martes, 19 de marzo de 2013

El Apostolado de la Oración en el Magisterio de la Iglesia


1.- Introducción

Dos obras sobre el Apostolado de la Oración separadas 100 años de tiempo.

 Una, del P. Enrique Ramière S.J. “EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN SANTA LIGA DE CORAZONES CRISTIANOS…” 1861.

o PRIMERA PARTE. Naturaleza Del APOSTOLADO De La Oración.—FuenTes DE DONDE SACA SU EFICACIA.

o SEGUNDA PARTE. Ventajas Y Oportunidad Del APOSTOLADO De La Oración

o TERCERA PARTE. PRÁCTICA Y ORGANIZACIÓN DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

 Otra, del P. Juan Manuel Igartua S.J. “VIVIR CON LA IGLESIA”. 1961

o PRIMERA PARTE: PLAN DIVINO DE REDENCIÓN

o SEGUNDA PARTE: NUESTRA COLABORACIÓN AL PLAN DIVINO

o TERCERA PARTE: CONQUISTA DEL REINO DE DIOS

2.- Reflexiones sobre el Apostolado de la Oración

El apostolado de la Oración tiene 4 puntos principales: el ofrecimiento, la participación en la Eucaristía y la Comunión, la Consagración y la Reparación al Corazón de Jesús, y la oración por el Papa, Obispos y sacerdotes.

Es fácil pertenecer al apostolado y cualquier persona desde su primera comunión puede ser miembro y aprender a vivir unido al Corazón de Cristo, a través de las maternales manos de su madre, María.

Es una manera de vivir la pertenencia a la Iglesia Católica de un modo universal, en unión con todos los hombres y mujeres del mundo. Al mismo tiempo tiene en cuenta los dos mandamientos de Dios en que se encierran los 10 mandamientos dados por Dios a Moisés en el Sinaí: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

La fuerza para amar al prójimo la encuentra el cristiano en la Eucaristía. Nos ha dado un ejemplo perfecto de esto la Beata madre Teresa de Calcuta. Ella, que fue un ejemplo de entrega a los más pobres de entre los pobres, pasaba diariamente horas en oración, en adoración al Santísimo y, por supuesto, cada día participaba en la santa Misa y en la Comunión.

Otro ejemplo vivo es sor Ángela de la Cruz, de Sevilla, que se entregaba a los pobres más abandonados y pasaba horas ante el sagrario, donde cogía la fuerza.

El cristiano debe ser, desde niño, animado a compartir sus bienes espirituales y materiales con los necesitados, y hay que enseñarles a ser misioneros desde su casa, su colegio y en toda su vida.

El trabajo es oración, ya lo decía santa Teresa de Ávila: hasta en los pucheros anda el Señor, dándonos a entender que toda nuestra vida ha de ser un acto de entrega a Dios y a los demás. Pero para poder vivir de ese modo nuestra vida, debemos alimentarnos con el cuerpo de Cristo y unirnos a Él en todos los momentos del día. El ofrecimiento de obras por la mañana nos prepara para vivir de este modo nuestra entrega.

Los niños comprenden perfectamente este modo de actuar y aprenden a ser misioneros, como santa Teresa del Niño Jesús, que es patrona de las misiones y del apostolado de la oración sin haber salido de su convento en Francia. Y también es patrono san Francisco Javier, que sí estuvo en la India y China y murió a las puertas de Japón.

Para impulsar esta asociación que se ofrece por la salvación de las almas y la venida del Reino de Cristo, unida al amor de Cristo manifestado en la Cruz, pienso que se debería volver a hacer hincapié en que los niños de los colegios católicos recen cada día el ofrecimiento, haciéndose así más sensibles a las necesidades de la Iglesia, su madre, y de toda la humanidad.

El Corazón de Jesús es el símbolo del Amor misericordioso de Dios, que se ha hecho hombre para salvarnos y ha vivido en el mundo para darnos ejemplo de amor y solidaridad con todos. Nos habla de las bienaventuranzas, nos da ejemplo de las obras de misericordia, nos da ejemplo de compasión y de perdón, aún en el momento de la muerte en la cruz. Nos deja en herencia el mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros como Yo os he amado. Hay que dar la vida por el prójimo. Tenemos muchos ejemplos, pero voy a destacar a san Maximiliano Kolbe, que se entregó a la muerte en la segunda guerra mundial por otro hombre que estaba casado y no quería morir.

