te pido que se dedique el primer viernes de mes, después de la octava del Santísimo Sacramento, una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día, y reparando su honor con un acto público de desagravio, a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares. Te prometo además que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor so­bre los que den este honor y los que procuren le sea tributado».

—«¿Cómo puedo cumplir estos encargos?»— «Dirígete a mi siervo (el P. La Colombiére) y dile de mi parte que haga cuanto pueda para establecer esta devoción y complacer así a mi Co­razón divino; que no se desanime a causa de las dificultades que se le presenten, y que no le han de faltar; pero debe saber que es omnipotente aquel que desconfía enteramente de sí mis­mo para confiar únicamente en Mí» ¡Estupenda revelación!

9. La primera Fiesta del amor.

(…) «Es sin contradicción (ha escrito Mons. Bougaud) la más importante de las revelaciones que han ilustrado la Santa Igle­sia, después de las de la Encarnación y de la Sagrada Eucaris­tía. Es la mayor efusión de luz después de Pentecostés».

Pocos días después, el 21 de Junio, fiesta de San Luis Gonzaga, el día mismo pedido por Jesucristo (viernes siguiente a la octava del Corpus) se consagraban fervorosamente al Divino Corazón el Director santo y su santa dirigida. Era la primera. «Fiesta del Amor», la primera fiesta íntima en que se honraba al Sagrado Corazón de Jesús según las enseñanzas de Este a su Santa Evangelista. Sin embargo, durante quince años serán con­trastadas éstas y las otras importantísimas Revelaciones en el Monasterio de Paray-le-Monial, y durante un siglo en la Igle­sia de Dios. Así aparecerá más divino el origen del suavísimo culto del Corazón de Jesucristo.

PENSAMIENTOS Y OCURRENCIAS- ESCRITOS POR EL P. ORLANDIS EN 1934

“Nótese que en la doctrina del P. Ramiére es sustan­cial la relación íntima que descubre entre la devoción al Corazón de Jesús, tesoro y fuente manantial de to­das las gracias y la devoción a la Persona Divina del Espíritu Santo. Gracia increada, como dicen los teólo­gos, Don primordial e infinito de Dios, que recibimos en la justificación y en la santificación. Esta relación que abiertamente hace resaltar el P. Ramiére, la ve­mos ya insinuada en las revelaciones de Paray”.

HAURIETIS AQUAS - PÍO XII - SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
“2. La caridad divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo, que es el Amor personal del Padre y del Hijo, en el seno de la augusta Trinidad. Con toda razón, pues, el Apóstol de las Gentes, como haciéndose eco de las palabras de Jesucristo, atribuye a este Espíritu de Amor la efusión de la caridad en las almas de los creyentes: «La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» [5].
Este tan estrecho vínculo que, según la Sagrada Escritura, existe entre el Espíritu Santo, que es Amor por esencia, y la caridad divina que debe encenderse cada vez más en el alma de los fieles, nos revela a todos en modo admirable, venerables hermanos, la íntima naturaleza del culto que se ha de atribuir al Sacratísimo Corazón de Jesucristo. En efecto; manifiesto es que este culto, si consideramos su naturaleza peculiar, es el acto de religión por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más viviente es su Corazón traspasado. E igualmente claro es, y en un sentido aún más profundo, que este culto exige ante todo que nuestro amor corresponda al Amor divino. Pues sólo por la caridad se logra que los corazones de los hombres se sometan plena y perfectamente al dominio de Dios, cuando los afectos de nuestro corazón se ajustan a la divina voluntad de tal suerte que se hacen casi una cosa con ella, como está escrito: «Quien al Señor se adhiere, un espíritu es con El» [6].”

Corazón de Jesús, “santuario de justicia y caridad”
3. Corazón de Jesús, santuario de justicia: En Ti el Eterno Padre ha ofrecido a la humanidad la justicia que hay en la Santísima Trinidad, en Dios mismo. La justicia que es de Dios, constituye el fundamento definitivo de nuestra justificación.
Esta justicia nos viene a nosotros mediante el amor. Cristo nos ha amado y se ha dado a Sí mismo por nosotros (cf. Gál 2, 20). ¡Y precisamente con este darse mediante el amor más potente que la muerte, nos ha justificado! "Él fue resucitado para nuestra justificación" (Rom 4, 25). Domingo 30 de junio de 1985
2. Este Corazón es ―como todo corazón humano― un centro, un santuario en el que palpita con un ritmo especial la vida espiritual. Corazón, insustituible resonancia de todo lo que experimenta el espíritu del hombre.
Todo corazón humano está llamado a palpitar con el ritmo de la justicia y del amor. Por esto se mide la verdadera dignidad del hombre.
3. ¡El Corazón de Jesús palpita con el ritmo de la justicia y del amor según la misma medida divina! Este es precisamente el Corazón del Dios-Hombre. En Él se debe cumplir hasta el final toda justicia de Dios hacia el hombre, y también, en cierto sentido, la justicia del hombre hacia Dios. En el corazón humano del Hijo de Dios se ofrece a la humanidad la justicia de Dios mismo.
Redemptor hominis: 9. Dimensión divina del misterio de la Redención “La redención del mundo —ese misterio tremendo del amor, en el que la creación es renovada53— es en su raíz más profunda «la plenitud de la justicia en un Corazón humano: en el Corazón del Hijo Primogénito, para que pueda hacerse justicia de los corazones de muchos hombres, los cuales, precisamente en el Hijo Primogénito, han sido predestinados desde la eternidad a ser hijos de Dios54 y llamados a la gracia, llamados al amor.
Esta justicia es al mismo tiempo el don del Amor.

