Carta de Benedicto XVI al Prepósito General de la Compañía de Jesús – Rvdmo P. PETER-HANS KOLVENBACH – 50° ANIVERSARIO DE LA ENCÍCLICA HAURIETIS AQUAS 15 Mayo 2006
La encíclica Haurietis aquas, al promover el culto al Corazón de Jesús, exhortaba a los creyentes a abrirse al misterio de Dios y de su amor, dejándose transformar por él. Cincuenta años después, sigue siendo siempre actual la tarea de los cristianos de continuar profundizando en su relación con el Corazón de Jesús para reavivar en sí mismos la fe en el amor salvífico de Dios, acogiéndolo cada vez mejor en su vida.
El costado traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la encíclica Haurietis aquas: debemos recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor.
Por lo demás, este misterio del amor que Dios nos tiene no sólo constituye el contenido del culto y de la devoción al Corazón de Jesús: es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Por tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el cristianismo. En efecto, sólo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la cruz de nuestro Redentor, "al que traspasaron" (Jn 19, 37; cf. Zc 12, 10). La encíclica Haurietis aquas recuerda, con razón, que la herida del costado y las de los clavos han sido para innumerables almas los signos de un amor que ha transformado cada vez más eficazmente su vida (cf. n. 52).
Dios, que ha derramado su amor "en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (cf. Rm 5, 5), nos invita incesantemente a acoger su amor. Por consiguiente, la invitación a entregarse totalmente al amor salvífico de Cristo (cf. Haurietis aquas, 4) tiene como primera finalidad la relación con Dios. Por eso, este culto, totalmente orientado al amor de Dios que se sacrifica por nosotros, reviste una importancia insustituible para nuestra fe y para nuestra vida en el amor.
La mirada dirigida al Señor, que "tomó sobre sí nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8, 17), nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las necesidades de los demás. La contemplación, en la adoración, del costado traspasado por la lanza nos hace sensibles a la voluntad salvífica de Dios.
La respuesta al mandamiento del amor sólo se hace posible experimentando que este amor ya nos ha sido dado antes por Dios (cf. Deus caritas est, 14). Por tanto, el culto del amor que se hace visible en el misterio de la cruz, actualizado en toda celebración eucarística, constituye el fundamento para que podamos convertirnos en personas capaces de amar y entregarse (cf. Haurietis aquas, 69), siendo instrumentos en las manos de Cristo: sólo así se puede ser heraldos creíbles de su amor.
Así pues, la contemplación del "costado traspasado por la lanza", en el que resplandece la ilimitada voluntad salvífica por parte de Dios, no puede considerarse como una forma pasajera de culto o de devoción: la adoración del amor de Dios, que ha encontrado en el símbolo del "corazón traspasado" su expresión histórico-devocional, sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios (cf. Haurietis aquas, 62).
HAURIETIS AQUAS - PIO XII - 15 de mayo de 1956
Introducción
Haurietis Aquas constituye la teología y el apoyo oficial de la Iglesia al culto del Sagrado Corazón de Jesús.
El Papa vibra con los latidos del Corazón de Jesús, en los que se manifiesta su «triple amor»: amor divino, humano espiritual y humano sensible (14-18). Afirma la gozosa necesidad de darle culto, pues ese Corazón sagrado, «al ser tan íntimo participante de la vida del Verbo Encarnado... es el símbolo legítimo de aquella inmensa caridad que movió a nuestro Salvador» a dar su sangre por nosotros (21). Nosotros hemos de adorar el Corazón de Jesús, porque es «el símbolo natural, el más expresivo, de aquel amor inagotable que nuestro Divino Redentor siente aun hoy hacia el género humano» (24). Queda claro, por todo ello, que necesariamente el culto al Corazón de Cristo «termina en la persona misma del Verbo Encarnado» (28).
Pío XII escribe aquí páginas muy bellas en la contemplación del amor de Jesucristo, manifestado en los diversos misterios de su vida terrena pasada y de su vida actualmente celestial: en él se nos revela el amor que nos tiene la Santísima Trinidad (17-24). Estas son, quizá, las páginas de la encíclica de más alto vuelo contemplativo.
Apoyándose en las consideraciones expuestas, el Papa define con toda precisión teológica el sentido exacto del culto al Corazón de Cristo, que «se identifica sustancialmente con el culto al amor divino y humano del Verbo Encarnado, y también con el culto al amor mismo con que el Padre y el Espíritu Santo aman a los hombres pecadores» (25).
Por eso mismo, «el culto al Sagrado Corazón se considera, en la práctica, como la más completa profesión de la religión cristiana» (29), y ha de considerarse «la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como escuela eficacísima de la caridad divina» (36).
Notemos, por último, que esta encíclica vincula profundamente el culto al Corazón de Jesús y el culto a la Eucaristía (20 y 35), aspecto en el que también Pablo VI insistirá en su carta apostólica Investigabiles divitias .
SUMARIO
Introducción: el culto al Corazón de Jesús, 1-2.
I. Fundamentación teológica. Dificultades y objeciones, 3. Doctrina de los papas, 4. Fundamentación del culto, 5. Culto de latría, 6. Antiguo Testamento, 7-8.
II. Nuevo Testamento y Tradición, 9-10. Amor divino y humano, 11-12. Santos Padres, 13. Corazón físico, 14. Símbolo del triple amor de Cristo, 15-16.
III. Contemplación del amor del Corazón de Jesús, 17-19; Eucaristía, María, Cruz, 20; Iglesia, sacramentos, 21; Ascensión, 22; Pentecostés, 23. Sagrado Corazón, símbolo del amor de Cristo, 24.
IV. Historia del culto al Corazón de Jesús, 25. Santos, Sta. Margarita María, 26. 1765, Clemente XIII, y 1856, Pío IX, 27. Culto al Corazón de Jesús, culto en espíritu y en verdad, 28. La más completa profesión de la religión cristiana, 29.
V. Sumo aprecio por el culto al Corazón de Jesús, 30-31. Difusión de este culto, 32. Penas actuales de la Iglesia, 33-34. Un culto providencial, 35. Final, 36-37.
TEXTO COMPLETO DE LA CARTA DE BENEDICTO XVI Y RESUMEN HAURIETIS AQUAS
CARTA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI AL PREPÓSITO GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS CON MOTIVO DEL 50° ANIVERSARIO DE LA ENCÍCLICA HAURIETIS AQUAS 15 Mayo 2006
Al reverendísimo padre PETER-HANS KOLVENBACH - Prepósito general de la Compañía de Jesús
Las palabras del profeta Isaías, "sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación" (Is 12, 3), con las que comienza la encíclica con la que Pío XII recordaba el primer centenario de la extensión a toda la Iglesia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, no han perdido nada de su significado hoy, cincuenta años después. La encíclica Haurietis aquas, al promover el culto al Corazón de Jesús, exhortaba a los creyentes a abrirse al misterio de Dios y de su amor, dejándose transformar por él. Cincuenta años después, sigue siendo siempre actual la tarea de los cristianos de continuar profundizando en su relación con el Corazón de Jesús para reavivar en sí mismos la fe en el amor salvífico de Dios, acogiéndolo cada vez mejor en su vida.
El costado traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la encíclica Haurietis aquas: debemos recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. Así podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en él, hasta vivir completamente de la experiencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás.
En efecto, como escribió mi venerado predecesor Juan Pablo II, "junto al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así -y esta es la verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador- sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá construir la civilización del Corazón de Cristo" (Carta de Juan Pablo II al prepósito general de la Compañía de Jesús, 5 de octubre de 1986: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 19 de octubre de 1986, p. 4).
En la encíclica Deus caritas est cité la afirmación de la primera carta de san Juan: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él", para subrayar que en el origen del ser cristianos está el encuentro con una Persona (cf. n. 1). Dado que Dios se manifestó del modo más profundo a través de la encarnación de su Hijo, haciéndose "visible" en él, es en la relación con Cristo donde podemos reconocer quién es verdaderamente Dios (cf. Haurietis aquas, 29-41; Deus caritas est, 12-15). Más aún, dado que el amor de Dios encontró su expresión más profunda en la entrega que Cristo hizo de su vida por nosotros en la cruz, es sobre todo al contemplar su sufrimiento y su muerte como podemos reconocer de manera cada vez más clara el amor sin límites que Dios nos tiene: "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16).
Por lo demás, este misterio del amor que Dios nos tiene no sólo constituye el contenido del culto y de la devoción al Corazón de Jesús: es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Por tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el cristianismo. En efecto, sólo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la cruz de nuestro Redentor, "al que traspasaron" (Jn 19, 37; cf. Zc 12, 10). La encíclica Haurietis aquas recuerda, con razón, que la herida del costado y las de los clavos han sido para innumerables almas los signos de un amor que ha transformado cada vez más eficazmente su vida (cf. n. 52). Reconocer el amor de Dios en el Crucificado se ha convertido para ellas en una experiencia interior que les ha llevado a confesar, como santo Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20, 28), permitiéndoles alcanzar una fe más profunda acogiendo sin reservas el amor de Dios (cf. Haurietis aquas, 49).
El significado más profundo de este culto al amor de Dios sólo se manifiesta cuando se considera más atentamente su contribución no sólo al conocimiento sino también, y sobre todo, a la experiencia personal de ese amor en la entrega confiada a su servicio (cf. ib., 62). Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse: están íntimamente relacionados. Por lo demás, conviene destacar que un auténtico conocimiento del amor de Dios sólo es posible en el contexto de una actitud de oración humilde y de generosa disponibilidad. Partiendo de esta actitud interior, la mirada puesta en el costado traspasado por la lanza se transforma en silenciosa adoración. La mirada puesta en el costado traspasado del Señor, del que brotan "sangre y agua" (cf. Jn 19, 34), nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de allí proceden (cf. Haurietis aquas, 34-41) y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús.
La fe, entendida como fruto de la experiencia del amor de Dios, es una gracia, un don de Dios. Pero el hombre sólo podrá experimentar la fe como una gracia en la medida en la que la acepta dentro de sí como un don, del que trata de vivir. El culto del amor de Dios, al que la encíclica Haurietis aquas (cf. n. 72) invitaba a los fieles, debe ayudarnos a recordar incesantemente que él cargó con este sufrimiento voluntariamente "por nosotros", "por mí". Cuando practicamos este culto, no sólo reconocemos con gratitud el amor de Dios, sino que seguimos abriéndonos a este amor de manera que nuestra vida quede cada vez más modelada por él.
Dios, que ha derramado su amor "en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (cf. Rm 5, 5), nos invita incesantemente a acoger su amor. Por consiguiente, la invitación a entregarse totalmente al amor salvífico de Cristo (cf. Haurietis aquas, 4) tiene como primera finalidad la relación con Dios. Por eso, este culto, totalmente orientado al amor de Dios que se sacrifica por nosotros, reviste una importancia insustituible para nuestra fe y para nuestra vida en el amor.
Quien acepta el amor de Dios interiormente queda modelado por él. El hombre vive la experiencia del amor de Dios como una "llamada" a la que tiene que responder. La mirada dirigida al Señor, que "tomó sobre sí nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8, 17), nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las necesidades de los demás. La contemplación, en la adoración, del costado traspasado por la lanza nos hace sensibles a la voluntad salvífica de Dios. Nos hace capaces de abandonarnos a su amor salvífico y misericordioso, y al mismo tiempo nos fortalece en el deseo de participar en su obra de salvación, convirtiéndonos en sus instrumentos.
Los dones recibidos del costado abierto, del que brotaron "sangre y agua" (cf. Jn 19, 34), hacen que nuestra vida se convierta también para los demás en fuente de la que brotan "ríos de agua viva" (Jn 7, 38) (cf. Deus caritas est, 7). La experiencia del amor vivida mediante el culto del costado traspasado del Redentor nos protege del peligro de encerrarnos en nosotros mismos y nos hace más disponibles a una vida para los demás. "En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos" (1 Jn 3, 16) (cf. Haurietis aquas, 38).
La respuesta al mandamiento del amor sólo se hace posible experimentando que este amor ya nos ha sido dado antes por Dios (cf. Deus caritas est, 14). Por tanto, el culto del amor que se hace visible en el misterio de la cruz, actualizado en toda celebración eucarística, constituye el fundamento para que podamos convertirnos en personas capaces de amar y entregarse (cf. Haurietis aquas, 69), siendo instrumentos en las manos de Cristo: sólo así se puede ser heraldos creíbles de su amor.
Sin embargo, esta disponibilidad a la voluntad de Dios debe renovarse en todo momento: "El amor nunca se da por "concluido" y completado" (cf. Deus caritas est, 17). Así pues, la contemplación del "costado traspasado por la lanza", en el que resplandece la ilimitada voluntad salvífica por parte de Dios, no puede considerarse como una forma pasajera de culto o de devoción: la adoración del amor de Dios, que ha encontrado en el símbolo del "corazón traspasado" su expresión histórico-devocional, sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios (cf. Haurietis aquas, 62). Con el deseo de que el 50° aniversario contribuya a impulsar en muchos corazones una respuesta cada vez más fervorosa al amor del Corazón de Cristo, le imparto una especial bendición apostólica a usted, reverendísimo padre, y a todos los religiosos de la Compañía de Jesús, siempre muy activos en la promoción de esta devoción fundamental.