Esta asociación nos une con toda la humanidad en la tierra y en el cielo.

3.- Fundamentos de la espiritualidad del Apostolado de la Oración

El origen de esta obra de la Iglesia, como dijo el P. Ramière S.J., está en la Carta de San Pablo a Timoteo:

Te ruego, ante todas las cosas, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias por todos los hombres… Esto es bueno y acepto a los ojos de Dios nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Uno es Dios, y uno el Mediador entre Dios y los hombres: el Hombre Cristo Jesús, que se dio a Sí mismo por la redención de todos.

La eficacia de la oración, la oración asociada y la espiritualidad de la devoción al Corazón de Jesús, con sus actos de consagración y reparación, constituyen los elementos esenciales de esta obra apostólica que tiene por objeto la salvación de todos los hombres, que llegue a plenitud la obra de la redención de Jesucristo en el ámbito individual, familiar y social, de ahí el lema adoptado, petición del Padre nuestro: “Venga a nosotros tu reino”.

El modo de vivir esa espiritualidad es por medio del ofrecimiento de la vida que se renueva cada día y cuantas veces sea necesario rezando la oración del ofrecimiento y con la participación en el sacrificio eucarístico, memorial de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, ofreciendo la persona en unión con Jesucristo, ejerciendo así el oficio sacerdotal del sacerdocio común de los fieles y con la ayuda de la devoción a la Virgen, en concreto con el rezo del santo Rosario.

4.- Testimonios del Magisterio de la Iglesia sobre el Apostolado de la Oración

Se debe tener en cuenta que estos juicios del Magisterio de la Iglesia que a continuación se señalan, han sido hechos antes de la re-creación y por las afirmaciones que contienen no parece que la Asociación requiera replanteamientos doctrinales, sino más bien que se difunda en el mismo sentido y con el mismo espíritu con el que fue fundado.

4.1.- CARTA APOSTÓLICA MAXIMUM ILLUD DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XV 30 de noviembre de 1919

85. (…) la asociación llamada «Apostolado de la Oración», queremos recomendarla aquí encarecidamente a todos los buenos cristianos, deseando que ninguno deje de pertenecer a ella, para que así, si no de obra, al menos por el celo participen de sus apostólicos trabajos.


4.2.- Encíclica Mystici Corporis Christi – Pío XII - 29 de junio, de1943

50.(…) A todos aquellos, pues, que por cualquier causa yacen en la tristeza y en la congoja, con ánimo paterno les exhortamos a que, confiados, levanten sus ojos al Cielo y ofrezcan sus aflicciones a Aquel que un día les ha de recompensar con abundante galardón. Recuerden todos que su dolor no es inútil, sino que para ellos mismos y para la Iglesia ha de ser de gran provecho, si animados con esta intención lo toleran pacientemente. A la más perfecta realización de este designio contribuye en gran manera la cotidiana oblación de sí mismos a Dios, que suelen hacer los miembros de la piadosa asociación llamada Apostolado de la Oración; asociación que, como gratísima a Dios, deseamos de corazón recomendar aquí con el mayor encarecimiento.

4.3.- RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS FIELES ARGENTINOS EN EL I CENTENARIO DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN - Domingo 28 de octubre de 1945

(…) el Apostolado de la Oración; (…) el recuerdo en un fruto más generoso y más grande.

¡La República Argentina, la gran nación americana, el país de los solemnes triunfos eucarísticos está ya y para siempre consagrado al Corazón Deífico!