Mediante el Corazón de Jesús el amor entra en la historia de la humanidad como Amor subsistente: "porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo" (Jn 3, 16).
4. Deseamos mirar con los ojos de la Virgen Inmaculada la luz de aquel admirable misterio: ¡La justicia que se revela como Amor! ¡Amor que llena hasta el borde toda medida de la justicia! ¡Y la sobrepasa! Domingo 14 de julio de 1985

Corazón de Jesús, "lleno de bondad y de amor"
2. El Corazón de Jesús es "horno ardiente de caridad", porque el amor posee algo de la naturaleza del fuego, que arde y quema para iluminar y calentar.
Al mismo tiempo, en el sacrificio del Calvario el corazón del Redentor no fue aniquilado con el fuego del sufrimiento. Aunque humanamente muerto, como constató el centurión romano traspasando con la lanza el costado de Cristo, en la economía divina de la salvación este Corazón quedó vivo, como manifestó la resurrección.
3. Y he aquí que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado está "lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina.
Así fue este Corazón ya durante los días de la vida terrena. Lo testimonia cuanto está narrado en el Evangelio. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres. Sobre todos según sus necesidades y expectativas más verdaderas.
Así es el Corazón humano del Hijo de Dios, incluso después de la experiencia de la cruz y del sacrificio. Mejor dicho, todavía más: rebosante de amor y de bondad. Domingo 21 de julio de 1985
Corazón de Jesús, "abismo de todas las virtudes"
2. El corazón decide la profundidad del hombre. Y, en todo caso, indica la medida de esa profundidad, tanto en la experiencia interior de cada uno de nosotros, como en la comunicación interhumana. La profundidad de Jesucristo, indicada con la medida de su Corazón, es incomparable. Supera la profundidad de cualquier otro hombre, porque no es solamente humana, sino al mismo tiempo divina.
3. Esta divina humana profundidad del Corazón de Jesús es la profundidad de las virtudes: de todas las virtudes. Como un verdadero hombre Jesús expresa el lenguaje interior de su Corazón mediante las virtudes. En efecto, analizando su conducta se pueden descubrir e identificar todas estas virtudes, como históricamente emergen del conocimiento de la moral humana: las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las otras que derivan de ellas. (Estas virtudes las han poseído en grado elevado los santos y, si bien siempre con la gracia divina, los grandes genios del ethos humano).
4. La invocación de las Letanías habla de forma muy bella de un "abismo" de las virtudes de Jesús. Este abismo, esta profundidad, significa un grado especial de la perfección de cada una de las virtudes y su poder particular. Esta profundidad y poder de cada una de las virtudes proviene del amor. Cuanto más enraizadas están en el amor todas las virtudes, tanto mayor es su profundidad.
Hay que añadir que, además del amor, también la humildad decide de la profundidad de las virtudes. Jesús dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29). Domingo 28 de julio de 1985

"Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza"

Nos encontramos reunidos para venerar ese momento único en la historia del universo en el que Dios-Hijo se hace hombre bajo el Corazón de la Virgen de Nazaret.
Es el momento de la Anunciación que refleja la oración del "Angelus Domini";
"Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será... llamado Hijo del Altísimo" (Lc 1, 31-32).
María dice: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38).
Y desde aquel momento su Corazón se prepara a acoger al Dios-Hombre: ¡"Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza"!
2. Nos unimos con la Madre de Dios para adorar a este Corazón del Hombre que, mediante el misterio de la unión hipostática (unión de las naturalezas), es al mismo tiempo el Corazón de Dios.
Tributamos a Dios la adoración debida al Corazón de Cristo Jesús, desde el primer momento de su concepción en el seno de la Virgen.
Junto con María le tributamos la misma adoración en el momento del nacimiento: cuando vino al mundo en la extrema pobreza de Belén. Le tributamos la misma adoración, junto con María, durante todos los días y los años de su vida oculta en Nazaret, durante todos los días y los años en los que cumple su servicio mesiánico en Israel.
Y cuando llega el tiempo de la pasión, del despojamiento, de la humillación y del oprobio de la cruz, nos unimos todavía más ardientemente al Corazón de la Madre para gritar: ¡"Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza"!
Sí. ¡Dignísimo de toda alabanza precisamente a causa de este oprobio y humillación! En efecto, entonces el Corazón del Redentor alcanza el culmen del amor de Dios.
¡Y precisamente el Amor es digno de toda alabanza!
Nosotros "no nos gloriaremos a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (cf. Gál 6, 14), escribirá San Pablo, mientras San Juan enseña: "Dios es amor" (1 Jn 4, 8).3. Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. De esta gloria el Padre rodeó en el Espíritu Santo, el Corazón de su Hijo glorificado. Esta gloria anuncia en los siglos la asunción al cielo del Corazón de su Madre. Y todos nosotros nos unimos con Ella para confesar: "Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros". Domingo 4 de agosto de 1985
[1] Vida y obras principales de Santa Margarita Mª de Alacoque cap II. P. José Mª Sáenz de Tejada – Ed. Cor Jesu Madrid 1977

jueves, 5 de enero de 2012

LAS LETANÍAS DEL CORAZÓN DE JESÚS III MEDITACIONES JUAN PABLO II





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LAS LETANÍAS AL CORAZÓN DE JESÚS II – MEDITACIONES JUAN PABLO II

En esta sesión se examinaron las siguientes cuestiones:



1º.- Las reflexiones de Juan Pablo II en relación con las letanías del Corazón de Jesús en cuanto tales.