HAURIETIS AQUAS - PIO XII - 15 de mayo de 1956
I INTRODUCCIÓN
1. El culto al Corazón de Jesús. Innumerables son, en efecto, las riquezas celestiales que el culto tributado al Sagrado Corazón de Jesús infunde en las almas: las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas 2. La caridad divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo. El estrecho vínculo que, según la Sagrada Escritura, existe entre el Espíritu Santo, que es Amor por esencia, y la caridad divina que debe encenderse cada vez más en el alma de los fieles, nos revela a todos en modo admirable, venerables hermanos, la íntima naturaleza del culto que se ha de atribuir al Sacratísimo Corazón de Jesucristo. El culto al Corazón de Jesús es el acto de religión por excelencia, es una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagramos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más viviente es su Corazón traspasado. E igualmente claro es, y en un sentido aún más profundo, que este culto exige ante todo que nuestro amor corresponda al Amor divino
II FUNDAMENTACIÓN TEOLOGICA
Esta situación exige una intervención especial del Magisterio de la Iglesia 3. Dificultades y objeciones. Situación actual de la devoción al Corazón de Jesús. Críticas: Acusaciones de naturalismo y de sentimentalismo. Algo superfluo que se puede practicar o no, según agrade; culto oneroso y de poca o ninguna utilidad a los que militan en el Reino de Dios en la defensa y propaganda de la verdad católica, a la difusión de la doctrina social católica. Devoción saturada de sentimientos que no es medio poderoso de renovar y reforzar las costumbres cristianas, tanto en la vida individual como en la familiar; devoción más propia de la sensibilidad de las mujeres piadosas que de la seriedad de los espíritus cultivados. Otros, no la creen a propósito para reanimar la espiritualidad moderna dentro de una sociedad plenamente dominada por el indiferentismo religioso que niega toda norma para distinguir lo verdadero de lo falso, y que, además, se halla penetrada, en el pensar y en el obrar, por los principios del materialismo ateo y del laicismo 4. Doctrina de los papas. León XIII, llamó práctica religiosa dignísima de todo encomio, y en la que vio un poderoso remedio para los mismos males que en nuestros días. Pío XI, están contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la religión y aun la norma de vida más Perfecta, Puesto que constituye el medio más suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarte con mayor fidelidad y eficacia? Comentario del artículo de Petit: “Las apariciones a santa Margarita y el Magisterio de la Iglesia” La carta apostólica Inde a Primis de 30 de junio de 1960, y como de pasada, escribía el papa beato Juan XXIII este juicio: «... el cul¬to al Sacratísimo Corazón de Jesús, a cuya plena y perfecta constitución y a cuya difusión por todo el mundo en tanto grado contribuyeron las cosas que Cristo el Señor, mostrando su sacrosanto Corazón, manifestó a santa Margarita María de Alacoque...». Y añadía: «...y con tan singular honor apoyaron los romanos pontífices, con admirable unanimidad esta forma de culto religioso, que no sólo pusieron en claro su virtud y fuerza, sino que también declara¬ron su legitimidad y promovieron su uso». Es asombroso el grado de aceptación de esta de¬voción por parte de los papas hasta el punto de dedi¬carle monográficamente tres grandes encíclicas, la mencionada Annum sacrum de León XIII (1899), la Misserentissimus Redemptor de Pío XI (1928) y la Aurietis aquas de Pío XII (1956). La primera de es¬tas encíclicas cita a la santa en una ocasión; la se¬gunda en cuatro y la tercera en cinco. Siempre se refieren a las apariciones con palabras de objetiva manifestación de Jesús y nunca como meras «expe¬riencias místicas» de la monja salesa. Este tan alto grado de aceptación, objetivación y recomendación no tiene parangón con ninguna otra revelación acep¬tada por la Iglesia. En realidad no tiene parangón ni siquiera con las apariciones -tan aprobadas- de la Santísima Virgen en Lourdes o Fátima. Con posterioridad al beato Juan XXIII cuya carta apostólica ha sido citada como intinerario de esta reflexión, es de destacar la tam¬bién Carta Apostólica de Pablo VI Investigabilis divitias (1965) al cumplirse los doscientos años de la concesión por la Sede Apostólica, por el papa Cle¬mente XIII, de la primera fiesta litúrgica en honor del Sagrado Corazón, sin dejar de considerar tam¬bién -entre otros documentos— la carta Diserti in¬terpretes del mismo año donde leemos: «deseamos que este culto resurja más cada día y sea estimado por todos como la excelente y auténtica espirituali¬dad actual».3 Y por parte del llorado gran papa Juan Pablo II, no han faltado múltiples enseñanzas de su magisterio que es más disperso pero muy constante en la recomendación de esta insustituible devoción4 «recibida por santa Margarita María»5 de la que dijo, poniendo, en relación esta forma privilegiada de devoción y la tarea de la Iglesia, estas palabras: «Para la evangelización de hoy es necesario que el Cora¬zón de Cristo sea reconocido como el corazón de la Iglesia» 5. Fundamentación del culto. Exhortar a una más atenta consideración de los principios doctrinales sobre los que se apoya la devoción al Corazón de Jesús. Queremos por medio de esta encíclica exhortaros a vosotros y a todos los amadísimos hijos de la Iglesia a una más atenta consideración de los principios doctrinales -contenidos en la Sagrada Escritura, en los Santos Padres y en los teólogos- sobre los cuales, como sobre sólidos fundamentos, se apoya el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús Encontraremos muy digno de celebrar el primer centenario de la extensión de la fiesta del Sacratísimo Corazón a la Iglesia universal.
III LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS EN LA ESCRITURA Y SANTOS PADRES
6. Culto de latría. La Iglesia tributa al Corazón del Divino Redentor el culto de latría por dos motivos: Primero. Su Corazón está unido hipostáticamente a la Persona del Verbo de Dios, y se le ha de tributar el mismo culto de adoración con que la Iglesia honra a la Persona del mismo Hijo de Dios encarnado. Es una verdad de la fe católica, solemnemente definida en el Concilio ecuménico de Efeso y en el II de Constantinopla. Segundo. Su Corazón, más que ningún otro miembro de su Cuerpo, es un signo o símbolo natural de su inmensa caridad hacia el género humano. Es innata al Sagrado Corazón, observaba León XIII, de f. m., la cualidad de ser símbolo e imagen expresiva de la infinita caridad de Jesucristo, que nos incita a devolverle amor por amor.
7. ANTIGUO TESTAMENTO
Aunque en los Libros Sagrados nunca se hace mención cierta de un culto de especial veneración y amor tributado al Corazón físico del Verbo encarnado por su prerrogativa de símbolo de su encendidísima caridad, sin embargo el amor de Dios a nosotros -razón principal de este culto- es proclamado e inculcado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento con imágenes con que vivamente se conmueven los corazones La Alianza establecida entre Dios y el pueblo elegido. Moisés y los profetas, comprendiendo bien que el fundamento de toda la ley se basaba en este mandamiento del amor, describieron las relaciones todas existentes entre Dios y su nación recurriendo a semejanzas sacadas del amor recíproco entre padre e hijo, o entre los esposos. Oseas expresa el amor constante de Dios hacia su pueblo. El profeta Isaías, cuando presenta a Dios mismo y a su pueblo escogido como dialogando y discutiendo entre sí con opuestos sentimientos. Jeremías: Te he amado con un amor eterno, por eso te he atraído a mí lleno de misericordia... He aquí que vienen días, afirma el Señor, en que pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva; ... éste será el pacto que yo concertaré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón; yo les seré su Dios, y ellos serán mi pueblo ... ; porque les perdonaré su culpa y no me acordaré ya de su pecado
9. NUEVO TESTAMENTO Y TRADICIÓN (La Nueva Alianza más noble y fundada en la amistad).
La Alianza cristiana, más aún que la antigua, se manifiesta claramente como un pacto fundado no en la servidumbre o en el temor, sino en la amistad que debe reinar en las relaciones entre padres e hijos. 10. El misterio de la Redención divina es misterio de amor: amor justo y misericordioso. Misterio de amor justo de Cristo a su Padre celestial, a quien el sacrificio de la cruz, ofrecido con amor y obediencia, presenta una satisfacción sobreabundante e infinita por los pecados del género humano. Misterio de amor misericordioso de la augusta Trinidad y del Divino Redentor hacia la humanidad entera. Cristo pudo restablecer y perfeccionar aquel pacto de amistad entre Dios y los hombres, violado por vez primera en el paraíso terrenal por culpa de Adán y luego innumerables veces por las infidelidades del pueblo escogido El Divino Redentor ha sido el autor de aquella maravillosa reconciliación entre la divina justicia y la divina misericordia, que constituye esencialmente el misterio trascendente de nuestra salvación 11. Amor divino y humano (El Verbo ha unido a su Persona una naturaleza individual íntegra y perfecta). El amor del Verbo Encarnado a su celestial Padre y hacia los hombres manchados con tantas culpas no fue únicamente espiritual. Es indudable que de índole puramente espiritual fue el amor de Dios a nuestros primeros padres y al pueblo hebreo. El amor que brota del Nuevo Testamento, al describir el amor del Corazón mismo de Jesús, comprende no sólo la caridad divina, sino también los sentimientos de un afecto humano. Nada faltó a la naturaleza humana que se unió el Verbo de Dios. El la asumió plena e íntegra tanto en los elementos constitutivos espirituales como en los corporale: dotada de inteligencia y de voluntad y todas las demás facultades cognoscitivas, internas y externas; dotada asimismo de las potencias afectivas sensibles y de todas las pasiones naturales. 12. Jesús poseía un corazón físico unido al Verbo El Corazón de Cristo, unido hipostáticamente a la Persona divina del Verbo, palpitó de amor y de todo otro afecto sensible; mas estos sentimientos estaban tan conformes y tan en armonía con su voluntad de hombre esencialmente plena de caridad divina, y con el mismo amor divino que el Hijo tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo, que entre estos tres amores jamás hubo falta de acuerdo y armonía. El hecho de que el Verbo de Dios tomara una verdadera y perfecta naturaleza humana, si no se piensa y se considera no sólo bajo la luz que emana de la unión hipostática y sustancial, sino también bajo la que procede de la Redención del hombre, podría parecer a algunos escándalo y necedad, como de hecho pareció a los judíos y gentiles Cristo crucificado 13. Santos Padres Testigos de la doctrina revelada, entendieron lo que el apóstol San Pablo había significado, que el misterio del amor divino es como el principio y el coronamiento de la obra de la Encarnación y Redención. San Justino: Amamos y adoramos al Verbo nacido de Dios inefable y que no tiene principio: El, en verdad, se hizo hombre por nosotros para que, al hacerse partícipe de nuestras dolencias, nos procurase su remedio. San Basilio afirma que los afectos sensibles de Cristo fueron verdaderos y al mismo tiempo santos. San Juan Crisóstomo confiesa que las emociones sensibles de que el Señor dio muestra prueban irrecusablemente que poseyó la naturaleza humana en toda su integridad. San Ambrosio afirma que la unión hipostática es el origen natural de los afectos y sentimientos que el Verbo de Dios encarnado experimentó. San Jerónimo: el principal argumento para probar que Cristo tomó realmente la naturaleza humana es que se entristeció. San Agustín nota la íntima unión existente entre los sentimientos del Verbo encarnado y la finalidad de la Redención humana. San Juan Damasceno: En verdad que todo Dios ha tomado todo lo que en mí es hombre, y todo se ha unido a todo para procurar la salvación de todo el hombre. De otra manera no hubiera podido sanar lo que no asumió. 14. Conclusiones: el Corazón físico símbolo del triple Amor El corazón del Verbo Encarnado es considerado como signo y principal símbolo del triple amor con que el divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres. Es símbolo del divino amor que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo. Es símbolo de la caridad que, infundida en su alma, constituye su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa. Es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos. Podemos contemplar y venerar en el Corazón del Divino Redentor la imagen elocuente de su caridad y la prueba de haberse ya cumplido nuestra Redención. En las palabras, en los actos, en la enseñanza, en los milagros y especialmente en las obras- como la institución de la divina Eucaristía, su pasión y muerte, la donación de su Santísima Madre, la fundación de la Iglesia y la misión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y sobre nosotros- hemos de admirar otras tantas pruebas de su triple amor, y meditar los latidos de su Corazón.
IV CONTEMPLACIÓN DEL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS
17. Participación del Corazón de Jesús en su vida afectiva divina y humana en su vida mortal. Parémonos a meditar y contemplar brevemente la íntima participación que el Corazón de nuestro Salvador Jesucristo tuvo en su vida afectiva divina y humana, durante el curso de su vida mortal 18. El Corazón de Jesús late con amor divino y humano desde el Fiat de la Virgen En Nazaret; en su continuo peregrinar, al realizar milagros, resucitar muertos y cuando sufría trabajos, soportaba el sudor, hambre y sed; El Corazón latía cuando de su boca salían palabras inspiradas en amor ardentísimo. 19. Su Corazón se conmovió de amor y de temor ante la natural repugnancia a los dolores y la muerte. Cuando le entregó el traidor. Ante las piadosas mujeres. Finalmente, colgado ya en la cruz el Divino Redentor, es cuando siente cómo su Corazón se trueca en impetuoso torrente 20. Eucaristía, María, Cruz La EUCARISTÍA, como sacramento por el que El se da a los hombres y como sacrificio en el que El mismo continuamente se inmola desde el nacimiento del sol hasta su ocaso)», el SACERDOCIO y la SANTÍSIMA VIRGEN son dones del Sacratísimo Corazón de Jesús. Al don incruento de Sí mismo bajo las especies del pan y del vino quiso Jesucristo nuestro Salvador unir, como supremo testimonio de su amor infinito, el sacrificio cruento de la Cruz. Cierto es que nuestro Divino Redentor fue crucificado más por la interior vehemencia de su amor que por la violencia exterior de sus verdugos: su sacrificio voluntario es el don supremo que su Corazón hizo a cada uno de los hombres, según la concisa expresión del Apóstol: Me amó y se entregó a sí mismo por mí 21. Iglesia, sacramentos. Del Corazón traspasado del Redentor nació la Iglesia, verdadera dispensadora de la sangre de la Redención. Del Corazón fluyen la gracia de los sacramentos que comunican la vida sobrenatural 22. Ascensión. En la gloria lleva las heridas, los trofeos de su triple victoria: sobre el demonio, sobre el pecado y sobre la muerta 23. Pentecostés. La misión del E.S. a los discípulos es la primera señal del amor del Salvador. Es enviado para infundir en el alma la caridad y demás carismas. Esta divina caridad, don preciosísimo del Corazón de Cristo y de su Espíritu, es la que dio a los Apóstoles y a los Mártires la fortaleza para predicar la verdad evangélica y testimoniarla hasta con su sangre; a los Doctores de la Iglesia, aquel ardiente celo por ilustrar y defender la fe católica; a los Confesores, para practicar las más selectas virtudes y realizar las empresas más útiles y admirables, provechosas a la propia santificación y a la salud eterna y temporal de los prójimos; a las Vírgenes, finalmente, para renunciar espontánea y alegremente a los goces de los sentidos, con tal de consagrarse por completo al amor del celestial EsposoFortaleza, Inteligencia, etc 24. Sagrado Corazón, símbolo del amor de Cristo. El Corazón del Salvador en cierto modo refleja la Persona del Verbo y es imagen también de sus dos naturalezas, la humana y la divina; y podemos considerar no sólo el símbolo, sino también la síntesis de todo el misterio de la Redención. Cuando adoramos el Corazón de Jesucristo, en él y por él adoramos así el amor increado del Verbo divino como su amor humano.