4.4.- RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS FIELES ESPAÑOLES EN EL I CENTENARIO DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN - Domingo 18 de noviembre de 1945

(…) ¿por qué admirarse de que esté canónicamente erigido casi en la totalidad de vuestras diócesis y bajo su estandarte se agrupen más de dos millones de corazones fervorosos? (…)

¡Y en poco tiempo, qué hoguera ! Los nombres, providencialmente reunidos en haz fraternal, de Bernardo Francisco de Hoyos, Agustín de Cardaveraz, Juan de Loyola y Pedro de Calatayud dicen más que un volumen de historia, porque muestran la generosidad con que el alma española correspondió a aquel nuevo esfuerzo de la misericordia divina, a aquella «redención amorosa», que la caridad inagotable de un Dios ofrecía a la triste humanidad del siglo XVIII. (…)

4.5.- Carta de S. S. Pío XII al Prepósito general de la Compañía de Jesús 19-09-1948 - Congreso Internacional de directores del Apostolado de la Oración

(…) Esta forma de apostolado, lejos de terminar en la reci¬tación de algunas oraciones, tiende más bien, por su na¬turaleza, a conferir a sus miembros la forma más perfecta de la vida cristiana, dado que ningún verdadero cristiano, injertado como está mediante el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo, puede aspirar a su propia santificación, olvidando la salvación eterna de los demás, ya que «a to¬dos mandó el Señor que pensaran en su prójimo» (cfr. Ec-cli., 17, 12).

(…) el Apostolado de la Oración es Una forma perfecta de la devoción al Sagrado Corazón de Je¬sús, y a su vez, la devoción al Divino Corazón de Jesús de ningún modo puede andar separada del Apostolado de la Oración —, y así como es propio de esta devoción ex¬citar el amor hacia Dios y hacia los hombres hasta la plena entrega de sí mismo, por eso vuestro Sodalicio tomó como lema propio la petición del Padre nuestro: «Venga a nos el Tu Reino».

Con el ofrecimiento cotidiano que, si es bien compren¬dido, representa una verdadera consagración al Corazón de Jesús; (…)con el culto al Corazón Inmaculado de la bienaventurada Virgen María, que va tomando incremento maravilloso; con la participa¬ción, cada vez más frecuente, de los fieles en la Sagrada Eucaristía; con el encendido amor hacia el Vicario de Je¬sucristo y con las intenciones particulares que todos los meses se proponen a las asociaciones; (…) el Apostolado de la Oración for¬ma las masas y los grupos escogidos para la vida cristia¬na y para la piedad y los enfervoriza para la acción (…).

(…) Nos hemos declarado, y de nuevo gustosísimamente declara¬mos, que sería para Nos cosa gratísima el que todos los fie¬les sin excepción diesen su nombre a está sagrada milicia (…).

4.6.- Exhortación apostólica Menti nostrae - de su santidad Pío XII - sobre la santidad de la vida sacerdotal - 23 de septiembre de 1950

(…) El sacerdote debe, además, cuidar que los fieles comprendan bien la doctrina de la Comunión de los santos, la sientan, y la vivan; y para promoverla, sírvase de obras como el Apostolado litúrgico y el Apostolado de la oración.

4.7.- Carta de Pío XII aprobando los estatutos del A de la O 28 de octu¬bre de 1951

(…) Por medio del ofrecimiento diario, que es el elemento esencial y que se completa con otros ejercicios de pie¬dad, sobre todo al Corazón de Jesús, toda la vida de los asociados se transforma en sacrificio de alabanza, satisfacción e impetración; y así se lleva a efecto lo que se comenzó en el bautismo: que la vida del hombre cristiano debe ser como un sacrificio que se ofrece en Cristo y con Cristo para el honor de Dios Padre y para la salvación de las almas. (…)

Finalmente, por medio de la fervoriosísima piedad al Sacratísimo Corazón de Jesús, que es como el alma de este Pío Soladicio, los fieles son llamados a una estrechísima unión con Cristo: de ahí que la caridad de cada uno hacia los prójimos se haga más ferviente; de ahí que sus oraciones, trabajos y padecimientos asciendan a la más alta cumbre de eficacia; de ahí que se excite el deseo de consagrarse al Divino Corazón y presentarle continuamente expiaciones, por las cuales, puesto que lo promete Él mismo, sabemos que ha de conceder a los hombres, envueltos en tantas miserias, torrentes de mi¬sericordia y de gracia, como realmente los ha derramado por todas partes.

4.8.- Carta Encíclica HAURIETIS AQUAS - DE SU SANTIDAD PÍO XII 15-05-1956

(…) el Apostolado de la Oración, a cuyo celo y actividad se debe que familias, colegios, instituciones y aun, a veces, algunas naciones se hayan consagrado al Sacratísimo Corazón de Jesús. Por todo ello, ya en Cartas, ya en Discursos y aun Radiomensajes, no pocas veces hemos expresado nuestra paternal complacencia.