Tres ideas:
a) Están centradas en el misterio interior de Cristo
b) Estas letanías nos muestran el misterio de la redención de la reparación
c) En el rezo del Angelus se pone de manifiesto el diálogo entre los Corazones de Jesús y de María



2º.- Las reflexiones de Juan Pablo II sobre las siguientes letanías:




a) Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, Domingo 2 de junio de 1985
b) Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, Domingo 27 de junio de 1982 - Domingo 2 de junio de 1985
c) Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, Domingo 9 de julio de 1989
d) Corazón de Jesús, de infinita majestad, Domingo 16 de junio de 1985
e) Corazón de Jesús, templo santo de Dios, Domingo 9 de junio de 1985
f) Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, Domingo 9 de junio de 1985



3º.- Consagración de la familia al Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús:

Por medio del Corazón Inmaculado de María, esta familia cristiana, postrada ante tus pies, quiere consagrarse a Ti. Todas sus voces se unen para pedirte:
- que reines en este hogar;
- que dirijas todos sus pasos;
- que presidas todos sus actos;
- que ilumines la inteligencia de los padres para saber educar a los hijoc en la caridad de Cristo, y la mente de los hijos para saber escoger, en esta vida, el camino que les conduzca a Ti.

Derrama sobre esta familia los dones del Espíritu Santo para que sea fiel a los planes de Dios y, constituida en Iglesia Doméstica, ejerza su triple ministerio: Sacerdotal, Profético y Real.

Corazón de Jesús: Que esta familia esté siempre alegre en la paz de la conciencia. Cuida de ella como cuida tu Providencia de los pájaros y de las flores, y dale el temor de Dios en esta vida y la felicidad de reunirnos todos Contigo en el Cielo. Amén.

4º.- Letanías del Corazón de Jesús

- Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre, Domingo 2 de junio de 1985
- Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, Domingo 27 de junio de 1982 - Domingo 2 de junio de 1985
- Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, Domingo 9 de julio de 1989
- Corazón de Jesús, de infinita majestad, Domingo 16 de junio de 1985
- Corazón de Jesús, templo santo de Dios, Domingo 9 de junio de 1985
- Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, Domingo 9 de junio de 1985

*******************************************************************

- Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, Domingo 16 de junio de 1985
- Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, Domingo 23 de junio de 1985
- Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor, Domingo 30 de junio de 1985 - Domingo 14 de julio de 1985
- Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, Domingo 21 de julio de 1985
- Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, Domingo 28 de julio de 1985
- Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, Domingo 4 de agosto de 1985
- Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, Domingo 25 de agosto de 1985
- Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría, y de la ciencia, Domingo 1 de septiembre de 1985
- Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, Domingo 15 de septiembre de 1985 - Domingo 15 de junio de 1986
- Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace, Domingo 22 de junio de 1986
- Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, Domingo 27 de junio de 1982 - domingo 13 de julio de 1986
- Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, Domingo 20 de julio de 1986

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- Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, Domingo 27 de julio de 1986
- Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, Domingo 3 de agosto de 1986
- Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, Domingo 10 de agosto de 1986
- Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, Domingo 17 de agosto de 1986
- Corazón de Jesús, colmado de oprobios, Domingo 24 de agosto de 1986
- Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados, Domingo 31 de agosto, 1986
- Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Domingo 23 de julio, 1989
- Corazón de Jesús, traspasado por una lanza, Domingo 30 de julio, 1989
- Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, Domingo 13 de agosto, 1989
- Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, Domingo 27 de agosto, 1989
- Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra. Domingo 3 de septiembre, 1989
- Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, Domingo 10 de septiembre, 1989
- Corazón de Jesús, salvación de los que en Ti esperan, Domingo 17 de septiembre, 1989
- Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren, Domingo 5 de noviembre, 1989
- Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, Domingo 12 de noviembre de 1989

LAS LETANÍAS AL CORAZÓN DE JESÚS II – MEDITACIONES JUAN PABLO II



1.- Están centradas en el misterio interior de Cristo



a) Los misterios del Corazón de Jesús, Dios y Hombre están expuestos de un modo penetrante y profundo en las letanías.



Estos misterios han sido propuestos por la liturgia de la solemnidad del Sagrado Corazón.

He aquí las palabras del Apóstol San Juan:

"En eso está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados" (1 Jn 4, 10)... "para que nosotros vivamos por Él" (ib., 4, 9). Tenemos aquí la síntesis de todos los misterios escondidos en el Corazón del Hijo de Dios: el amor "preveniente", amor "satisfactorio", amor "vivificante".

Este Corazón palpita con su sangre humana, que ha sido derramada en la cruz. Este Corazón palpita con todo su inagotable amor que está eternamente en Dios. Amor que permanece siempre abierto a nosotros por la herida producida por la lanza.