V. HISTORIA DEL CULTO AL CORAZÓN DE JESÚS
25. Objeto de la Encíclica poner a consideración la naturaleza íntima del Culto al Corazón de Jesús y las perennes gracias que de Él derivan. El culto al amor de Dios y de Jesucristo hacia el género humano ha existido desde siempre. Las palabras del Apóstol Tomás, una clara profesión de fe, de adoración y de amor que de la humanidad llagada del Salvador se eleva hasta la Persona Divina Mas si el CORAZÓN traspasado del Redentor siempre ha llevado a los hombres a venerar su infinito amor por el género humano, obligado es, sin embargo, reconocer que tan sólo poco a poco y progresivamente llegó ese CORAZÓN a constituir objeto directo de un culto especial, como imagen del amor humano y divino del Verbo Encarnado. 26. Santos, Santa Margarita María. Se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más este culto al CORAZÓN Sacratísimo de Jesús: San Buenaventura, San Alberto Magno, Santa Gertrudis, Santa Catalina de Siena, el Beato Enrique Suso, San Pedro Canisio y San Francisco de Sales. San Juan Eudes es el autor del primer oficio litúrgico en honor del Sagrado CORAZÓN de Jesús Entre todos los promotores de esta excelsa devoción merece un puesto especial Santa Margarita María de Alacoque con la ayuda de San Claudio, consiguió que este culto haya alcanzado el desarrollo que hoy suscita admiración de los fieles cristianos y que por sus características de amor y reparación se distingue de todas las demás formas de piedad cristiana. Las revelaciones de que fue favorecida Santa Margarita María no añadieron ninguna verdad a la doctrina católica. Su importancia consiste en que al mostrar el Señor su Corazón Sacratísimo de modo extraordinario y singular quiso atraer la consideración de los hombres a la contemplación y a la veneración del amor misericordioso de Dios al género humano 27. 1765, Clemente XIII, y 1856, Pío IX la Sagrada Congregación de Ritos, por decreto del 25 de enero de 1765, aprobado por nuestro predecesor Clemente XIII el 6 de febrero del mismo año, concedió a los Obispos de Polonia y a la Archicofradía Romana del Sagrado Corazón de Jesús la facultad de celebrar la fiesta litúrgica. El decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del 23 de agosto de 1856, por el cual nuestro predecesor Pío IX, de i. m., extendió a toda la Iglesia la fiesta del Corazón Sacratísimo de Jesús y prescribió la forma de su celebración litúrgica 28. Culto al Corazón de Jesús, culto en espíritu y en verdad. Los elementos esenciales del culto al Corazón de Jesús, los actos de amor y de reparación tributados al amor infinito de Dios hacia los hombres, lejos de estar contaminados de materialismo y de superstición, constituyen una norma de piedad, en la que se cumple perfectamente aquella religión espiritual y verdadera que anunció el Salvador mismo a la Samaritana No es justo decir que la contemplación del Corazón físico de Jesús impide el contacto más íntimo con el amor de Dios. La Iglesia rechaza este falso misticismo. A la luz de la fe, nuestra mente se torna idónea para concebir los vínculos entre al amor sensible del Corazón físico de Jesús y su doble amor espiritual, el humano y el divino. 29. La más completa profesión de la religión cristiana. El Corazón de Jesús es el corazón de una persona divina, es decir, del Verbo Encarnado, y que, por consiguiente representa y pone ante los ojos todo el amor que El nos ha tenido y tiene aun. Por eso, el culto al Sagrado Corazón se considera, en la practica, como la más completa profesión de la religión cristiana. La religión de Jesucristo se funda en el Hombre Mediador. No se puede llegar al Corazón de Dios sino pasando por el Corazón de Cristo. Este culto se dirige al Amor de Dios para con nosotros, proponiéndolo como objeto de adoración de acción de gracias y de imitación, además considera la perfección de nuestro amor a Dios y a los hombres como la meta por el cumplimiento cada vez más generoso del mandamiento nuevo.
VI. SUMO APRECIO POR EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
30. La devoción al Corazón de Jesús es una práctica muy apta para conseguir la perfección cristiana. Es digna de sumo honor aquella forma de culto por la cual el hombre se dispone a honrar y amar en sumo grado a Dios y a consagrarse con mayor facilidad y prontitud al servicio de la divina caridad. Tanto más cuanto que nuestro Redentor mismo se dignó proponerla y recomendarla al pueblo cristiano, y los Sumos Pontífices la han confirmado con memorables documentos y la han enaltecido con grandes alabanzas. 31. Esto supuesto, ya no cabe duda alguna de que los cristianos que honran el sacratísimo Corazón del Redentor cumplen el deber, ciertamente gravísimo, que tienen de servir a Dios, y que juntamente se consagran a sí mismos y toda su propia actividad, tanto interna como externa, a su Creador y Redentor, poniendo así en práctica aquel divino mandamiento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas 32. Difusión de este culto. Exhortamos a que practiquen con fervor esta devoción. Se trata de un culto en cuyo favor está la Tradición y la Sagrada Liturgia, y que los mismos Sumos Pontífices han ensalzado con alabanzas tan multiplicadas como grandes. No se contentaron con instituir una fiesta en honor del Corazón del Redentor y extenderla a toda la Iglesia, sino que tomaron la iniciativa de dedicar y consagrar todo el género humano al mismo Sagrado Corazón. 33. Penas actuales de la Iglesia. Ni la Iglesia, ni la Sociedad Civil han alcanzado la perfección que corresponde a los deseos de Jesucristo. No pocos hijos de la Iglesia afean con numerosas manchas y arrugas el rostro materno. Mucho más nos atormentan las maquinaciones de los impíos que ahora más que nunca parecen incitados por el enemigo infernal en su odio implacable y declarado contra Dios, contra la Iglesia y, sobre todo, contra aquel que en la tierra representa a la persona del divino Redentor y su caridad para con los hombres. 34. El odio contra Dios y contra los que legítimamente hacen sus veces es el mayor delito que puede cometer el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios destinado a gozar de su amistad perfecta y eterna en el cielo. 35. Un culto providencial. Ante tantos males que trastornan profundamente individuos, familias, naciones y orbe entero, ¿podremos encontrar alguna devoción que aventaje al culto al Sagrado Corazón de Jesús, que responda mejor a la índole propia de la fe católica, que satisfaga con más eficacia las necesidades espirituales actuales de la Iglesia y del género humano? Queremos recordar la exhortación de León XIII: Ved hoy ante vuestros ojos un segundo lábaro consolador y divino: El Sacratísimo Corazón de Jesús ... En él hay que poner nuestra confianza; a él hay que suplicar y de Él hay que esperar nuestra salvación. 36. Final. Con el ardiente deseo de poner una firme muralla contra las impías maquinaciones de los enemigos de Dios y de la Iglesia, y hacer que las familias y las naciones vuelvan a caminar por la senda del amor de Dios, no dudamos en proponer la devoción al Sagrado Corazón de Jesús como escuela eficacísima de caridad divina. Para que la devoción al Corazón de Jesús produzca frutos copiosos de bien en la familia cristiana y aun en toda la humanidad, procuren los fieles unir a ella estrechamente la devoción al Inmaculado Corazón de la Madre de Dios.
lunes, 11 de junio de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
Santa Teresa de Lisieux y el misterio del Corazón de Cristo – (Cont.) Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II
Santa Teresa de Lisieux y el misterio del Corazón de Cristo
De “Pensamientos y ocurrencias” - Escritos por el P. Orlandis S.J. en 1934
Para mejor comprender lo que entendía yo por devoción sincera al Corazón de Jesús, convendrá indicar tres etapas por las cuales, desde que esta devoción se hizo pública y universal, se ha ido, a mi parecer, providencialmente desarrollando. La primera la marcan las revelaciones de Paray-le-Monial; la segunda los escritos y obras del P. Enrique Ramiére; la tercera la difusión de los escritos y la propagación de la devoción de Santa Teresita del Niño Jesús.
1) La primera etapa es la de Paray ; es la manifestación al mundo del Sagrado Corazón, de sus íntimos pensamientos, afectos y designios y de los tesoros de gracias de santificación y salvación que encierra y quiere derramar sobre los hombres; es la petición de parte de Jesús de un especial culto y devoción, que se tenga y se tribute a su Corazón de hombre y a su Corazón de Dios; es un quejarse Jesús amorosa, pero acerbamente de la ingratitud y ceguera de los hombres, que corresponden a su amor con olvido, desvíos, menosprecios e injurias, y no quieren recibir los beneficios y gracias, que Él anhela concederles; pero además es una verdadera profecía de que Él reinará en el mundo a pesar de sus enemigos y esto porque por esta nueva redención destruirá el imperio de Satanás y sobre las ruinas del mismo levantará el imperio de su Amor…
2) La segunda etapa, considero yo que la marcan los escritos y las empresas del P. Enrique Ramiére (del santo Padre Ramiére, como le llamaba el P. Gignac). Los escritos: Apostolado de la Oración, Esperanzas de la Iglesia, Reinado social de Jesucristo, Divinización del Cristiano, etc.; las empresas: Apostolado de la Oración y Liga del Corazón de Jesús, Mensajeros del Sagrado Corazón, Consagración individual y Social al Corazón de Jesús…
3) En la forma que tiene Santa Margarita María de proponer la devoción al Corazón de Jesús y aun en su mismo estilo, hay un no sé qué de heroísmo y austeridad, que bien podría ser que arredrara a no pocas almas enfermizas y pusilánimes de nuestros días.
En los libros del P. Ramiére se encierra una tal luz y profundidad de doctrina, que bien pudiera no estar al alcance de no pocas inteligencias débiles, de no pocos espíritus anémicos y apocados.
A estas almas pobres y débiles, miopes y enfermizas, quiere que llegue también su llamamiento misericordioso el bondadoso Corazón de Jesús, que invita a su banquete a los ciegos, cojos, etc., y les sana como médico Divino. Como mensajera, de sus misericordias inefables con estas almas débiles y pequeñas envía el misericordioso Jesús a Santa Teresita, para que reciban aliento, luz y confianza los pobres enfermos de espíritu tal vez menospreciados o desahuciados de sus maestros y médicos.
Todo el fondo de santa austeridad y severidad de Santa Margarita María, toda la elevación y profundidad de doctrina, de anhelos, de esperanzas del P. Enrique Ramiére, podrá descubrir en los breves y fragmentarios escritos de la Santita de Lisieux quien lea una y otra vez sus palabras, humilde y amorosamente. Mas, reparte ella sus enseñanzas y exhortaciones como envueltas y empapadas en su sonrisa angelical, que es de tal sencillez y agrado, que parece un reflejo viviente y sensible de la ternura del Corazón de Jesús para con los pequeñuelos. …Y así son incontables las almas, antes decaídas y acobardadas, que atraídas y alentadas por el atractivo celestial de la Santa y lo consolador de su doctrina, han cobrado alientos increíbles para subir por el ascensor de la humilde y suave confianza hasta la más elevada cumbre del amor de sacrificio; desde el humilde y sencillo sentimiento de su nada y de su impotencia, por el camino de la infancia espiritual, sembrado de rosas con espinas, hasta la entrega eficaz, perfecta y absoluta de sí al Amor Misericordioso de Dios.
Santa Teresita no sermonea incesantemente sobre la utilidad y necesidad de la devoción al Corazón de Jesús; tampoco teoriza sobre los principios dogmáticos y espirituales en que tal devoción se funda. Pero de la lectura de sus escritos nace espontáneamente en el alma, tan santa, dulce y salvadora devoción, porque el espíritu verdadero de la misma unge y embalsama sus palabras y en ellas el alma que antes no conocía el Amor, lo siente, lo ve y lo gusta.
De la obra “Teología y vivencia del culto al Corazón de Cristo”. P. Jesús Solano S.J.
1.- En la corriente histórica de la devoción al Corazón de Jesús
La devoción al Corazón de Jesús en la forma clásica de Paray-le Monial forma parte del ambiente en el que se desarrolla la vida de santa Teresa del Niño Jesús, ya que vivió en una familia intensamente católica de Francia del siglo XIX.
En los escritos de Santa Teresa del Niño Jesús son evidentes y fundamentales los rasgos de la devoción al Corazón de Jesús con las características de Paray-le-Monial: amor, confianza, sentido de intimidad con el Dios hecho hombre, reparación por los pecados, deseos de la Cruz, consuelo a Jesús, celo por la salvación y santificación de los hombres, devoción a la Eucaristía.
No obstante, resulta sorprende la relativa "austeridad" de Teresa en lo relativo a utilizar expresiones relativas al Corazón de Jesús, si prescindimos del lenguaje de sus poesías.
2.- "Yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo"
Sor Teresa escribió a Celina en la ocasión del viaje de ésta a Paray-le-Monial: "Pide mucho al Sagrado Corazón. Tú sabes que yo no veo el Sagrado Corazón como todo el mundo. Pienso que el Corazón de mi Esposo es para mí sola, como el mío es para El solo, y le hablo entonces en la soledad de este delicioso corazón a corazón esperando contemplarlo un día cara a cara" (14 octubre 1890)
Este rasgo tan acusadamente personal e íntimo es característico de Teresa. Ella reconocerá que Jesús fue su superior, su maestro de novicios y su director. No veía al Señor como los demás. Esta vivencia espiritual de la Santa, dada a conocer a través de sus escritos, ha influido decisivamente en la devoción misma al Corazón de Jesús en el siglo XX. Dios comunicó a Teresa luces singulares respecto al amor misericordioso que el Señor tiene para con los débiles y pecadores. La Santa se sintió llamada a ir a Jesús y de confiar en El. La Santa se sintió llamada a ir a Jesús "por el ascensor del amor" y no "por la ruda escalera del temor". La clave de su vida fue una confianza desbordante en Dios, y esa confianza, dirá ella unas semanas antes de morir, no se debía a que se creyera inocente: "...aunque hubiera cometido todos los crímenes posibles, tendría la misma confianza; siento que toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua echada en un brasero ardiente" (11 julio).