4.9.- Discurso de Pío XII al Congreso de Directores del Apostolado de la Oración -27 de septiembre de 1956.

1) Explicaremos primeramente la peculiar relación que existe en general entre el Apostolado de la Oración y el apostolado de los laicos».

(…) dos géneros o dos formas de apostolado pueden todos ejercitar, a saber: el apostolado del buen ejemplo y el apostolado de la oración. Pues estos géneros de apostolado no requieren tiempo ni fuerzas especiales. Solamente requieren esto: que cada uno obre como cristiano sincero y viva muy unido con Cristo. (…).

2) (…) intensamente deseamos que todos los que se dedican a las obras de apostolado se adhiera al «apostolado de la oración» y se imbuyan de su espí¬ritu; clérigos y laicos, varones y mujeres, que en la Acción Católica, o en otras Asociaciones ayudan al apostolado jerárquico.

3) (…). Pues, (…) vuestra Asociación (…) los lleva a una forma perfecta de apostolado de la oración; es decir, a que diariamente ofrezcan a Dios y a Cristo todas sus oraciones y acciones, lo que hacen y lo que padecen, las cosas buenas y malas que les ocurren, y aun a sí mismo; y se unan al sacrificio de Jesucristo, asistiendo a él lo más frecuentemente que puedan, para imitar el ejemplo de la Santísima Virgen María, y según las Intenciones del Sumo Pontífice, por el bien e incre¬mento de toda la Iglesia. (…)

4) De todas estas cosas que hasta aquí hemos dicho, fácilmente aparece que el Apostolado de la Oración(…). No compite con ellas (otras obras de apostolado), sino que de tal manera se las une, que las penetra como aire puro y sano, con el cual la vida sobrenatural y la acción apostólica siempre y en todas partes se renueven y confirmen.

4.10.- Discurso de Juan Pablo II al Congreso mundial de secretarios nacionales del Apostolado de la Oración del 13 de abril de 1984

“Al inculcar la espiritualidad del «ofrecimiento» en unión con la oblación de Cristo en la Santa Misa, el Apostolado de la Oración está en la línea de la enseñanza conciliar que presentó el Sacrificio eucarístico como fuente, centro y cima de toda la vida cris¬tiana (cf. Lumen gentium, 11; Presbyterorum ordinis, 5; Ad gentes, 9), y sitúa en su valor propio la «Oración de los fieles» que la Iglesia ha restablecido en la celebración eucarística y en la Liturgia de las Horas (cf. Sacrosanctum Concilium, 53)”.

“El Apostolado de la Oración se ha distinguido siempre por su voluntad de propagar la devoción y espiritualidad del Corazón del Re¬dentor. En ello ha seguido las enseñanzas y exhortaciones de mis vene¬rados predecesores, como León XIII, que propuso la consagración del género humano al Sagrado Corazón en su Encíclica Annum Sacrum (25 de mayo de 1899), Pío XI, que inculcó la consagración al Corazón de Jesús y el deber de reparar en la Encíclica Miserentissimus Redemptor (8 de mayo de 1928), y Pío XII, que escribió la Encíclica Haurietis aquas (15 de mayo de 1956): «El Corazón de Cristo es el corazón de una Persona divina, es decir, del Verbo encarnado y que, por consi¬guiente, representa y casi pone ante los ojos todo el amor que Él nos ha tenido y nos tiene aún. Y aquí está la razón de por qué el culto al Corazón Sacratísimo de Jesús se debe tener en tanta estima que se considere la profesión más completa de la religión cristiana (...). Siendo esto así, fácilmente se deduce que el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús no es sustancialmente sino el mismo culto al amor con que Dios nos amó por medio de Jesucristo, al mismo tiempo que el ejercicio de nuestro amor a Dios y a los demás hombres» (n. 29; AAS 48, 1956, págs. 344 y s.)”.