"Si de esta manera nos amó Dios, también nosotros debemos amarnos unos a otros" (1 Jn 4, 11). El amor hace nacer el amor, desencadena el amor y se realiza mediante el amor. Domingo 1 de julio de 1984



Las letanías del Corazón de Jesús se inspiran abundantemente en las fuentes bíblicas y reflejan las experiencias más profundas de los corazones humanos.



Son oración de veneración y de diálogo auténtico con este único Corazón, que es "fuente de vida y de santidad"; "paciente y lleno de misericordia"; y "generoso para todos los que le invocan".



Es la oración centrada en el misterio interior de Cristo: Dios-Hombre.



Es una fuente de inspiración para nuestra vida interior: para nuestra relación con el misterio de Jesucristo. 15 de junio, 1986.



2.- Las letanías del Corazón de Jesús nos muestran el misterio de la redención y reparación



Al venerar al Corazón Divino― conocemos el misterio de la redención en toda su divina y, a la vez, humana profundidad.



A la vez, nos hacemos sensibles a la necesidad de reparación. Hablar del Corazón traspasado es decir toda la verdad de su Evangelio y de la Pascua.



3.- En el rezo del Angelus se aprecia el diálogo especial entre los Corazones de Jesús y María.



Desde el primer instante de la Encarnación se estableció una unión de corazones. El Corazón de María es el primero que habló al Corazón de Jesús.



Corazón de Jesús Hijo del Eterno Padre.



La Iglesia encuentra en el Corazón de Cristo el acceso al Dios que es la Santísima Trinidad. Al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Este único Dios —Uno y Trino a la vez— es un misterio inefable de la fe.



Él "habita en una luz inaccesible" (1 Tim 6. 16). Y, al mismo tiempo, el Dios infinito ha permitido que le abrace el Corazón de un Hombre cuyo nombre es Jesús de Nazaret, Jesucristo.



Y a través del Corazón del Hijo, Dios Padre se acerca también a nuestros corazones y viene a ellos.



Y así cada uno de nosotros es bautizado "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Catecismo de la Iglesia Católica



Profesión de la fe cristiana: Creo en “Jesucristo, Hijo Único de Dios”






441 Hijo de Dios, en el Antiguo Testamento, es un título dado a los ángeles, al pueblo elegido, a los hijos de Israel y a sus reyes (cf. 2 S 7, 14; Sal 82, 6). Significa entonces una filiación adoptiva que establece entre Dios y su criatura.



Cuando el Rey-Mesías prometido es llamado "hijo de Dios", no implica necesariamente, según el sentido literal de esos textos, que sea más que humano. Los que designaron así a Jesús en cuanto Mesías de Israel (cf. Mt 27, 54), quizá no quisieron decir nada más (cf. Lc 23, 47).



442 No ocurre así con Pedro cuando confiesa a Jesús como "el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16).



443 Si Pedro pudo reconocer el carácter transcendente de la filiación divina de Jesús Mesías es porque éste lo dejó entender claramente ante el Sanedrín, a la pregunta de sus acusadores: "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?".
Distinguió su filiación de la de sus discípulos, no diciendo jamás "nuestro Padre" (cf. Mt 5, 48; 6, 8; 7, 21; Lc 11, 13) y subrayó esta distinción: "Mi Padre y vuestro Padre" (Jn 20, 17).



444 Los evangelios narran en dos momentos solemnes, el Bautismo y la Transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su "Hijo amado" (Mt 3, 17; 17, 5). Jesús se designa a sí mismo como "el Hijo Único de Dios" (Jn 3, 16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna (cf. Jn 10, 36).



Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.



Por obra del Espíritu Santo fue formada en el seno de la Virgen de Nazaret la Humanidad de Cristo, Hijo del Eterno Padre.



¡Por obra del Espíritu Santo fue formado en esta Humanidad el Corazón! El Corazón.



El Corazón, -el órgano central del organismo humano de Cristo- y, a la vez, el verdadero símbolo de su vida interior: del pensamiento, de la voluntad, de los sentimientos..



En esta invocación encontramos el eco de un artículo central del Credo. En el que profesamos nuestra fe en "Jesucristo, Hijo único de Dios", que "bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre".



La santa humanidad de Cristo es, por consiguiente, obra del Espíritu divino y de la Virgen de Nazaret.



a) Es obra del Espíritu. Lo afirma el Evangelista Mateo: "Lo engendrado en Ella (María) es del Espíritu Santo", (Mt 1, 20); y lo afirma el Evangelista Lucas: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1, 35).



El Espíritu ha plasmado la santa humanidad de Cristo: su cuerpo y su alma, con toda la inteligencia, la voluntad, la capacidad de amar. En una palabra, ha plasmado su corazón.



Del Espíritu le viene:
la sabiduría que llena de estupor a los doctores de la ley y a sus conciudadanos,
el amor que acoge y perdona a los pecadores,
la misericordia que se inclina hacia la miseria del hombre,
la ternura que bendice y abraza a los niños,
la comprensión que alivia el dolor de los afligidos
.