3.- Acto de ofrenda al Amor Misericordioso
Este acto es, en efecto, una cumbre en la vida de Santa Teresa del Niño Jesús. La Santa lo describe en el contexto de la gracia que recibió el 9 de junio de 1895, "gracia de comprender más que nunca cuánto desea Jesús ser amado". Después de haber realizado este acto, reconoce la Santa "los ríos o más bien los océanos de gracias que han venido a inundar mi alma", y en sus últimos días (7-VII-1897) recordará a M. Inés el fuego de amor experimentado por única vez en su vida después de haber hecho su Acto de ofrenda.
Los dos aspectos que acabamos de considerar dentro de la visión "diferente" de Santa Teresa alcanzan en este acto su máxima expresión: personalismo en la relación con el Señor y característica comprensión del amor del que desborda el Corazón de Jesús.
Dentro de la tradición religiosa de su ambiente, aún en la misma práctica Parediana de la devoción al Corazón de Jesús, e incluso y en forma absorbente en la espiritualidad que se vivía en el Carmelo de Lisieux, se presentaba la necesidad de reparar a la Justicia divina que castigaba los pecados de los hombres. Piensa ella que si Dios acepta a quienes se inmolan como víctimas a la Justicia, "¿no tendrá también necesidad de víctimas el Amor misericordioso?". Este Amor divino es desconocido y rechazado; los corazones a los cuales desea prodigarse, se vuelven a las criaturas y no aceptan el Amor infinito de Dios. Se trata de "un acto de Amor perfecto", como dice la Ofrenda.
Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II
Corazón de Jesús saciado de oprobios
Las palabras de las letanías del Sagrado Corazón nos ayudan a releer el Evangelio de la Pasión de Cristo.
Repasemos con los ojos del alma aquellos momentos y acontecimientos desde la captura en Getsamaní al juicio de Anás y de Caifás, la encarcelación nocturna, la sentencia matutina del Sanedrín, el tribunal del Gobernador romano, el tribunal de Herodes el galileo, la flagelación, la coronación de espinas, la sentencia de crucifixión, el vía crucis hasta el lugar del Gólgota, y, a través de la agonía sobre el árbol de la ignominia, hasta el último “Todo está cumplido”…
Signo de contradicción... “Y una espada atravesará tu alma...” (Lc. 2, 34-35). 24 de agosto, 1986
Corazón de Jesús despedazado por nuestros delitos
Jesús de Nazaret, el que durante la última Cena dijo: “Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros. Este es el cáliz de mi Sangre derramada por vosotros”. Jesús: sacerdote fiel, que mediante su propia sangre entra en el tabernáculo eterno. Jesús: sacerdote, que según el orden de Melquisedec nos deja su sacrificio: haced esto...: ¡Jesús - Corazón de Jesús!…
Corazón de Jesús, despedazado con la eterna sentencia: efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta dar su Hijo unigénito... ¿no decían en el Gólgota: Si eres hijo de Dios, baja de esa cruz” (Mt. 27, 40)?… Y, sin embargo, el Profeta sabía. Y, sin embargo, Isaías decía..., tantos siglos antes: “Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados... Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino: Y Yavé cargó sobre El la iniquidad de todos nosotros... Fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo”(Is. 53, 5-8)…
Jesús dice: “Todo está cumplido”. “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc. 23, 46). ¿Cómo iban a cumplirse las escrituras diversamente? ¿Cómo iban a cumplirse diversamente las palabras del Profeta que dice: “El justo, mi Siervo, justificará a muchos... Se cumplirá por su medio la voluntad del Señor” (Cf. Is. 53-11)? ¡La voluntad del Padre! ¡No la mía, sino tu voluntad! (…)
¡Madre del Redentor! ¡Acércanos al Corazón de tu Hijo! 31 de agosto, 1986
Corazón de Jesús hecho obediente hasta la muerte
Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de su ser (cf. Jn. 1, 1-2): uno solo es su poder y su gloria, una sola su sabiduría, es recíproco su infinito amor. (…) en la “plenitud de los tiempos” nace de la Virgen Madre (cf. Ga 4, 4) con un corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres. Por eso, al entrar en el mundo Cristo dice: “He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad” (Hb. 10, 7). ¡“Obediencia” es el nuevo nombre del “amor”!
Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre…
Jesús obedece hasta la muerte (cf. Fil. 2, 8), aunque nada le resulte tan radicalmente opuesto como la muerte, ya que El es la fuente misma de la vida (cf. Jn. 11, 25-26). En aquellas horas trágicas el sobrevienen, inquietantes, el desconsuelo y la angustia (cf. Mt. 26, 37), el miedo y la turbación (cf. Mc. 14, 33), el sudor de sangre y las lágrimas (Cf. Lc. 22, 44). Luego, en la cruz, el dolor desgarra su cuerpo traspasado. La amargura – del rechazo, de la traición, de la ingratitud, llena su Corazón. Pero sobre todo domina la paz de la obediencia. “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22, 42). Jesús recoge las fuerzas extremas y, casi sintetizando su vida, pronuncia la última palabra: “Todo está cumplido” (Jn. 19, 30).
Al alba, al mediodía y al atardecer del Señor Jesús, late en su corazón un sólo deseo: hacer la voluntad del Padre. Contemplando esta vida, unificada por la obediencia filial al Padre, comprendemos las palabras del Apóstol: “Por la obediencia de uno sólo todos serán constituidos justos” (Rom. 5, 19), y la otra, misteriosa y profunda, de la Carta a los Hebreos: “Aún siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia: y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” (5, 8-9).
Que María Santísima, la Virgen del “hágase” tembloroso y generoso, nos ayude también a nosotros a “aprender” esta lección fundamental. 23 de julio, 1989.
Corazón de Jesús perforado por una lanza
Pocas páginas del Evangelio a los largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos, tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (cf. Jn 19, 23-37)…
En el corazón atravesado contemplamos la obediencia filial de Jesús al Padre, cuya misión Él realizó con valentía (cf. Jn 19, 30) y su amor fraterno hacia los hombres, a quienes Él “amó hasta el extremo “ (Jn 13, 1), es decir, hasta el extremo sacrificio de Sí mismo. El corazón atravesado de Jesús es el signo de la totalidad de este amor en dirección vertical y horizontal, como los dos brazos de la cruz.
El corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo “al instante salió sangre y agua” (Jn 19, 34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. Él murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (cf. Jn 20, 24, 27).
Contra toda tentación antigua o moderna del docetismo, de ceder a la “apariencia”, el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. Él, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua (cf. Nm 20, 8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu, (cf. Jn 7, 37-39), que alimenta en nosotros la vida divina.
Finalmente, del Corazón atravesado de Cristo brota la Iglesia. Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así – según una tradición patrística que se remonta a los primeros siglos - , del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su esposa. Esta se forma precisamente del agua y de la sangre,- Bautismo y Eucaristía -, que brotan del Corazón traspasado. Por eso, con razón afirma la Constitución conciliar sobre la liturgia: “Del costado de Cristo dormido en la cruz, nació el sacramento admirable de la Iglesia entera” (Sacrosanctum Concilium, 5).
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lunes, 9 de abril de 2012
sábado, 7 de abril de 2012
domingo, 1 de abril de 2012
LAS PROMESAS DEL CORAZÓN DE JESÚS. – CONTINUACIÓN LETANÍAS DEL CORAZÓN DE JESÚS
LAS PROMESAS DEL CORAZÓN DE JESÚS
Las "promesas" del Corazón de Jesús revisten un interés particular y han contribuido mucho en la difusión de esta devoción.
A) Valor de las promesas
Las promesas forman parte importante en el pensamiento de Santa Margarita, de lo que el Señor le manifiesta respecto al culto a su Corazón, y que ella procura transmitir fielmente. En la debida proporción puede, por tanto, aplicarse a las promesas la aprobación que nos ofrece el Magisterio del carisma de Santa Margarita.
B) Horizonte teológico de las promesas
Las promesas del Corazón de Jesús ofrecen un rasgo particular de armonía con el clima de promesas de la revelación cristiana. Es una idea que repite Santa Margarita, la de que la manifestación del culto al Sagrado Corazón es como un último esfuerzo del amor del Señor para derramar sobre los cristianos las gracias de la Redención. Se puede decir que estando la Nueva Alianza caracterizada por las admirables promesas del Salvador, era lógico que éste, como último esfuerzo del Redentor, trajera consigo particulares y singulares promesas de su misericordia.
C) Texto de las promesas
En las Cartas de Santa Margarita a diversos interlocutores como la Madre de Saumaise, la Madre Greyfie, el P. Croisset S.J. etc… se encuentran una serie de promesas, realizadas por el Corazón de Jesús, y que un autor anónimo seleccionó doce y las redactó de forma abreviada. Estas doce promesas las comenta el P. Solano en la obra citada en el encabezamiento. En el devocionario del Sagrado Corazón de Jesús, editado por la Asociación de amigos del Monumento al Corazón de Jesús” de San Sebastián, se han recopilado 16 promesas.
Las 12 promesas clásicas
1.a A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado. CARTA 141
2.a Daré paz a sus familias. CARTA 36; 131; 141
3.a Las consolaré en todas sus aflicciones. CARTA 141
4.a Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte. CARTA 131; 132;141
5.a Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas. CARTA 141
6.a Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia. CARTA 97; 102; 132
7.a Las almas tibias se harán fervorosas. CARTA 40; 141
8.ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección. CARTA 141
9.ª Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada. CARTA 36; 131
10.a Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos. CARTA 141
11.a Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él. CARTA 40; 90
12.a A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final. CARTA 87
Otras promesas presentes en las cartas de santa Margarita
Ø Reinaré a pesar de mis enemigos y de los que a ello se opongan. CARTA 88; 118; 131; 132
Ø Les aliviaré en sus trabajos. CARTA 141
Ø No dejaré morir eternamente a ningún devoto que se haya consagrado a mi Divino Corazón. CARTA 36; 59; 131
Ø Derramaré la unción de mi caridad sobre las Comunidades religiosas que se pongan bajo mi especial protección y seré su salvaguardia en sus caídas. CARTA 131.
Ø Reuniré todos los corazones para formar. CARTA 131.
Ø Promete grandes recompensas a los que se dediquen a establecer el reinado del Corazón de Jesús – abundantes gracias santificantes. CARTA 118; 131; 132
Sentido del texto en Santa Margarita. La Cualidad de "promesas".
Las "promesas" 1, 2, 3, 4, 5, 7 y 8 aparecen fundadas —exclusivamente o principalmente— en la carta 141, escrita por la Santa a su Director.
La carta es muy breve. Las primeras palabras son: "¡Ojalá pudiera contar todo lo que sé de esta amable devoción, y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracias que Jesucristo encierra en este Corazón adorable, y que El tiene el designio de repartir con profusión entre todos aquellos que la practicaran".
No son simples afirmaciones de santa Margarita, sino lo que ella conoce como plan del Señor, esto es sus promesas.
E) Sentido de varias promesas
Promesa quinta. “Bendeciré abundantemente sus empresas”
Ø Las "bendiciones" del Señor no llevan consigo necesariamente éxitos humanos y satisfacciones sensibles.
Ø Es evidente para Santa Margarita que ella tiene una vocación personal enteramente singular de amor a la cruz y de participación en los sufrimientos del Señor
Ø Sería contrario al pensamiento de Santa Margarita aceptar por interés egoísta el culto al Corazón de Jesús
Promesa sexta. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
El texto de Santa Margarita presenta una idea de "la divina justicia en su justa cólera", que conviene explicar. La palabra "cólera" lleva consigo una referencia a pasiones humanas, que tantas veces son reprensibles. Cuando en nuestro pobre lenguaje humano aplicamos a Dios este término, sabemos que ha de ser entendido sin alguna imperfección.
La Santa habla también expresamente de la misericordia en Dios: "...a fin de que los pecados no llegasen a su colmo, y que Dios, por su misericordia, perdonara a los pecadores, en gracia del amor que El tiene a este Sagrado Corazón...".(…)
Santa Margarita no opone la justicia de Dios a la misericordia del Corazón de Jesús: "Una vez, habiéndome hecho ver en este Corazón adorable dos santidades, una de amor y la otra de justicia...".
Promesa novena. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada
En la devoción al Corazón de Jesús se trata de responder con un amor reparador al amor tan desconocido del Señor. Tiene sentido particular el exponer en público la imagen del Corazón de Jesús para honrar de este modo al Señor, que tan despreciado fue en particular en su pasión.
F) La "gran promesa". A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.
Ø El contenido de la promesa está referido, en primer plano y directamente a los pecadores.
Ø La condición es comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos
Ø Parece evidente que una comunión material, no realizada con las debidas disposiciones exigidas por el Señor, sería una burla y no podría contar con la promesa indicada.
Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II
Corazón de Jesús paciente y de mucha misericordia.
Hoy (…) deseamos releer junto con María el Evangelio. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso. ¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que “pasó haciendo bien” a todos (cf. Hch 10, 38)?
Releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto El mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano.
¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!
Corazón de Jesús generoso para todos los que te invocan
Nos recogemos hoy para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea. Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.
Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor.
Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. Quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.
Corazón de Jesús fuente de vida y de santidad
En aquel lugar encontró a una samaritana, que se acercaba para sacar agua de la fuente. El le dice: “Dame de beber”. La mujer responde: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana?”.
Entonces Jesús replicó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a El, y El te daría a ti agua viva”.
Todos deseamos acercarnos a esta fuente de agua viva. Todos deseamos beber del Corazón divino, que es fuente de vida y de santidad.
Corazón de Jesús propiciación por nuestros pecados
Jesús, que el domingo de resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo: a quien perdonaréis los pecados, les serán perdonados” (Jn. 20, 23).
Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.
La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria, sobre el mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.LAS PROMESAS DEL CORAZÓN DE JESÚS. – “Teología y vivencia del Culto al Corazón de Cristo”.- P. SOLANO – Continuación Letanías del Corazón de Jesús
Reunión 31-03-2012
Las "promesas" del Corazón de Jesús revisten un interés particular y han contribuido mucho en la difusión de esta devoción
A) Valor de las promesas.
En las Cartas de Santa Margarita a diversos interlocutores como la Madre de Saumaise, la Madre Greyfie, el P. Croisset S.J. etc… se encuentran una serie de promesas, realizadas por el Corazón de Jesús, y que un autor anónimo seleccionó doce y las redactó de forma abreviada. Estas doce promesas las comenta el P. Solano en la obra citada en el encabezamiento. En el devocionario del Sagrado Corazón de Jesús, editado por la Asociación de amigos del Monumento al Corazón de Jesús” de San Sebastián, se han recopilado 16 promesas. Al final de este apartado se adjunta un cuadro en el que se recogen las doce promesas clásicas junto con las 4 añadidas en el citado devocionario y los textos de las cartas de donde han sido extraídas.