“Deseo recordar también a mi gran predecesor Pablo VI, que insis¬tió sobre la centralidad de la devoción al Corazón de Jesús en la Carta Apostólica Investigabiles divitias: «Puesto que el Sacrosanto Concilio Ecuménico recomienda encarecidamente los ejercicios piadosos del pue¬blo cristiano (...). sobre todo cuando se cumplen por voluntad de la Sede Apostólica, esta forma de devoción parece se ha de inculcar sobre todas las demás. Porque... es un culto que consiste esencialmente en adorar y reparar debidamente a Cristo Señor y se basa sobre todo en el augusto misterio de la Eucaristía, y de ésta —como de las otras acciones litúrgicas— se sigue la santificación de los hombres y la glorificación de Dios en Cristo, hacia la que convergen como a su fin todas las acti¬vidades de la Iglesia» (AAS 57, 1965, págs. 300 y s.)”.

“Sigan siendo, por tanto, evangelizadores del que es rico en miseri¬cordia, pues «la Iglesia parece profesar de manera particular la mise¬ricordia de Dios y venerarla dirigiéndose al Corazón de Cristo» (Dives in misericordia, 13).”

“El Apostolado de la Oración puede dar una aportación valiosa y concreta a la difusión en todos los niveles de la afirmación grande y consoladora de que cada cristiano puede estar unido íntimamente a Cristo Redentor por medio del ofrecimiento de su vida al Corazón de Cristo”.
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sábado, 9 de marzo de 2013

El Apostolado de la Oración y el Magisterio de la Iglesia

EL ENIGMA DE LA PROFECÍA DE SAN MALAQUÍAS SOBRE LOS PAPAS - P. Juan Manuel Igartua S.J.

EL ENIGMA DE LA PROFECÍA DE SAN MALAQUÍAS SOBRE LOS PAPAS - P. Juan Manuel Igartua S.J.  

Esta obra se publicó en 1976 y es una obra de más de 500 páginas con 16 láminas. Estudia el posible valor profético de una revelación privada y lo que pide el asentimiento de nuestra fe, es la Escritura y la Tradición de la revelación pública de la que es intérprete el Magisterio de la Iglesia. Con gran rigor y recopilación de datos analiza el tema de los aciertos de la lista. Se consideran los 113 o 112 lemas de que se compone según que el último se desdoble en dos o no, como figura en las primeras ediciones. Se comprueban los aciertos de las dos partes de la lista. La primera va desde Celestino II (1143-44), hasta Clemente VIII (1592-1605), que es el lema 77 durante cuyo pontificado se publicó, y la segunda que va desde ahí al futuro Pedro Romano.

La publicación fue realizada por el monje belga Wion en su obra “Lignum vitae” en 1595 haciendo alusión a una lista del arzobispo S. Malaquías muerto en 1148 comentada a su vez por el célebre dominico Chacon.

El problema de la autenticidad de la atribución como autor a S. Malaquías  y por lo tanto de si la primera parte hasta su publicación es un ingenioso resumen histórico, queda en el estudio del P. Igartua S.J. separado del sorprendente tema de los aciertos de la lista desde la fecha de la publicación hasta ahora. Esto último es lo importante desde un estudio crítico de su posible valor profético.

Para la apropiación de los lemas a los pontífices se estudian datos personales, históricos y simbólicos y en esta apropiación en el último de los pontífices se acababan de producir referencias muy notables. A Juan Pablo I le correspondía el lema 109 “De medietate lunae”, “De la mitad de la luna”. Su nombre era “Albino” que significa “blanco”, su apellido “Luciani” de la palabra “luz”, el lugar de nacimiento en la diócesis de “Belluno” y el día de su elección menguante exacto de la luna.

El P. Igartua S.J. analiza los lemas aplicando los distintos criterios e incluso estudia una posible clave matemática basada en algunos lemas concretos que hacen referencia a Pedro. También estudia la posibilidad de que el lema 73 que le corresponde a Sixto V (1585-1590), “Axis in medietate signi”, “Eje en la mitad del signo”, divida la lista en dos partes iguales. Según esto desde el primer Papa de la lista  Celestino II (1143) a la mitad del pontificado de Sixto V (1587) son 444 años. Sumando otros 444 sale el segundo milenario de la Redención (2031).  