El Espíritu dirige los pasos de Jesús, lo sostiene en las pruebas, lo guía en su camino hacia Jerusalén, donde ofrecerá el sacrificio de la Nueva Alianza (Lc 12, 49).



b) La humanidad de Cristo es también obra de la Virgen. El Espíritu plasmó el Corazón de Cristo en el seno de María, que colaboró activamente con Él como madre y como educadora.
como Madre, Ella se adhirió consciente y libremente al proyecto salvífico de Dios Padre, siguiendo en silencio lleno de adoración, el misterio de la vida que de Ella había brotado y se desarrollaba:
― como educadora, plasmó el Corazón de su propio Hijo, introduciéndolo, junto son San José, en las tradiciones del pueblo elegido, inspirándole el amor a la ley del Señor, comunicándole la espiritualidad de los "pobres del Señor". Le ayudó a desarrollar su inteligencia y ejerció influjo en la formación de su temperamento.
.



Por tanto podemos afirmar con verdad: en el Corazón de Cristo brilla la obra admirable del Espíritu Santo; en Él se hallan también los reflejos del corazón de la Madre.



Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios



La expresión "Corazón de Jesús" nos hace pensar inmediatamente en la humanidad de Cristo, y subraya su riqueza de sentimientos:
su compasión hacia los enfermos,
su predilección por los pobres,
su misericordia hacia los pecadores,
su ternura hacia los niños,
su fortaleza en la denuncia de la hipocresía, del orgullo y de la violencia,
su mansedumbre frente a sus adversarios,
su celo por la gloria del Padre y
su júbilo por sus misteriosos y providentes planes de gracia
.



Con relación a la pasión, la expresión "Corazón de Jesús" nos hace pensar en:
la tristeza de Cristo por la traición de Judas,
el desconsuelo por la soledad,
la angustia ante la muerte,
el abandono filial y obediente en las manos del Padre.




Y nos habla sobre todo del amor que brota sin cesar de su interior: amor infinito hacia el Padre y amor sin límites hacia el hombre.



Este Corazón "está unido ―como nos recuerda la invocación―, a la Persona del Verbo de Dios". Jesús es el Verbo de Dios encarnado: en Él hay una sola Persona, la eterna del Verbo, subsistente en dos naturalezas, la divina y la humana. Jesús es uno, en la realidad, al mismo tiempo perfecto en su divinidad y perfecto en nuestra humanidad; es igual al Padre por lo que se refiere a la naturaleza divina, e igual a nosotros por lo que se refiere a su naturaleza humana; verdadero Hijo de Dios y verdadero Hijo del hombre. El Corazón de Jesús, por tanto, desde el momento de la encarnación, ha estado y estará siempre unido a la Persona del Verbo de Dios.



Por la unión del Corazón de Jesús a la Persona del Verbo de Dios podemos decir: en Jesús Dios ama humanamente, sufre humanamente, goza humanamente. Y viceversa: en Jesús el amor humano, el sufrimiento humano, la gloria humana adquieren intensidad y poder divinos.
Corazón de Jesús, de infinita majestad



Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón humano del Hijo de María.
Este Corazón es nuestra Alianza.
Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana.
Este Corazón es la maravillosa "Condescendencia" de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano
.

Corazón de Jesús, templo santo de Dios / Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo.



Corazón de un Hombre semejante a tantos, a tantos otros corazones humanos y, a la vez, Corazón de Dios-Hijo.



Por tanto, si es verdad que en cada uno de los hombres "habita" Dios, de algún modo, en su corazón, entonces en el Corazón del Hombre de Nazaret, de Jesucristo, habita Dios. Es "templo de Dios", por ser Corazón de este hombre.



Dios-Hijo está unido con el Padre, como Verbo Eterno, "Dios de Dios, Luz de Luz..., engendrado no creado". El Hijo esta unido con el Padre en el Espíritu Santo, que es el "soplo" del Padre y del Hijo y es, en la Divina Trinidad, la Persona-Amor.



El Corazón del Hombre Jesucristo es, pues, en el sentido trinitario, "templo de Dios": es el templo interior del Hijo que está unido con el Padre en el Espíritu Santo mediante la unidad de la Divinidad. ¡Qué inescrutable permanece el misterio de este Corazón, que es "templo de Dios" y "tabernáculo del Altísimo"!



3. Al mismo tiempo, es la verdadera "morada de Dios con los hombres" (Ap 21, 3), porque el Corazón de Jesús, en su templo interior, abraza a todos los hombres. Todos habitan allí, abrazados por el eterno amor. A todos pueden dirigirse —en el Corazón de Jesús— las palabras del Profeta: "Con amor eterno te amé, / por eso prolongué mi misericordia (Jer 31, 3). Domingo 9 de junio de 1985



Catecismo de la Iglesia Católica



PRIMERA PARTE - LA PROFESIÓN DE LA FE
Profesión de fe: Creo que "Jesucristo fue concebido por obra y graciadel Espíritu Santo y nació de santa María Virgen".

lunes, 5 de diciembre de 2011

Las letanías al Corazón de Jesús, según Juan Pablo II







Escribe tu resumen aquí.Escribe el resto de tu post aquí.
CHARLA: LA DEVOCION AL CORAZÓN DE JESUS - “LAS LETANÍAS AL CORAZÓN DE JESÚS”

Aula P. Juan Manuel Igartua S.J.