Para apreciar la garantía que nos ofrecen dichas promesas, parece que él criterio general puede ser éste: las promesas forman parte importante en el pensamiento de Santa Margarita, de lo que el Señor le manifiesta respecto al culto a su Corazón, y que ella procura transmitir fielmente. En la debida proporción puede, por tanto, aplicarse a las promesas la aprobación que nos ofrece el Magisterio del carisma de Santa Margarita.
Promesas particulares han recibido además un refrendo concreto de parte de la Iglesia, como lo referente a los primeros viernes. La indicación genérica de especiales gracias que por este culto quiere distribuir el Señor, según El lo manifestó a la Santa, aparece también en los documentos pontificios que tratan de la devoción al Corazón de Jesús como son principalmente la Anunm Sacrum de León XIII, Miserentissimus Redemptor de Pío XI y Haurietis Aquas de Pío XII, de las que hemos extractado algunas de las cuestiones básicas y fundamentales de la devoción al Corazón de Jesús tal y como le fue comunicada a santa Margarita María de Alacoque por el propio Jesucristo.
B) Horizonte teológico de las promesas.
Parece oportuno realizar una breve reflexión sobre el lugar que ocupan las promesas hechas por el Señor, dentro del marco más general de la revelación cristiana.
En primer lugar, se lee en el Evangelio: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo... y hallaréis descanso para vuestras almas..." (Mt 11,28-29). Si Jesús hace promesas que tan poderosamente atraen al ser humano de todos los tiempos, insatisfecho, agobiado y turbado, no es porque el Maestro desee discípulos interesados. Bien claramente dirá El: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). La razón de estas promesas estriba fundamentalmente en ofrecer una ayuda para superar la desorientación en que se encuentra el hombre después del pecado original y tentado fuertemente por los poderes del mundo, el demonio y la carne.
De ahí que también las bienaventuranzas son promesas, desde la primera palabra "dichosos" hasta los términos del segundo miembro de la frase: "de ellos es el reino de los cielos", "ellos poseerán la tierra", "ellos serán consolados", "ellos verán a Dios"... (Mt 5,3-10). Concluye todavía el Señor: "Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa..." (Mt 5,12).
La Sagrada Escritura presenta las relaciones entre Dios y los hombres en la perspectiva de una "alianza", como es llamada expresamente desde la alianza que Dios estableció con Noé, con su descendencia y con todo ser vivo que estaba con Noé (Gen 9,8-17). Encontramos también la alianza con Abraham (Gen 17) y con los hijos de Israel: "Esta es la sangre de la alianza que hace con vosotros Yahveh..." (Ex 24,8). En el Nuevo Testamento es central la sangre de la Nueva Alianza, "derramada por la muchedumbre para la remisión de los pecados" (Mt 26,28).
La alianza divina es siempre de protección y por eso va acompañada de promesas: el arco iris en las nubes para que las aguas del diluvio no vuelvan a destruir toda carne (Gen 9,14-17), la descendencia incontable de Abraham junto con la posesión perpetua de toda la tierra de Canaán (Gen 17,4-8), el perdón de los pecados, con la verdadera santidad y la vida eterna en la Alianza del Nuevo Testamento.
San Pablo da al Espíritu Santo el apelativo: "el Espíritu de la promesa" (Ef 1,13), y designa a los creyentes como "los hijos de la promesa (Rom 9,8). Jesús mismo había hablado del Espíritu Santo como de "la promesa del Padre" (Hech 1,4).
Sería una disposición personal absurda la de quien no quisiera saber nada de promesas o de protección y ayuda de parte de Dios. El hombre no se basta a sí mismo sino que tiene apremiante necesidad de Dios. Si creemos poseer ya lo suficiente, nos serán dichas las palabras del Apocalipsis: "Dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo" (3,17).
La postura recta es la de aquella humildísima "esclava del Señor", la cual, en cumplimiento de antiguas promesas, había sido enriquecida por encima de todas las criaturas: "Engrandece mi alma, Señor..., porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso..., a los hambrientos los llenó de bienes..., acordándose de su misericordia, según lo que había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre" (Lc 1,46-55).
Las promesas del Corazón de Jesús ofrecen un rasgo particular de armonía con el clima de promesas de la revelación cristiana. Es una idea que repite Santa Margarita, la de que la manifestación del culto al Sagrado Corazón es como un último esfuerzo del amor del Señor para derramar sobre los cristianos las gracias de la Redención. Se puede decir que estando la Nueva Alianza caracterizada por las admirables promesas del Salvador, era lógico que éste, como último esfuerzo del Redentor, trajera consigo particulares y singulares promesas de su misericordia.
C) Texto de las promesas.
Nos hallamos ante una colección anónima de afirmaciones que se encuentran esparcidas en los escritos de Santa Margarita. El coleccionador anónimo redactó las frases en estilo conciso, directo y personal, como promesas hechas por el Sagrado Corazón con esas mismas palabras. Esta forma no es original de la Santa, a excepción de la llamada "gran promesa".
Presentamos, en el cuadro siguiente, en la primera columna el texto de las doce promesas tradicionales, en la segunda las dieciséis del devocionario citado, añadiendo algunas que podrían estar incluidas en alguna más general, pero que especifican aspectos concretos de interés espiritual singular. Se han escrito mantenido el orden de las doce promesas.
Las "promesas" del Corazón de Jesús revisten un interés particular y han contribuido mucho en la difusión de esta devoción.
A) Valor de las promesas
Las promesas forman parte importante en el pensamiento de Santa Margarita, de lo que el Señor le manifiesta respecto al culto a su Corazón, y que ella procura transmitir fielmente. En la debida proporción puede, por tanto, aplicarse a las promesas la aprobación que nos ofrece el Magisterio del carisma de Santa Margarita.
B) Horizonte teológico de las promesas
Las promesas del Corazón de Jesús ofrecen un rasgo particular de armonía con el clima de promesas de la revelación cristiana. Es una idea que repite Santa Margarita, la de que la manifestación del culto al Sagrado Corazón es como un último esfuerzo del amor del Señor para derramar sobre los cristianos las gracias de la Redención. Se puede decir que estando la Nueva Alianza caracterizada por las admirables promesas del Salvador, era lógico que éste, como último esfuerzo del Redentor, trajera consigo particulares y singulares promesas de su misericordia.
C) Texto de las promesas
En las Cartas de Santa Margarita a diversos interlocutores como la Madre de Saumaise, la Madre Greyfie, el P. Croisset S.J. etc… se encuentran una serie de promesas, realizadas por el Corazón de Jesús, y que un autor anónimo seleccionó doce y las redactó de forma abreviada. Estas doce promesas las comenta el P. Solano en la obra citada en el encabezamiento. En el devocionario del Sagrado Corazón de Jesús, editado por la Asociación de amigos del Monumento al Corazón de Jesús” de San Sebastián, se han recopilado 16 promesas.
Las 12 promesas clásicas
1.a A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado. CARTA 141
2.a Daré paz a sus familias. CARTA 36; 131; 141
3.a Las consolaré en todas sus aflicciones. CARTA 141
4.a Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte. CARTA 131; 132;141
5.a Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas. CARTA 141
6.a Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia. CARTA 97; 102; 132
7.a Las almas tibias se harán fervorosas. CARTA 40; 141
8.ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección. CARTA 141
9.ª Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada. CARTA 36; 131
10.a Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos. CARTA 141
11.a Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él. CARTA 40; 90
12.a A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final. CARTA 87
Otras promesas presentes en las cartas de santa Margarita
Ø Reinaré a pesar de mis enemigos y de los que a ello se opongan. CARTA 88; 118; 131; 132
Ø Les aliviaré en sus trabajos. CARTA 141
Ø No dejaré morir eternamente a ningún devoto que se haya consagrado a mi Divino Corazón. CARTA 36; 59; 131
Ø Derramaré la unción de mi caridad sobre las Comunidades religiosas que se pongan bajo mi especial protección y seré su salvaguardia en sus caídas. CARTA 131.
Ø Reuniré todos los corazones para formar. CARTA 131.
Ø Promete grandes recompensas a los que se dediquen a establecer el reinado del Corazón de Jesús – abundantes gracias santificantes. CARTA 118; 131; 132
Sentido del texto en Santa Margarita. La Cualidad de "promesas".
Las "promesas" 1, 2, 3, 4, 5, 7 y 8 aparecen fundadas —exclusivamente o principalmente— en la carta 141, escrita por la Santa a su Director.
La carta es muy breve. Las primeras palabras son: "¡Ojalá pudiera contar todo lo que sé de esta amable devoción, y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracias que Jesucristo encierra en este Corazón adorable, y que El tiene el designio de repartir con profusión entre todos aquellos que la practicaran".
No son simples afirmaciones de santa Margarita, sino lo que ella conoce como plan del Señor, esto es sus promesas.
E) Sentido de varias promesas
Promesa quinta. “Bendeciré abundantemente sus empresas”
Ø Las "bendiciones" del Señor no llevan consigo necesariamente éxitos humanos y satisfacciones sensibles.
Ø Es evidente para Santa Margarita que ella tiene una vocación personal enteramente singular de amor a la cruz y de participación en los sufrimientos del Señor
Ø Sería contrario al pensamiento de Santa Margarita aceptar por interés egoísta el culto al Corazón de Jesús
Promesa sexta. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
El texto de Santa Margarita presenta una idea de "la divina justicia en su justa cólera", que conviene explicar. La palabra "cólera" lleva consigo una referencia a pasiones humanas, que tantas veces son reprensibles. Cuando en nuestro pobre lenguaje humano aplicamos a Dios este término, sabemos que ha de ser entendido sin alguna imperfección.
La Santa habla también expresamente de la misericordia en Dios: "...a fin de que los pecados no llegasen a su colmo, y que Dios, por su misericordia, perdonara a los pecadores, en gracia del amor que El tiene a este Sagrado Corazón...".(…)
Santa Margarita no opone la justicia de Dios a la misericordia del Corazón de Jesús: "Una vez, habiéndome hecho ver en este Corazón adorable dos santidades, una de amor y la otra de justicia...".
Promesa novena. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada
En la devoción al Corazón de Jesús se trata de responder con un amor reparador al amor tan desconocido del Señor. Tiene sentido particular el exponer en público la imagen del Corazón de Jesús para honrar de este modo al Señor, que tan despreciado fue en particular en su pasión.
F) La "gran promesa". A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.
Ø El contenido de la promesa está referido, en primer plano y directamente a los pecadores.
Ø La condición es comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos
Ø Parece evidente que una comunión material, no realizada con las debidas disposiciones exigidas por el Señor, sería una burla y no podría contar con la promesa indicada.
Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II
Corazón de Jesús paciente y de mucha misericordia.
Hoy (…) deseamos releer junto con María el Evangelio. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso. ¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que “pasó haciendo bien” a todos (cf. Hch 10, 38)?
Releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto El mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano.
¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!
Corazón de Jesús generoso para todos los que te invocan
Nos recogemos hoy para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea. Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.
Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor.
Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. Quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.
Corazón de Jesús fuente de vida y de santidad
En aquel lugar encontró a una samaritana, que se acercaba para sacar agua de la fuente. El le dice: “Dame de beber”. La mujer responde: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana?”.
Entonces Jesús replicó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a El, y El te daría a ti agua viva”.
Todos deseamos acercarnos a esta fuente de agua viva. Todos deseamos beber del Corazón divino, que es fuente de vida y de santidad.
Corazón de Jesús propiciación por nuestros pecados
Jesús, que el domingo de resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo: a quien perdonaréis los pecados, les serán perdonados” (Jn. 20, 23).
Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.
La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria, sobre el mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.LAS PROMESAS DEL CORAZÓN DE JESÚS. – “Teología y vivencia del Culto al Corazón de Cristo”.- P. SOLANO – Continuación Letanías del Corazón de Jesús
Reunión 31-03-2012
Las "promesas" del Corazón de Jesús revisten un interés particular y han contribuido mucho en la difusión de esta devoción
A) Valor de las promesas.
En las Cartas de Santa Margarita a diversos interlocutores como la Madre de Saumaise, la Madre Greyfie, el P. Croisset S.J. etc… se encuentran una serie de promesas, realizadas por el Corazón de Jesús, y que un autor anónimo seleccionó doce y las redactó de forma abreviada. Estas doce promesas las comenta el P. Solano en la obra citada en el encabezamiento. En el devocionario del Sagrado Corazón de Jesús, editado por la Asociación de amigos del Monumento al Corazón de Jesús” de San Sebastián, se han recopilado 16 promesas. Al final de este apartado se adjunta un cuadro en el que se recogen las doce promesas clásicas junto con las 4 añadidas en el citado devocionario y los textos de las cartas de donde han sido extraídas.
Para apreciar la garantía que nos ofrecen dichas promesas, parece que él criterio general puede ser éste: las promesas forman parte importante en el pensamiento de Santa Margarita, de lo que el Señor le manifiesta respecto al culto a su Corazón, y que ella procura transmitir fielmente. En la debida proporción puede, por tanto, aplicarse a las promesas la aprobación que nos ofrece el Magisterio del carisma de Santa Margarita.
Promesas particulares han recibido además un refrendo concreto de parte de la Iglesia, como lo referente a los primeros viernes. La indicación genérica de especiales gracias que por este culto quiere distribuir el Señor, según El lo manifestó a la Santa, aparece también en los documentos pontificios que tratan de la devoción al Corazón de Jesús como son principalmente la Anunm Sacrum de León XIII, Miserentissimus Redemptor de Pío XI y Haurietis Aquas de Pío XII, de las que hemos extractado algunas de las cuestiones básicas y fundamentales de la devoción al Corazón de Jesús tal y como le fue comunicada a santa Margarita María de Alacoque por el propio Jesucristo.
B) Horizonte teológico de las promesas.
Parece oportuno realizar una breve reflexión sobre el lugar que ocupan las promesas hechas por el Señor, dentro del marco más general de la revelación cristiana.