Tras el análisis de los aciertos, aplicando el cálculo de probabilidades afirma queaparece al menos como probable un carácter de acierto en el documento que no puede ser atribuido al mero azar o casualidad, y que por lo mismo resulta como probable el acierto profético”. Y en otro lugar “la lista se presenta como de probable carácter profético en su segunda parte posterior a la publicación en 1595”. A continuación se pregunta si se podrá llegar a una conclusión más cierta. Es entonces cuando dice que en el pontificado correspondiente aGloria olivae” es el que dará la clave del valor profético de la lista.

Explicando este lema da dos posibles interpretaciones. La primera sería la paz universal simbolizada por el ramo de olivo que trajo la paloma después del diluvio. La segunda la conversión de Israel. Esto último está claramente afirmado en al capítulo XI de la carta de S. Pablo a los Romanos donde dice que Israel es el verdadero olivo. También recoge de otros intérpretes, que en el Apocalipsis 11,4 se habla de “dos olivos  o “dos testigos” en los que los antiguos intérpretes veían a Elías y Henoch.

Del lema “In persecutione” dice que habría que pensarlo relacionado con la persecución de la Iglesia Romana que quizás sea la del Anticristo por ser la última.

Del lema “Petrus Romanus” dice que, si es un lema distinto del anterior y no una clave-resumen, se halla conectado  con la destrucción de la ciudad de Roma descrita en los capítulos 17-19 del Apocalipsis.

Su conclusión es la siguiente:

“En otras palabras: si durante el pontificado n. 111 sucede una de estas dos cosas (o aun las dos juntas): o que se obtenga una paz universal cristiana (lo que parece exigir la conversión y fe de las naciones), o que llegue entonces la conversión de Israel anunciada por los profetas y por Pablo, se habría obtenido en tal pontificado la convicción de ser la lista de instinto profético.

En cuyo caso, con gran seguridad se podría pensar que el n. 112 traerá una persecución, (¿cómo?) y quizás el fin de la historia, o que le seguirá todavía el n. 113 con la destrucción de Roma y el Juicio final.
D. Francisco Canals decía en esta revista en Agosto del 2002, comentando estos lemas en diálogo con otro profesor y recordando conversaciones del P. Orlandis, “el lema “De gloria olivae”…. Sugiere el comienzo por lo menos de la profetizada conversión del pueblo judío, de la que ha hablado también el Concilio Vaticano II”, ”la oportuna cita que acompaña al lema último, el de “Petrus Romanus”… la Ciudad de la Siete Colinas es Roma, que ya san Agustín llamaba la Babilonia de Occidente…Afirmaba Cornelio a Lapide que Roma sería destruida por el poder universal del anticristo en odio a Cristo y a su Iglesia y que lo sería desde Jerusalén, ciudad donde todavía serían perseguidos los que fuesen creyentes en el Dios de Israel, aunque esta persecución sería contemporánea del inicio de la conversión del pueblo escogido.”

Entendido así, la última persecución de la Iglesia Romana y el juicio de Dios sobre las Naciones ejercido con la destrucción de Roma no sería el fin de los tiempos sino el fin del “tiempo de las naciones”, de que habla Jesús en el evangelio del evangelista Lucas.”Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones”(Lc. 21,24).

Tal vez la profecía de san Malaquías habla de los últimos pontífices romanos del tiempo de las naciones, después del cual, como lo afirmaba también san Buenaventura, vendría la época anunciada por san Pablo de la nueva vocación de los judíos, cuya conversión sería para todo el mundo como un retorno de muerte a vida, y según san Buenaventura abriría los tiempos últimos de la paz universal”.

Y acaba comentando que  ese tiempo será la época en que el león y la oveja pacerán juntos y surgirán nuevos cielos y nueva tierra.

lunes, 18 de febrero de 2013

Charla: El enigma de la profecía de S. Malaquías

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martes, 19 de junio de 2012

CLAUSURA CURSO - ULTIMAS LETANIAS DEL CORAZON DE JESÚS

Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II

Para terminar las meditaciones que hizo Juan Pablo II sobre las letanías del Corazón de Jesús faltaban:


Corazón de Jesús, fuente de toda consolación
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos

El conjunto de las letanías expresan de muchas formas el misterio de la salvación del hombre redimido por el amor misericordioso del Corazón de Jesús. Hay algunas de las invocaciones que expresan el misterio central de la Encarnación del Verbo y su vinculación con el misterio de la Santísima Trinidad, otras van mostrando aspectos del Corazón de Jesús que son modelo y fuerza para todos los cristianos.