Curso: “El Corazón abierto de Jesús”. P. Juan Manuel Igartua S.J. (1951)

Reunión del 12 de noviembre de 2011

Lugar: Local Adoración Nocturna de Bilbao

1º.- EL CORAZÓN ABIERTO DE JESÚS

Es un libro sobre la devoción al Corazón de Jesús que escribió el P. Igartua S.J. en el año 1951, por encargo del P. Imatz S.J.. Es una especie de opúsculo escrito para fomentar en los jóvenes estudiantes la devoción al Corazón de Jesús.

Consta de prólogo, dos partes y un apéndice:
1ª El Sagrado Corazón
2ª La devoción al Sagrado Corazón
Apéndice: Promesas y Principales formas de esta devoción

Primera parte: el Sagrado Corazón de Jesús

En una serie de apartados con ejemplos y textos del Nuevo Testamento y del Magisterio de la Iglesia explica qué es el Sagrado Corazón de Jesús.

El mayor ideal

En la Misa del día del Sagrado Corazón de Jesús: «Las riquezas de Cristo están todas en su Corazón. El misterio escondido en Dios está abierto en el Corazón de Jesús.

In Hoc Signo Vinces

Para señalar la importancia, actualidad y necesidad para nuestros días cita un texto de la Encíclica Annum Sacrum de León XIII, escrita con ocasión de la consagración del mundo al Corazón de Jesús. In Hoc Signo Vinces.

11 - Cuando la Iglesia estaba oprimida con el yugo de los Césares en sus tiempos primitivos, fue manifestada una cruz en lo alto al joven emperador, que fue, por cierto, auspicio y causa de la gloriosí­sima victoria que después obtuvo. He aquí otra señal que hoy se ofrece a Nuestros ojos, excelsa y divinísima, es a saber: el Sacratísi­mo Corazón de Jesús, con la cruz por remate y resplandeciente de llamas entre esplendísimos fulgores. En El se han de cifrar, pues, todas las esperanzas; a Él se ha de rogar y de El hemos de aguardar la salvación de los hombres.

¿Qué es el Sagrado Corazón?

La mejor manera de entender lo que es, será decir sencillamente cómo tuvo comienzo esta devoción. En el Convento de la Visitación de Paray-Le Monial, en Francia, había una monjita ignorada lla­mada Sor Margarita María de Alacoque. Era humilde, paciente, callada; pero te­nía una cosa extraña que alarmaba a sus hermanas: decíase entre ellas que se le aparecía con frecuencia el Señor.

Aquel día, un día infraoctava del Santísimo Sacramento (16 de junio de 1675), transcurría... y según se hallaba en la penumbra de su capilla ante el Señor solemnemente expuesto, vio delante de sí al divino Salvador, que mostrándole su Corazón le dijo así:

«He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor; y en reconocimiento no recibo de la mayor parte sino ingratitudes por sus irreverencias y sacrilegios, y por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Pero lo que me es más sensible es que son corazones que me están con­sagrados los que me tratan así. Por esto te pido que sea dedicado el pri­mer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día, y reparando su honor por medio de un acto de des­agravios, para expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que ha estado expuesto en los altares. Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundan­cia las influencias de su divino amor sobre los que le rindan este honor; y sobre todos los que procuren que le sea tributado.»

(Gauthey, Autobiografía de Santa Margarita, II, núm. 92.)

Es Jesucristo

Es Jesucristo un Rey admirable: en su cabeza la corona de oro y pedrería de la triple tiara, premio de su antigua corona de espinas; en sus manos la Cruz. Y con suave y viril gesto de con­quista levanta su mano hacia el anhelo invisible de las llanuras. Ante vosotros el mundo: Jesucristo os invita a rega­lárselo a Él.
Con el Corazón abierto

El Sagrado Corazón no es Jesucristo simplemente: es Jesucristo con el Corazón abierto, es Jesucristo desde el punto de vista del Corazón.

Estaba el Señor en la Cruz. Aún los soldados romanos en torno vigilaban, unos sentados, otros en pie, todos aten­tos a las misteriosas circunstancias de aquel Crucificado, cuando Él se afianzó en la Cruz, levantó sus ojos al cielo, y dando un clamor inclinó la cabeza. Lle­gaba un soldado con orden de romper las piernas a los crucificados para rema­tarlos de este modo. Acercóse a Jesús, y viendo su rostro amarillo y su inmo­vilidad, interrogó a los demás con la mirada. «Ha muerto», le dijeron. Pero él, como quien quiere cerciorarse, tomó una lanza del suelo, la blandió con fuer­za, y fue a clavarla en el costado de Jesús. Tembló el cuerpo de la sacudida, y al retirar la lanza salió tras ella «san­gre y agua». Había quedado roto el Co­razón divino y su última generosidad era dar por la herida la sangre preciosa que lava y redime.

Desde aquel momento, para siempre, Jesucristo era: Jesucristo con el Cora­zón abierto.

Las cuatro insignias reales

El Sagrado Corazón es Jesucristo con el Corazón abierto. Es el Corazón ver­dadero y real, el Corazón de carne y sangre de Jesucristo lo que honramos. Pero habrás advertido que cuando se representa este Sagrado Corazón suele ponérsele algunas señales especiales. No es un Corazón sencillamente, sin más. Es un Corazón con una herida, y una corona de espinas ciñendo su vuel­ta, ardiendo en llamas, y con una cruz en medio de ellas clavada en el mismo Corazón. Éstas son las cuatro insignias del Sagrado Corazón.