En primer lugar, se lee en el Evangelio: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo... y hallaréis descanso para vuestras almas..." (Mt 11,28-29). Si Jesús hace promesas que tan poderosamente atraen al ser humano de todos los tiempos, insatisfecho, agobiado y turbado, no es porque el Maestro desee discípulos interesados. Bien claramente dirá El: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). La razón de estas promesas estriba fundamentalmente en ofrecer una ayuda para superar la desorientación en que se encuentra el hombre después del pecado original y tentado fuertemente por los poderes del mundo, el demonio y la carne.
De ahí que también las bienaventuranzas son promesas, desde la primera palabra "dichosos" hasta los términos del segundo miembro de la frase: "de ellos es el reino de los cielos", "ellos poseerán la tierra", "ellos serán consolados", "ellos verán a Dios"... (Mt 5,3-10). Concluye todavía el Señor: "Alegraos y regocijaos, porque grande será en los cielos vuestra recompensa..." (Mt 5,12).
La Sagrada Escritura presenta las relaciones entre Dios y los hombres en la perspectiva de una "alianza", como es llamada expresamente desde la alianza que Dios estableció con Noé, con su descendencia y con todo ser vivo que estaba con Noé (Gen 9,8-17). Encontramos también la alianza con Abraham (Gen 17) y con los hijos de Israel: "Esta es la sangre de la alianza que hace con vosotros Yahveh..." (Ex 24,8). En el Nuevo Testamento es central la sangre de la Nueva Alianza, "derramada por la muchedumbre para la remisión de los pecados" (Mt 26,28).
La alianza divina es siempre de protección y por eso va acompañada de promesas: el arco iris en las nubes para que las aguas del diluvio no vuelvan a destruir toda carne (Gen 9,14-17), la descendencia incontable de Abraham junto con la posesión perpetua de toda la tierra de Canaán (Gen 17,4-8), el perdón de los pecados, con la verdadera santidad y la vida eterna en la Alianza del Nuevo Testamento.
San Pablo da al Espíritu Santo el apelativo: "el Espíritu de la promesa" (Ef 1,13), y designa a los creyentes como "los hijos de la promesa (Rom 9,8). Jesús mismo había hablado del Espíritu Santo como de "la promesa del Padre" (Hech 1,4).
Sería una disposición personal absurda la de quien no quisiera saber nada de promesas o de protección y ayuda de parte de Dios. El hombre no se basta a sí mismo sino que tiene apremiante necesidad de Dios. Si creemos poseer ya lo suficiente, nos serán dichas las palabras del Apocalipsis: "Dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo" (3,17).
La postura recta es la de aquella humildísima "esclava del Señor", la cual, en cumplimiento de antiguas promesas, había sido enriquecida por encima de todas las criaturas: "Engrandece mi alma, Señor..., porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso..., a los hambrientos los llenó de bienes..., acordándose de su misericordia, según lo que había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre" (Lc 1,46-55).
Las promesas del Corazón de Jesús ofrecen un rasgo particular de armonía con el clima de promesas de la revelación cristiana. Es una idea que repite Santa Margarita, la de que la manifestación del culto al Sagrado Corazón es como un último esfuerzo del amor del Señor para derramar sobre los cristianos las gracias de la Redención. Se puede decir que estando la Nueva Alianza caracterizada por las admirables promesas del Salvador, era lógico que éste, como último esfuerzo del Redentor, trajera consigo particulares y singulares promesas de su misericordia.
C) Texto de las promesas.
Nos hallamos ante una colección anónima de afirmaciones que se encuentran esparcidas en los escritos de Santa Margarita. El coleccionador anónimo redactó las frases en estilo conciso, directo y personal, como promesas hechas por el Sagrado Corazón con esas mismas palabras. Esta forma no es original de la Santa, a excepción de la llamada "gran promesa".
Presentamos, en el cuadro siguiente, en la primera columna el texto de las doce promesas tradicionales, en la segunda las dieciséis del devocionario citado, añadiendo algunas que podrían estar incluidas en alguna más general, pero que especifican aspectos concretos de interés espiritual singular. Se han escrito mantenido el orden de las doce promesas.
.Las 12 promesas clásicas
1.a A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado. CARTA 141
2.a Daré paz a sus familias. CARTA 36; 131; 141
3.a Las consolaré en todas sus aflicciones. CARTA 141
4.a Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte. CARTA 131; 132;141
5.a Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas. CARTA 141
6.a Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia. CARTA 97; 102; 132
7.a Las almas tibias se harán fervorosas. CARTA 40; 141
8.ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección. CARTA 141
9.ª Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada. CARTA 36; 131
10.a Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos. CARTA 141
11.a Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él. CARTA 40; 90
12.a A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final. CARTA 87
Otras promesas presentes en las cartas de santa Margarita
Ø Reinaré a pesar de mis enemigos y de los que a ello se opongan. CARTA 88; 118; 131; 132
Ø Les aliviaré en sus trabajos. CARTA 141
Ø No dejaré morir eternamente a ningún devoto que se haya consagrado a mi Divino Corazón. CARTA 36; 59; 131
Ø Derramaré la unción de mi caridad sobre las Comunidades religiosas que se pongan bajo mi especial protección y seré su salvaguardia en sus caídas. CARTA 131.
Ø Reuniré todos los corazones para formar. CARTA 131.
Ø Promete grandes recompensas a los que se dediquen a establecer el reinado del Corazón de Jesús – abundantes gracias santificantes. CARTA 118; 131; 132
1.a A las almas consagradas a mi Corazón les daré las gracias necesarias para su estado. CARTA 141
2.a Daré paz a sus familias. CARTA 36; 131; 141
3.a Las consolaré en todas sus aflicciones. CARTA 141
4.a Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte. CARTA 131; 132;141
5.a Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas. CARTA 141
6.a Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia. CARTA 97; 102; 132
7.a Las almas tibias se harán fervorosas. CARTA 40; 141
8.ª Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección. CARTA 141
9.ª Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada. CARTA 36; 131
10.a Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos. CARTA 141
11.a Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él. CARTA 40; 90
12.a A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final. CARTA 87
Otras promesas presentes en las cartas de santa Margarita
Ø Reinaré a pesar de mis enemigos y de los que a ello se opongan. CARTA 88; 118; 131; 132
Ø Les aliviaré en sus trabajos. CARTA 141
Ø No dejaré morir eternamente a ningún devoto que se haya consagrado a mi Divino Corazón. CARTA 36; 59; 131
Ø Derramaré la unción de mi caridad sobre las Comunidades religiosas que se pongan bajo mi especial protección y seré su salvaguardia en sus caídas. CARTA 131.
Ø Reuniré todos los corazones para formar. CARTA 131.
Ø Promete grandes recompensas a los que se dediquen a establecer el reinado del Corazón de Jesús – abundantes gracias santificantes. CARTA 118; 131; 132
Sentido del texto en Santa Margarita. La Cualidad de "promesas".
Las "promesas" 1, 2, 3, 4, 5, 7 y 8 aparecen fundadas —exclusivamente o principalmente— en la carta 141, escrita por la Santa a su Director. No sabemos con seguridad si la Santa se dirige aquí al P. de la Colombiére o al P. Rolin o al P. Croiset.
La carta es muy breve. El texto sólo no llenaría dos páginas de la edición del P. Tejada. Las primeras palabras referidas de la Santa son: "¡Ojalá pudiera contar todo lo que sé de esta amable devoción, y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracias que Jesucristo encierra en este Corazón adorable, y que El tiene el designio de repartir con profusión entre todos aquellos que la practicaran".
No se trata únicamente de lo que sabe la Santa acerca de los tesoros encerrados en esta devoción, sino que ella se refiere además al designio que abriga el Corazón del Señor, de distribuir estas riquezas.
A continuación, añade Santa Margarita: "Jesucristo me ha hecho conocer en manera que no deja lugar a duda...", y se refiere a que por medio de los PP de la Compañía principalmente quería establecer en todas partes esta sólida devoción y de los admirables frutos de ella.
Continúa todavía: "Los tesoros de bendiciones y de gracias que encierra este Sagrado Corazón son infinitos... Sí, lo digo con seguridad, si se supiera cuan agradable es esta devoción a Jesucristo, no hay un cristiano, por poco amor que tenga hacia este amable Salvador, que no la practicara en seguida. “
Se puede decir que el sentido obvio de las "afirmaciones" hechas por la Santa es el de referirse a lo que el Sagrado Corazón le ha dado a conocer, no precisamente acerca de la que se puede llamar excelencia intrínseca de esta devoción, sino del "designio" del Sagrado Corazón con respecto a esta devoción.
La lectura de las cartas de Santa Margarita y de su Autobiografía lleva espontáneamente a confirmar esta manera de ser. Las que, consideradas en sí mismas, podrían parecer simples "afirmaciones" de la Santa son, en verdad, enunciado de lo que ella conoce como plan del Señor. Con otras palabras, equivale a transmitirnos "promesas" del Señor.
La promesa segunda (Daré paz a sus familias ) confirma esta interpretación, ya que al texto de la carta 141 se añade el de la carta 131, que explícitamente, dice: "promete..., además, que El reuniría todos los corazones para no formar más que uno con Él”. Lo mismo vale de la promesa cuarta, como referimos al presentar más arriba el texto de las promesas. Algo semejante podría decirse de la promesa séptima (Las almas tibias se harán fervorosas).
La promesa sexta (Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia ) no presenta la forma de "promesa". Sin embargo, no se puede dudar de que lo sea. (…)
La novena (Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada) es explícita y repetida promesa del Sagrado Corazón, como es explícita también la décima (Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos) y, por supuesto, la duodécima (A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final).
Encontramos la promesa undécima (Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él). como promesa referida a muchas personas contemporáneas de la Santa. (…)
Promesa clara en este mismo sentido es la que enuncia Santa Margarita con respecto a la Madre de Saumaise. En la famosa visión del 2 de julio de 1688, fiesta de la Visitación de la Virgen, aparece el hecho de que quienes más habían trabajado en hacer conocer y amar al Sagrado Corazón tenían sus nombres escritos con letras de oro de manera imborrable en el Corazón del Señor.(…)
E) Sentido de varias promesas.
A base de los escritos mismos de Santa Margarita podemos precisar el recto sentido en que han de tomarse algunas de las promesas, que tal vez se prestarían a interpretaciones no conformes al pensamiento que ha querido expresar la Santa.
1. Promesa quinta. “Bendeciré abundantemente sus empresas”
Las "bendiciones" del Señor no llevan consigo necesariamente éxitos humanos y satisfacciones sensibles. Sin entrar aquí en él misterio de la Providencia divina y en la realidad de lo que fue la vida y la pasión del mismo Hijo de Dios hecho hombre, Santa Margarita ofrece pasos muy significativos.
Es evidente para Santa Margarita que ella tiene una vocación personal enteramente singular de amor a la cruz y de participación en los sufrimientos del Señor. Ella sabe distinguir muy bien lo que el Sagrado Corazón puede pedir a cada uno. De todos modos, ningún cristiano ignora las palabras tan generales de Jesús: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). Este texto en el evangelio de San Lucas precisa más: "tome su cruz cada día" (Lc 9,23).
Estas bendiciones del Sagrado Corazón se insertan en el cuadro de gracias, aun de orden temporal, que el Señor nos dice que le pidamos y que la Iglesia y los fieles continuamente piden a su Señor. (…)
Notemos a la vez que sería contrario al pensamiento de Santa Margarita aceptar por interés egoísta el culto al Corazón de Jesús. Decía ella a la Madre de Saumaise, después de haberle comunicado de parte del Sagrado Corazón gracias especiales que el Señor le concedería, si abrazaba esta devoción: "Pero, como El quiere que le deis este gusto sin interés, por el amor de El mismo, no me permite El expresaros el resto de lo que os reserva, si le dais este contento". Al P. Croiset: "Y la razón por la que no me está permitido hablar de las recompensas que El promete a los que empleará en esta santa obra, es con objeto de que trabajen sin otro interés que el de su gloria, teniendo de mira su puro amor".
2. Promesa sexta. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
El texto de Santa Margarita, citado en segundo lugar, tomado de la carta 97 a la Madre de Saumaise, presenta una idea de "la divina justicia en su justa cólera", que conviene explicar.
A veces sorprende hoy este lenguaje, porque parece que con el Dios del Nuevo Testamento no dice bien el que se hable de "su justa cólera" y quizá ni aún de la "divina justicia". Parecería preferible atenerse a las palabras de San Juan: "Dios es amor" (1 Jn 4,8.16).
La palabra "cólera" lleva consigo una referencia a pasiones humanas, que tantas veces son reprensibles. Cuando en nuestro pobre lenguaje humano aplicamos a Dios este término, sabemos que ha de ser entendido sin alguna imperfección. Por lo demás, aun San Pablo en el Nuevo Testamento lo emplea: "Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres..." (Rom 1,18; véase 2,5.8; Ef 5,6; Col 3,16; 1 Tes 2,16).
En cuanto al problema real, y no sólo de terminología, es preciso recordar que Jesús mismo, que es quien nos ha revelado el amor de Dios, ha pronunciado terribles en el juicio final: "Apartaos de mí, malditos..." (Mt 25,41; cf. Lc 13,27).
Una dificultad diferente presenta el texto de Santa Margarita, y esta dificultad aparece aún más marcada en otros pasajes suyos. Parece que se contraponen la justicia de Dios y la misericordia del Corazón de Jesús. Si se entendiera realmente de ese modo, habría aquí un error. La misericordia del Corazón de Jesús, en cuanto hombre, es precisamente reflejo de la misericordia divina y participación de la de Dios; y en cuanto Dios, es la misma única misericordia del Padre y del Espíritu Santo.
Semejantes expresiones de Santa Margarita responden a un modo de hablar que era frecuente en su tiempo y que se oía desde los pulpitos. (…)
La Santa, por lo demás, hablará expresamente también de la misericordia en Dios: "...a fin de que los pecados no llegasen a su colmo, y que Dios, por su misericordia, perdonara a los pecadores, en gracia del amor que El tiene a este Sagrado Corazón...".(…)
Santa Margarita en el fondo de su pensamiento no opone la justicia de Dios a la misericordia del Corazón de Jesús, al ver que en el mismo Corazón de Jesús ve ella esos dos aspectos como opuestos: "Una vez, habiéndome hecho ver en este Corazón adorable dos santidades, una de amor y la otra de justicia...".
3. Promesa novena. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada
Es patente en Santa Margarita la exigencia que trae consigo el aceptar la devoción al Corazón de Jesús. Se trata de responder con un amor reparador al amor tan desconocido del Señor. A la vez es notable la fuerza que pone la Santa de parte del Señor en prácticas concretas, como ésta, exponer en público la imagen del Corazón de Jesús.