Entre estas siete últimas las tres primeras invocaciones muestran que el Corazón de Jesús es consuelo, vida, resurrección, paz y reconciliación nuestras, la cuarta manifiesta que se entregó libremente por la salvación de cada uno de nosotros y como consecuencia de ese sacrificio redentor es salvación, esperanza para los que mueren en Cristo y finalmente delicia de todos los santos que nos lleva a meditar sobre el cielo donde viviremos en unión y amistad perpetua con el Corazón de Jesús, colmados todos los deseos y sin necesidad alguna porque todas nuestras ansias se verán satisfechas y gozaremos de la felicidad perpetua, estable y definitiva.

Corazón de Jesús, fuente de toda consolación


Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que (…) consuela a su pueblo en la hora de la aflicción. Incluso, comparándose con una madre llena de ternura para sus hijos

Y; en toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (cf. Lc 4, 16-21; Is 61, 1-2).

Del Corazón de Cristo
*    brotó una tranquilizadora bienaventuranza: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5, 5),
*    así como la (…) invitación: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso” (Mt 11, 28).
*    La consolación que provenía del Corazón de Cristo era participación en el sufrimiento humano, voluntad de mitigar el ansía y aliviar la tristeza
*   
3. El Corazón del Salvador es también, más aún, principalmente “fuente de consuelo”, porque Cristo, juntamente con el Padre, dona el Espíritu Consolador (…): Espíritu de verdad y de paz, de concordia y de suavidad, de alivio y de consuelo:

4. Toda la vida de Cristo fue (…) un continuo ministerio de misericordia y de consolación.
Esta invocación es recuerdo de la fuente de la que, a lo largo de los siglos, la Iglesia ha recibido consolación y esperanza en la hora de la prueba y de la persecución. 13 de agosto, 1989.

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra


1. Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón (…) nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta (…):”Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25).

*    Jesús es la vida que brota eternamente de la vida divina fuente del Padre:
*    Jesús es vida en Sí mismo
*    Jesús es también vida para nosotros. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).

2. Jesús es también la resurrección. Nada es radicalmente opuesto a la santidad de Cristo (…) como el pecado; nada es tan opuesto a Él, fuente de vida como la muerte.

El Corazón de Cristo (…): restituyó la vida física a Lázaro, al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo. El Corazón de Cristo con la fuerza de su amor misericordioso devolvió la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.

3. Hermanos y hermanas: Nadie como María ha experimentado que el Corazón de Jesús es “vida y resurrección”:

Glorificada en el cielo, la Virgen está, con su Corazón de Madre, al servicio de la redención obrada por Cristo… “Madre de la vida”, está cerca de toda mujer que da a luz un hijo; está a lado de toda fuente bautismal, donde, por el agua y por el Espíritu (cf. Jn 3, 5) nacen los miembros de Cristo; “Salud de los enfermos”, está en donde la vida se consume por el dolor y la enfermedad; “Madre de misericordia”, Ella llama a quien ha caído bajo el peso de la culpa para que vuelva a las fuentes de la vida; “Refugio de los pecadores”, señala, a quienes se había alejado de Él, el camino que conduce a Cristo; “Virgen dolorosa”, junto al Hijo que muere (cf. Jn 19, 25, Ella está en donde la vida se apaga. 27 de agosto, 1989.

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra


1. Jesús es nuestra paz. (…) el significado bíblico del término “paz”: indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha traído a los hombres. (…)

2. Jesús es, al mismo tiempo nuestra reconciliación. En el Corazón de Cristo, lleno de amor hacia el Padre y hacia los hombres, su hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre le cielo y la tierra: “Fuimos reconciliados con Dios – dice el Apóstol – por la muerte de su Hijo” (Rom 5, 10).

En su Corazón encontrará paz y descanso: allí, su duda se transformará en certidumbre; el ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad.

Allí encontrará alivio al dolor, valor para superar el miedo, generosidad para no rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.

3. El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: (…) 3 de septiembre, 1989.


Corazón de Jesús, víctima de los pecadores


1. Jesús (…) “fue entregado por nuestros pecados” (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, “Dios le hizo pecado por nosotros” (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.