Las llamas significan lo ardiente del amor con que Jesús nos ama. Y es que el amor cuando es muy intenso parece fuego. Por eso se dice que es ardiente, abrasado... El Corazón de Jesucristo es un verdadero horno encendido.
En el desierto vio Moisés una zarza que estaba ardiendo y nunca se quema­ba.
«Nuestro Dios es fuego.» Por eso se apareció en forma de fuego el Padre en la zarza ardiente: y después en Pente­costés el Espíritu Santo se apareció en lenguas de fuego; ¿qué cosa más natural que también la segunda persona, que es el Hijo, se apareciese con fuego en el Corazón? Nuestro Dios es fuego quiere decir Nuestro Dios es amor. Y por eso el Corazón de Jesús, que representa el amor, arde: arde la zarza de su corona de espinas, y nunca acaba de quemarse porque Jesús nunca deja de amar.

La cruz significa todos los sufrimien­tos que Jesús ha padecido por nosotros. Sufrimientos de la flagelación, del dolor del alma, de la tristeza... Pero sobre todo aquellas tres horas que estuvo col­gado de una verdadera cruz, con tanta sed, con tantos dolores y angustias.

Las espinas que con un doloroso abrazamiento rodean este Corazón sig­nifican cómo le duelen nuestros peca­dos. Nuestras ingratitudes le punzan, nuestros pecados le desgarran.

La herida significa que su Corazón está abierto para nosotros, y también que los hombres le han herido con su ingratitud.
«Fue abierto el Corazón, dice el Pre­facio de la misa del Sagrado Corazón, para derramar sobre nosotros torrentes de misericordia y de gracia, y para que fuese descanso de los hombres piadosos y refugio de los arrepentidos.»

El último esfuerzo

Dijo Nuestro Señor Jesucristo a San­ta Margarita María que la devoción del Sagrado Corazón era el último esfuerzo que su amor hacía para salvar al mundo de la ruina en que había caído.
Jesucristo murió por los hombres, con lo cual todos los que quisieran po­dían salvarse. Y continuamente estaba haciendo esfuerzos para que se aprove­chasen de su Sangre, derramada con tantos dolores. Se quedó en la Eucaris­tía, les enseñó a orar, sudó, trabajó, lloró: todo esto eran esfuerzos para sal­var a los hombres. Murió por ellos: era el último esfuerzo de su vida mortal. Después de su resurrección fundó la Iglesia, subió a los cielos, inspiró a los Evangelistas que escribiesen los Evan­gelios: eran nuevos esfuerzos para sal­varlos, para que se aprovechasen de su muerte. Pero nada bastaba. Y entonces hizo el último esfuerzo, les enseñó su mismo Corazón herido

Como una Redención amorosa

Dijo el Señor a Santa Margarita, la Evangelista de su Corazón, que esta de­voción era como una Redención amoro­sa para arruinar el imperio de Satanás sobre el mundo.

Redención no hay más que una: la que Jesucristo efectuó en la Cruz, borrando nuestros pecados. Pero esa Redención para estar completa necesita ver el fruto logrado en las al­mas de los redimidos

Segunda Parte: la devoción del sagrado corazón

Qué es tener devoción al Sagrado Corazón

Tener devoción al Sagrado Cora­zón es:

I.—Amar al Sagrado Corazón con todas nuestras fuerzas.
II.—Reparar las ofensas que le ha­cemos, y las que los demás hom­bres le hacen.

Esto es lo principal, pero también, y como consecuencia, es:

III.—Consolar al Señor en sus tris­tezas.
IV.—Confiar en Él, pese a todos los pesares.
V.—Imitarle en todas sus virtudes.
VI.—Hacer apostolado, propagando su devoción.
VII.—Practicar las devociones relati­vas a su Sagrado Corazón, dán­dole culto.

Y como resumen de todo, es:

VIII.—Consagrarse al Sagrado Corazón.

Apéndice

Promesas
Principales formas de esta devoción
:

a) las letanías del Corazón de Jesús

b) Ofrecimiento de obras diario del Apostolado de la Oración

c) Acto de Reparación prescrito por Pío XI

d) Fórmulas de consagración personal


Algunos textos del Magisterio de la Iglesia sobre la devoción al Corazón de Jesús

Annum Sacrum

2- La aprobadísima devoción acerca del Sacratísimo Corazón de Jesús, hemos procurado defenderla y colocarla en grande esplendor más de una vez, a ejemplo de Nuestros Antecesores Inocencio XII, Benedicto XIII, Clemente XIII, Pío VI, VII y IX, y esto hicimos con mayor intensidad en decreto dado el 28 de Junio de 1879 cuando elevamos a rito de primera clase la festividad de tal título y advoca­ción.
No obstante, no es ella nueva ni se emplea ahora por vez primera, puesto que hace veinticinco años, con ocasión del solemne centena­rio del celestial mandato confiado a la Beata Margarita María de Alacoque, de propagar la devoción del Sagrado Corazón