Responde esto no a un empequeñecimiento del culto al Sagrado Corazón y mucho menos a su reducción a algunas prácticas exteriores, sino a la realidad humana, que de lo exterior pasa a lo interior y que manifiesta de modo sensible lo que encierra en su espíritu. (…)
Dentro de la idea de la reparación tiene sentido particular el exponer en público la imagen del Corazón de Jesús para honrar de este modo al Señor, que tan despreciado fue en particular en su pasión, y lo sigue siendo de parte de tantos que no le reconocen. (…)
No podemos convertir en obstáculo para llegar al Corazón de Cristo lo que El sancionó como una poderosa ayuda. Pero tampoco nos es lícito desconocer la fuerza de las imágenes en esta que es llamada "cultura de la imagen", ni podemos contribuir al olvido de Cristo y de su Corazón, en un mundo que pretende secularizarse y que está desconociendo los valores del amor genuino, y de la verdadera afectividad humana. Ni puede el creyente dejar de tener presentes las palabras de Jesús: "Porque quien se avergüenza de mí..., de él se avergonzará el Hijo del hombre..." (Lc 9,26).
F) La "gran promesa". A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.
La Santa en este caso trata de referirnos palabras textuales del Sagrado Corazón. Las introduce precisando la ocasión en que las dijo el Señor, a saber, durante la comunión de un viernes. Modestamente, añade ella: "si no me equivoco".
El tono es el de una promesa excepcional, y así habla el Señor de "la excesiva misericordia de mi Corazón", de "su amor todopoderoso".
El contenido de la promesa está referido, en primer plano y directamente a los pecadores: "la gracia del arrepentimiento final, no muriendo en mi desgracia". Lo que añade el Señor se puede referir por igual a los pecadores y a los que ya estuvieran en la gracia del Señor: "no muriendo... sin recibir sus sacramentos (los sacramentos que son propios de ese momento), haciéndose mi Divino Corazón su asilo asegurado en el último momento".
La condición es comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos. Exige nueve comuniones, en el primer viernes de mes, y nueve primeros viernes de mes seguidos.
Parece evidente que una comunión material, no realizada con las debidas disposiciones exigidas por el Señor, sería una burla y no podría contar con la promesa indicada. (…) Si se trata del acto supremo del culto como lo es la Eucaristía, este acto habrá de ser realizado "en espíritu y en verdad" (Jn 4,24).
Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II
Corazón de Jesús paciente y de mucha misericordia
Hoy (…) deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso.
¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que “pasó haciendo bien” a todos (cf. Hch 10, 38)? ¿De Aquel que hizo que los ciegos adquiriesen la vista, los cojos caminasen, los muertos resucitasen? ¿Qué a los pobres se les anunciara la Buena Nueva? (Cf. Lc 7, 22)
¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que no tenía Él mismo dónde reclinar la cabeza, mientras que los lobos tienen sus guaridas y los pájaros sus nidos (cf. Mt. 8, 20)?
¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que defendió a la mujer adúltera de la lapidación y luego le dijo: “Vete, y desde ahora en adelante no peques más” (cf. Jn 8, 3- 10)?
¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que fue llamado “amigo de publicanos y pecadores” (cf. Mt 11, 19)?
2. ¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón!
¡Releámoslo a lo largo del Evangelio!
Más aún, sobre todo releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. Cuando se ha desvelado hasta el fondo el misterio en El escrito.
El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto El mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano.
¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!
En efecto, ¿qué es la misericordia, sino esa medida particularísima del amor, que se expresa en el sufrimiento?
¿Qué es, en efecto, la misericordia sino esa medida definitiva del amor, que desciende al centro mismo del mal para vencerlo con el bien?
¿Qué es sino el amor que vence el pecado del mundo mediante el sufrimiento y la muerte?
3. ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia!
¡Madre, que has mirado en este Corazón, cuando estabas presente al pie de la cruz!
Madre que, por voluntad de este Corazón, te has hecho Madre de todos nosotros.
¿Quién conoce como Tú el misterio del Corazón de Jesús en Belén, en Nazaret, en el Calvario?
¿Quién como Tú sabe que es paciente e inmensamente misericordioso?
¿Quién como Tú da testimonio incesantemente de ello? 27 de julio, 1986
Corazón de Jesús generoso para todos los que te invocan
Nos recogemos hoy durante la oración del Angelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea. Esto ocurrió al comienzo de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, Tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, “no tienen vino” (Jn 2, 3).
Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.
Con tu oración en Caná de Galilea hiciste que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.
2. Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor.
Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. Quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.
Para cada uno que llama. Llama a veces, incluso sin palabras. Llama por el hecho de poner al descubierto toda su verdad, y, en esta verdad, llama al amor.
La verdad tiene la fuerza de llamar al amor. Mediante la verdad todos aquellos que son “pobres de espíritu”, que “tienen hambre y sed de justicia” que, ellos mismos, “son misericordiosos” tienen la fuerza de llamar al amor.
Todos ellos – y tantos otros más – tienen un maravilloso “poder” sobre el amor. Todos ellos hacen que el amor se comunique, se dé y se manifieste así la generosidad del corazón.
Entre todos ellos, Tú, María, eres la primera.
3. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Mediante esta generosidad en amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y este es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos.
Se abre a todos y a cada uno. Se abre completamente por sí mismo. Y en esta generosidad no se agota. La generosidad del Corazón da testimonio de que el amor no está sometido a las leyes de la muerte, sino a las leyes de la resurrección y la vida. Da testimonio de que el amor crece con el amor. Esa es su naturaleza.
4. De esta verdad sobre el amor, dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI. Su corazón humano cesó de latir aquí, en Castelgandolfo, hace ocho años, en la fiesta de la Transfiguración del Señor.
Su humilde sucesor hace suya la misma verdad sobre el amor, que el difunto Pontífice proclamó con la palabra y con la vida hasta el final, invocando al Corazón divino.
Y por ello, pensando en el Papa Pablo VI, hoy, durante la oración del Angelus, nos unimos de modo particular a María, y decimos: Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan, acoge a tu siervo en tu eterna luz. 3 de agosto, 1986
Corazón de Jesús fuente de vida y de santidad
Recordemos cuando Jesús se acercó a la pequeña ciudad de Samaria, llamada Sicar, donde se encontraba una fuente que se remontaba a los tiempos del Patriarca Jacob.
En aquel lugar encontró a una samaritana, que se acercaba para sacar agua de la fuente. El le dice: “Dame de beber”. La mujer responde: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana?”.
Entonces Jesús replicó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a El, y El te daría a ti agua viva”.
Y continuó: “El agua que yo te dé se hará en ti fuente que salte hasta la vida eterna” (cf. Jn. 4, 5-14).
¡Fuente! ¡Fuente de vida y de santidad!
2. En otra ocasión, en el último día de la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén, Jesús - como escribe también el Evangelista Juan – “gritó, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán en su seno”. El Evangelista añade: “Esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en El” (Jn. 7, 37-39).
3. Todos deseamos acercarnos a esta fuente de agua viva. Todos deseamos beber del Corazón divino, que es fuente de vida y de santidad.
En El nos ha sido dado el Espíritu Santo, que se da constantemente a todos aquellos que con adoración y amor se acercan a Cristo, a su Corazón.
Acercarse a la fuente quiere decir alcanzar el principio. No hay en el mundo creado otro lugar del cual pueda brotar la santidad para la vida humana, fuera de este Corazón, que ha amado tanto. “Ríos de agua viva” han manado de tantos corazones... y ¡manan todavía! De ello dan testimonio los Santos de todos los tiempos.
4. Te pedimos, Madre de Cristo, que seas nuestra Guía al Corazón de tu Hijo. Te pedimos que nos acerques a El y nos enseñes a vivir en intimidad con este Corazón, que es fuente de vida y de santidad. 10 de agosto, 1986.
Corazón de Jesús propiciación por nuestros pecados
El Corazón de Jesús es fuente de vida, porque por medio de El actúa la victoria sobre la muerte. Es fuente de santidad, porque en El ha sido vencido el pecado que es adversario de la santidad en el corazón del hombre.
Jesús, que el domingo de resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo: a quien perdonaréis los pecados, les serán perdonados” (Jn. 20, 23).
Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.
2. Así pues, los Apóstoles han sido llamados a volver al Corazón, que es propiciación por los pecados del mundo. Y con ellos también nosotros somos llamados.
La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria, sobre el mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.
La pasión de Cristo y su muerte se han apoderado de todo su cuerpo. Se han cumplido mediante todas las heridas, que El ha recibido durante la pasión. Y se han cumplido sobre todo en el Corazón, porque el Corazón agonizaba mientras se apagaba todo el cuerpo. El Corazón se consumía al ritmo del sufrimiento que producían todas las heridas.
3. En este despojamiento el Corazón ardía de amor. Una llama viva de amor ha consumido el Corazón de Jesús en la cruz.
Este amor del Corazón fue la potencia propiciadora por nuestros pecados. Ello ha superado - y supera para siempre - todo el mal contenido en el pecado, todo el alejamiento de Dios, toda la rebelión de la libre voluntad humana, que se opone a Dios y a su santidad.
El amor que ha consumado el Corazón de Jesús el amor que ha causado la muerte de su Corazón - era y es una potencia invencible. Mediante el amor del Corazón divino, la muerte ha logrado la victoria sobre el pecado. Se ha convertido en fuente de vida y de santidad.
4. Cristo mismo conoce hasta el fondo este misterio redentor de su Corazón. Es testimonio inmediato del mismo. Cuando dice a los Apóstoles: Recibid el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, da testimonio de aquel Corazón que es propiciación por los pecados del mundo.
María, que eres refugio de los pecadores, ¡acércanos al Corazón de tu Hijo! 17 de agosto, 1986
Las "promesas" 1, 2, 3, 4, 5, 7 y 8 aparecen fundadas —exclusivamente o principalmente— en la carta 141, escrita por la Santa a su Director. No sabemos con seguridad si la Santa se dirige aquí al P. de la Colombiére o al P. Rolin o al P. Croiset.
La carta es muy breve. El texto sólo no llenaría dos páginas de la edición del P. Tejada. Las primeras palabras referidas de la Santa son: "¡Ojalá pudiera contar todo lo que sé de esta amable devoción, y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracias que Jesucristo encierra en este Corazón adorable, y que El tiene el designio de repartir con profusión entre todos aquellos que la practicaran".
No se trata únicamente de lo que sabe la Santa acerca de los tesoros encerrados en esta devoción, sino que ella se refiere además al designio que abriga el Corazón del Señor, de distribuir estas riquezas.
A continuación, añade Santa Margarita: "Jesucristo me ha hecho conocer en manera que no deja lugar a duda...", y se refiere a que por medio de los PP de la Compañía principalmente quería establecer en todas partes esta sólida devoción y de los admirables frutos de ella.
Continúa todavía: "Los tesoros de bendiciones y de gracias que encierra este Sagrado Corazón son infinitos... Sí, lo digo con seguridad, si se supiera cuan agradable es esta devoción a Jesucristo, no hay un cristiano, por poco amor que tenga hacia este amable Salvador, que no la practicara en seguida. “
Se puede decir que el sentido obvio de las "afirmaciones" hechas por la Santa es el de referirse a lo que el Sagrado Corazón le ha dado a conocer, no precisamente acerca de la que se puede llamar excelencia intrínseca de esta devoción, sino del "designio" del Sagrado Corazón con respecto a esta devoción.
La lectura de las cartas de Santa Margarita y de su Autobiografía lleva espontáneamente a confirmar esta manera de ser. Las que, consideradas en sí mismas, podrían parecer simples "afirmaciones" de la Santa son, en verdad, enunciado de lo que ella conoce como plan del Señor. Con otras palabras, equivale a transmitirnos "promesas" del Señor.
La promesa segunda (Daré paz a sus familias ) confirma esta interpretación, ya que al texto de la carta 141 se añade el de la carta 131, que explícitamente, dice: "promete..., además, que El reuniría todos los corazones para no formar más que uno con Él”. Lo mismo vale de la promesa cuarta, como referimos al presentar más arriba el texto de las promesas. Algo semejante podría decirse de la promesa séptima (Las almas tibias se harán fervorosas).
La promesa sexta (Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia ) no presenta la forma de "promesa". Sin embargo, no se puede dudar de que lo sea. (…)
La novena (Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada) es explícita y repetida promesa del Sagrado Corazón, como es explícita también la décima (Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos) y, por supuesto, la duodécima (A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final).
Encontramos la promesa undécima (Las personas que propaguen esta devoción tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él). como promesa referida a muchas personas contemporáneas de la Santa. (…)
Promesa clara en este mismo sentido es la que enuncia Santa Margarita con respecto a la Madre de Saumaise. En la famosa visión del 2 de julio de 1688, fiesta de la Visitación de la Virgen, aparece el hecho de que quienes más habían trabajado en hacer conocer y amar al Sagrado Corazón tenían sus nombres escritos con letras de oro de manera imborrable en el Corazón del Señor.(…)
E) Sentido de varias promesas.
A base de los escritos mismos de Santa Margarita podemos precisar el recto sentido en que han de tomarse algunas de las promesas, que tal vez se prestarían a interpretaciones no conformes al pensamiento que ha querido expresar la Santa.
1. Promesa quinta. “Bendeciré abundantemente sus empresas”
Las "bendiciones" del Señor no llevan consigo necesariamente éxitos humanos y satisfacciones sensibles. Sin entrar aquí en él misterio de la Providencia divina y en la realidad de lo que fue la vida y la pasión del mismo Hijo de Dios hecho hombre, Santa Margarita ofrece pasos muy significativos.
Es evidente para Santa Margarita que ella tiene una vocación personal enteramente singular de amor a la cruz y de participación en los sufrimientos del Señor. Ella sabe distinguir muy bien lo que el Sagrado Corazón puede pedir a cada uno. De todos modos, ningún cristiano ignora las palabras tan generales de Jesús: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). Este texto en el evangelio de San Lucas precisa más: "tome su cruz cada día" (Lc 9,23).
Estas bendiciones del Sagrado Corazón se insertan en el cuadro de gracias, aun de orden temporal, que el Señor nos dice que le pidamos y que la Iglesia y los fieles continuamente piden a su Señor. (…)
Notemos a la vez que sería contrario al pensamiento de Santa Margarita aceptar por interés egoísta el culto al Corazón de Jesús. Decía ella a la Madre de Saumaise, después de haberle comunicado de parte del Sagrado Corazón gracias especiales que el Señor le concedería, si abrazaba esta devoción: "Pero, como El quiere que le deis este gusto sin interés, por el amor de El mismo, no me permite El expresaros el resto de lo que os reserva, si le dais este contento". Al P. Croiset: "Y la razón por la que no me está permitido hablar de las recompensas que El promete a los que empleará en esta santa obra, es con objeto de que trabajen sin otro interés que el de su gloria, teniendo de mira su puro amor".
2. Promesa sexta. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
El texto de Santa Margarita, citado en segundo lugar, tomado de la carta 97 a la Madre de Saumaise, presenta una idea de "la divina justicia en su justa cólera", que conviene explicar.
A veces sorprende hoy este lenguaje, porque parece que con el Dios del Nuevo Testamento no dice bien el que se hable de "su justa cólera" y quizá ni aún de la "divina justicia". Parecería preferible atenerse a las palabras de San Juan: "Dios es amor" (1 Jn 4,8.16).
La palabra "cólera" lleva consigo una referencia a pasiones humanas, que tantas veces son reprensibles. Cuando en nuestro pobre lenguaje humano aplicamos a Dios este término, sabemos que ha de ser entendido sin alguna imperfección. Por lo demás, aun San Pablo en el Nuevo Testamento lo emplea: "Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres..." (Rom 1,18; véase 2,5.8; Ef 5,6; Col 3,16; 1 Tes 2,16).
En cuanto al problema real, y no sólo de terminología, es preciso recordar que Jesús mismo, que es quien nos ha revelado el amor de Dios, ha pronunciado terribles en el juicio final: "Apartaos de mí, malditos..." (Mt 25,41; cf. Lc 13,27).
Una dificultad diferente presenta el texto de Santa Margarita, y esta dificultad aparece aún más marcada en otros pasajes suyos. Parece que se contraponen la justicia de Dios y la misericordia del Corazón de Jesús. Si se entendiera realmente de ese modo, habría aquí un error. La misericordia del Corazón de Jesús, en cuanto hombre, es precisamente reflejo de la misericordia divina y participación de la de Dios; y en cuanto Dios, es la misma única misericordia del Padre y del Espíritu Santo.
Semejantes expresiones de Santa Margarita responden a un modo de hablar que era frecuente en su tiempo y que se oía desde los pulpitos. (…)
La Santa, por lo demás, hablará expresamente también de la misericordia en Dios: "...a fin de que los pecados no llegasen a su colmo, y que Dios, por su misericordia, perdonara a los pecadores, en gracia del amor que El tiene a este Sagrado Corazón...".(…)
Santa Margarita en el fondo de su pensamiento no opone la justicia de Dios a la misericordia del Corazón de Jesús, al ver que en el mismo Corazón de Jesús ve ella esos dos aspectos como opuestos: "Una vez, habiéndome hecho ver en este Corazón adorable dos santidades, una de amor y la otra de justicia...".
3. Promesa novena. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón se exponga y sea honrada
Es patente en Santa Margarita la exigencia que trae consigo el aceptar la devoción al Corazón de Jesús. Se trata de responder con un amor reparador al amor tan desconocido del Señor. A la vez es notable la fuerza que pone la Santa de parte del Señor en prácticas concretas, como ésta, exponer en público la imagen del Corazón de Jesús.
Responde esto no a un empequeñecimiento del culto al Sagrado Corazón y mucho menos a su reducción a algunas prácticas exteriores, sino a la realidad humana, que de lo exterior pasa a lo interior y que manifiesta de modo sensible lo que encierra en su espíritu. (…)
Dentro de la idea de la reparación tiene sentido particular el exponer en público la imagen del Corazón de Jesús para honrar de este modo al Señor, que tan despreciado fue en particular en su pasión, y lo sigue siendo de parte de tantos que no le reconocen. (…)
No podemos convertir en obstáculo para llegar al Corazón de Cristo lo que El sancionó como una poderosa ayuda. Pero tampoco nos es lícito desconocer la fuerza de las imágenes en esta que es llamada "cultura de la imagen", ni podemos contribuir al olvido de Cristo y de su Corazón, en un mundo que pretende secularizarse y que está desconociendo los valores del amor genuino, y de la verdadera afectividad humana. Ni puede el creyente dejar de tener presentes las palabras de Jesús: "Porque quien se avergüenza de mí..., de él se avergonzará el Hijo del hombre..." (Lc 9,26).
F) La "gran promesa". A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.
La Santa en este caso trata de referirnos palabras textuales del Sagrado Corazón. Las introduce precisando la ocasión en que las dijo el Señor, a saber, durante la comunión de un viernes. Modestamente, añade ella: "si no me equivoco".
El tono es el de una promesa excepcional, y así habla el Señor de "la excesiva misericordia de mi Corazón", de "su amor todopoderoso".
El contenido de la promesa está referido, en primer plano y directamente a los pecadores: "la gracia del arrepentimiento final, no muriendo en mi desgracia". Lo que añade el Señor se puede referir por igual a los pecadores y a los que ya estuvieran en la gracia del Señor: "no muriendo... sin recibir sus sacramentos (los sacramentos que son propios de ese momento), haciéndose mi Divino Corazón su asilo asegurado en el último momento".
La condición es comulgar nueve primeros viernes de mes seguidos. Exige nueve comuniones, en el primer viernes de mes, y nueve primeros viernes de mes seguidos.
Parece evidente que una comunión material, no realizada con las debidas disposiciones exigidas por el Señor, sería una burla y no podría contar con la promesa indicada. (…) Si se trata del acto supremo del culto como lo es la Eucaristía, este acto habrá de ser realizado "en espíritu y en verdad" (Jn 4,24).
Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II
Corazón de Jesús paciente y de mucha misericordia
Hoy (…) deseamos releer una vez más, junto con María, el Evangelio. En él aparece el Corazón de Jesús, paciente e inmensamente misericordioso.
¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que “pasó haciendo bien” a todos (cf. Hch 10, 38)? ¿De Aquel que hizo que los ciegos adquiriesen la vista, los cojos caminasen, los muertos resucitasen? ¿Qué a los pobres se les anunciara la Buena Nueva? (Cf. Lc 7, 22)
¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que no tenía Él mismo dónde reclinar la cabeza, mientras que los lobos tienen sus guaridas y los pájaros sus nidos (cf. Mt. 8, 20)?
¿No es tal vez así el Corazón de Jesús, que defendió a la mujer adúltera de la lapidación y luego le dijo: “Vete, y desde ahora en adelante no peques más” (cf. Jn 8, 3- 10)?
¿No es tal vez así el Corazón de Aquel que fue llamado “amigo de publicanos y pecadores” (cf. Mt 11, 19)?
2. ¡Miremos, junto con María, el interior de este Corazón!
¡Releámoslo a lo largo del Evangelio!
Más aún, sobre todo releamos este Corazón en el momento de la crucifixión. Cuando ha sido traspasado por la lanza. Cuando se ha desvelado hasta el fondo el misterio en El escrito.
El Corazón paciente, porque está abierto a todos los sufrimientos del hombre. ¡El Corazón paciente, porque está dispuesto El mismo a aceptar un sufrimiento inconmensurable con metro humano.
¡El Corazón paciente, porque es inmensamente misericordioso!
En efecto, ¿qué es la misericordia, sino esa medida particularísima del amor, que se expresa en el sufrimiento?
¿Qué es, en efecto, la misericordia sino esa medida definitiva del amor, que desciende al centro mismo del mal para vencerlo con el bien?
¿Qué es sino el amor que vence el pecado del mundo mediante el sufrimiento y la muerte?
3. ¡Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia!
¡Madre, que has mirado en este Corazón, cuando estabas presente al pie de la cruz!
Madre que, por voluntad de este Corazón, te has hecho Madre de todos nosotros.
¿Quién conoce como Tú el misterio del Corazón de Jesús en Belén, en Nazaret, en el Calvario?
¿Quién como Tú sabe que es paciente e inmensamente misericordioso?
¿Quién como Tú da testimonio incesantemente de ello? 27 de julio, 1986
Corazón de Jesús generoso para todos los que te invocan
Nos recogemos hoy durante la oración del Angelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea. Esto ocurrió al comienzo de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, Tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, “no tienen vino” (Jn 2, 3).
Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan.
Con tu oración en Caná de Galilea hiciste que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.
2. Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud: la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor.
Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. Quiere decir ser para los demás, ser para todos, ser para cada uno.
Para cada uno que llama. Llama a veces, incluso sin palabras. Llama por el hecho de poner al descubierto toda su verdad, y, en esta verdad, llama al amor.
La verdad tiene la fuerza de llamar al amor. Mediante la verdad todos aquellos que son “pobres de espíritu”, que “tienen hambre y sed de justicia” que, ellos mismos, “son misericordiosos” tienen la fuerza de llamar al amor.
Todos ellos – y tantos otros más – tienen un maravilloso “poder” sobre el amor. Todos ellos hacen que el amor se comunique, se dé y se manifieste así la generosidad del corazón.
Entre todos ellos, Tú, María, eres la primera.
3. ¡Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan! Mediante esta generosidad en amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y este es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos.
Se abre a todos y a cada uno. Se abre completamente por sí mismo. Y en esta generosidad no se agota. La generosidad del Corazón da testimonio de que el amor no está sometido a las leyes de la muerte, sino a las leyes de la resurrección y la vida. Da testimonio de que el amor crece con el amor. Esa es su naturaleza.
4. De esta verdad sobre el amor, dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI. Su corazón humano cesó de latir aquí, en Castelgandolfo, hace ocho años, en la fiesta de la Transfiguración del Señor.
Su humilde sucesor hace suya la misma verdad sobre el amor, que el difunto Pontífice proclamó con la palabra y con la vida hasta el final, invocando al Corazón divino.
Y por ello, pensando en el Papa Pablo VI, hoy, durante la oración del Angelus, nos unimos de modo particular a María, y decimos: Corazón de Jesús, generoso para aquellos que te invocan, acoge a tu siervo en tu eterna luz. 3 de agosto, 1986
Corazón de Jesús fuente de vida y de santidad
Recordemos cuando Jesús se acercó a la pequeña ciudad de Samaria, llamada Sicar, donde se encontraba una fuente que se remontaba a los tiempos del Patriarca Jacob.
En aquel lugar encontró a una samaritana, que se acercaba para sacar agua de la fuente. El le dice: “Dame de beber”. La mujer responde: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, mujer samaritana?”.
Entonces Jesús replicó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a El, y El te daría a ti agua viva”.
Y continuó: “El agua que yo te dé se hará en ti fuente que salte hasta la vida eterna” (cf. Jn. 4, 5-14).
¡Fuente! ¡Fuente de vida y de santidad!
2. En otra ocasión, en el último día de la fiesta de los Tabernáculos en Jerusalén, Jesús - como escribe también el Evangelista Juan – “gritó, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, según dice la Escritura, ríos de agua viva correrán en su seno”. El Evangelista añade: “Esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en El” (Jn. 7, 37-39).
3. Todos deseamos acercarnos a esta fuente de agua viva. Todos deseamos beber del Corazón divino, que es fuente de vida y de santidad.
En El nos ha sido dado el Espíritu Santo, que se da constantemente a todos aquellos que con adoración y amor se acercan a Cristo, a su Corazón.
Acercarse a la fuente quiere decir alcanzar el principio. No hay en el mundo creado otro lugar del cual pueda brotar la santidad para la vida humana, fuera de este Corazón, que ha amado tanto. “Ríos de agua viva” han manado de tantos corazones... y ¡manan todavía! De ello dan testimonio los Santos de todos los tiempos.
4. Te pedimos, Madre de Cristo, que seas nuestra Guía al Corazón de tu Hijo. Te pedimos que nos acerques a El y nos enseñes a vivir en intimidad con este Corazón, que es fuente de vida y de santidad. 10 de agosto, 1986.
Corazón de Jesús propiciación por nuestros pecados
El Corazón de Jesús es fuente de vida, porque por medio de El actúa la victoria sobre la muerte. Es fuente de santidad, porque en El ha sido vencido el pecado que es adversario de la santidad en el corazón del hombre.
Jesús, que el domingo de resurrección entra por la puerta cerrada, en el Cenáculo, dice a los Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo: a quien perdonaréis los pecados, les serán perdonados” (Jn. 20, 23).
Y diciendo esto, les muestra las manos y el costado, en el que están visibles los signos de la crucifixión. Muestra el costado, lugar del Corazón traspasado por la lanza del centurión.
2. Así pues, los Apóstoles han sido llamados a volver al Corazón, que es propiciación por los pecados del mundo. Y con ellos también nosotros somos llamados.
La potencia de la remisión de los pecados, la potencia de la victoria, sobre el mal que alberga en el corazón del hombre, se encierra en la pasión y en la muerte de Cristo Redentor. Un signo particular de esta potencia redentora es precisamente el Corazón.
La pasión de Cristo y su muerte se han apoderado de todo su cuerpo. Se han cumplido mediante todas las heridas, que El ha recibido durante la pasión. Y se han cumplido sobre todo en el Corazón, porque el Corazón agonizaba mientras se apagaba todo el cuerpo. El Corazón se consumía al ritmo del sufrimiento que producían todas las heridas.
3. En este despojamiento el Corazón ardía de amor. Una llama viva de amor ha consumido el Corazón de Jesús en la cruz.
Este amor del Corazón fue la potencia propiciadora por nuestros pecados. Ello ha superado - y supera para siempre - todo el mal contenido en el pecado, todo el alejamiento de Dios, toda la rebelión de la libre voluntad humana, que se opone a Dios y a su santidad.
El amor que ha consumado el Corazón de Jesús el amor que ha causado la muerte de su Corazón - era y es una potencia invencible. Mediante el amor del Corazón divino, la muerte ha logrado la victoria sobre el pecado. Se ha convertido en fuente de vida y de santidad.
4. Cristo mismo conoce hasta el fondo este misterio redentor de su Corazón. Es testimonio inmediato del mismo. Cuando dice a los Apóstoles: Recibid el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, da testimonio de aquel Corazón que es propiciación por los pecados del mundo.
María, que eres refugio de los pecadores, ¡acércanos al Corazón de tu Hijo! 17 de agosto, 1986
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