Miserentíssimus Redemptor

2. Entre todos los testimonios de la infinita benignidad de nuestro Redentor resplandece singularmente el hecho de que, cuando la caridad de los fieles se entibiaba, la caridad de Dios se presentaba para ser honrada con culto especial, y los tesoros de su bondad se descubrieron por aquella forma de devoción con que damos culto al Corazón Sacratísimo de Jesús, «en quien están escondidos todos los tesoros de su sabiduría y de su ciencia» (4).
Pues, así como en otro tiempo quiso Dios que a los ojos del humano linaje que salía del arca de Noé resplandeciera como signo de pacto de amistad «el arco que aparece en las nubes» (5), así en los turbulentísimos tiempos de la moderna edad, serpeando la herejía jansenista, la más astuta de todas, enemiga del amor de Dios y de la piedad, que predicaba que no tanto ha de amarse a Dios como padre cuanto temérsele como implacable juez, el benignísimo Jesús mostró su corazón como bandera de paz y caridad desplegada sobre las gentes, asegurando cierta la victoria en el combate.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

3. Y con razón, venerables hermanos; pues en este faustísimo signo y en esta forma de devoción consiguiente, ¿no es verdad que se contiene la suma de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, como que más expeditamente conduce los ánimos a conocer íntimamente a Cristo Señor Nuestro, y los impulsa a amarlo más vehementemente, y a imitarlo con más eficacia? Nadie extrañe, pues, que nuestros predecesores incesantemente vindicaran esta probadísima devoción de las recriminaciones de los calumniadores y que la ensalzaran con sumos elogios y solícitamente la fomentaran, conforme a las circunstancias.

Haurietis Aquas
Pero entre todos los promotores de esta excelsa devoción merece un puesto especial Santa Margarita María Alacoque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual —el beato Claudio de la Colombiere—, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita la admiración de los fieles cristianos, y que, por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la piedad cristiana.

2º.- LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS EN EL PONTIFICADO DE JUAN PABLO II

El Papa Juan Pablo II a lo largo de su pontificado hizo un esfuerzo por difundir en la Iglesia la devoción al Corazón de Jesús, desde sus fundamentos bíblicos, patrísticos y magisteriales, pero también siguiendo las revelaciones a santa Margarita María de Alacoque en Paray le Monial en el siglo XVII, tal y como la misionera del Corazón de Jesús, con la ayuda de san Claudio de la Colombière, difundió en la Iglesia y fuera de ella con la ayuda de quienes eligió el mismo Corazón de Jesús.

Se puede decir que transmitir a toda la Igle­sia la devoción al Corazón de Jesús, junto con la devoción al Corazón Inmaculado de María, ha cons­tituido una preocupación fundamental en su magiste­rio y su acción pastoral en su pontificado, también el haber dejado constancia de que la Eucaristía y la Inmaculada Concepción son las dos columnas en las que se salva del naufragio la Iglesia Católica.
El Papa fue elegido el 16 de octubre de 1978 (festividad de Santa Margarita María de Alacoque) y podemos señalar cronológicamente los siguientes actos magisteriales relacionados con la Devoción al Corazón de Jesús:

1979. Encíclica Redemptor hominis del 4 de marzo; Alocución del 22 de junio: «Aprendamos a conocer el misterio del Corazón de Cristo». El ángelus tras la fiesta del Sagrado Corazón: «la fiesta del Sagrado Corazón, actualidad siempre viva».

1980. Encíclica Dives in misericordia 30 de noviembre. El Papa en Montmartre (1 de junio): «El amor del Corazón de Jesús envuelve al mundo entero».

1982. Consagración del mundo al Corazón Inma­culado de María en Fátima (13 de mayo) - Medita­ciones de las letanías al Corazón de Jesús en los án­gelus dominicales (mes de junio).

1984. Consagración del mundo al Corazón Inma­culado de María en Roma (25 de marzo) - Solemne acto en colegialidad con los obispos de todo el mun­do - Homilía en Misa celebrada en el policlínico Gemelli de Roma (28 de junio): «el misterio del Corazón de Cristo». Medita­ciones de las letanías al Corazón de Jesús en los án­gelus dominicales (mes de junio).

1985. Alocución a los directores nacionales del Apostolado de la Oración (13 de abril) - «El Apos­tolado de la Oración tesoro del Corazón de Cristo, tesoro del corazón del Papa» - Durante los meses de junio, julio y agosto - Meditaciones de las leta­nías al Corazón de Jesús en los ángelus dominicales.

1986. Visita a Paray-le-Monial - Homilía a los peregrinos; carta al prepósito general de los jesuitas en la capilla del entonces beato Claudio la Colombière y alocución a las religiosas visitandinas del monasterio de la Visitación, donde tuvieron lugar las apariciones del Corazón de Jesús.

1992. Canonización del beato Claudio la Colombière (31 de mayo)

1997. Proclamación de santa Teresa de Lisieux como doctora de la Iglesia universal (19 de octubre)

1999. Conmemoración del centenario de la Con­sagración del mundo al Corazón de Jesús realizada por León XIII (Mensaje desde Polonia el 11 de junio y carta con motivo de la peregrinación a Paray).

2000. Canonización de la beata Faustina Kowalska e institución de la fiesta de la Misericor­dia divina (30 de abril).

2002. Consagración del mundo a la Misericordia divina en Polonia (17 de agosto)..