En Él se cumplió de modo perfecto la figura del “cordero pascual”. Juan Bautista reconoció en Él al verdadero “cordero de Dios” (Jn 1, 29): cordero inocente, que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirlo en las aguas saludables del Jordán (cf. Mt 3, 13-16) y paralelos); (…)

Jesús es víctima voluntaria, porque se ofreció libremente a su pasión (…) como víctima de expiación por los pecados de los hombres

2. Jesús es víctima eterna. Resucitó de la muerte y glorificado a la derecha del Padre, Él conserva en su cuerpo inmortal las señales de las llagas, de las manos y de los pies taladrados, del costado traspasado (cf. Jn 20, 27; Lc 24, 39-40) y los presentan al Padre en su incesante plegaria de la intercesión a favor nuestro (cf. Hb 7, 25: Rm 8, 34). 10 de septiembre, 1989.

Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan


1. En la Sagrada Escritura aparece (…) la afirmación (…) el Señor es “un Dios que salva” (cf. Ex 15-2; Sal 51, 16; 79, 9; Is 46, 13); y la salvación es un don gratuito de su amor y de su misericordia. El Apóstol Pablo (…) afirma: Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tim 2, 4; cf 4, 10).

2. Jesús es la epifanía del amor salvífico del Padre (cf. Tt 2, 11; 3, 4). (…) en Jesús todo está en función de su misión de Salvador: el nombre que lleva (“Jesús”, significa “Dios salva”), las palabras que pronuncia, las acciones que realiza y los sacramentos que instituye.

En el Corazón de Cristo podemos, por tanto, colocar nuestra esperanza. ¡Refugiémonos, por consiguiente, en el Corazón de Cristo! Él nos ofrece una palabra que no pasa (cf. Mt 24, 25), un amor que no desfallece, una amistad que no se resquebraja, una presencia que no cesa (cf. Mt 28, 20). 17 de septiembre, 1989.

Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren


1. (…) La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiana, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.

2. (…) ¿Qué significa morir en Cristo”?

*    ante todo, (…) leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de las enseñanzas del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también Él a través de la muerte, ha ido a prepararnos un lugar (cf. Jn 14, 2); es decir creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y fruto abundante (cf. Jn 12, 24).

*    confiar en Cristo y abandonarse totalmente a Él, (…).

*    cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, “ni la muerte ni la vidapodrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm 8, 38, 39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (cf. Jn 3, 20).

*    También (…), fortificarse para aquel momento decisivo con los “signos santos” del “paso pascual”: el sacramento de la Penitencia, que nos reconcilia con el Padre y con todas las creaturas; el santo Viático, el Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo.

*    Finalmente, “morir como Cristo”: orando y perdonando; teniendo junto así a la bienaventurada Virgen. Como madre, Ella estuvo junto a la cruz de su Hijo (cf. Jn 19, 25);(…) . 5 de noviembre, 1989.

 

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos

                                                                    

1. De la esperanza al cumplimiento, del deseo a la realización, de la tierra al cielo: este parece ser, amadísimos hermanos y hermanas; el ritmo según el cual suceden las tres últimas invocaciones de las letanías del Sagrado Corazón.

Tras las invocaciones "salvación de los que en ti esperan", y "esperanza de los que en ti mueren", las letanías concluyen dirigiéndose al Corazón de Jesús como "gozo de todos los santos". Es ya visión de paraíso: es anotación veloz acerca de la vida del cielo; es palabra breve que abre horizontes infinitos de bienaventuranza eterna.
2. La vida del cielo no es más que la fruición perfecta, indefectible e intensa, del amor de Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y no es más que la revelación total del ser íntimo de Cristo, y la comunicación plena de la vida y del amor que brotan de su Corazón. En el cielo los bienaventurados ven satisfecho todo deseo, cumplida toda profecía, aplacada toda sed de felicidad, y colmada toda aspiración.
3. Por eso el Corazón de Cristo es la fuente de la vida de amor de los santos: en Cristo y por medio de Cristo los bienaventurados del cielo son amados por el Padre, que los une a Sí con el vínculo del Espíritu, divino Amor; en Cristo y por medio de Cristo, ellos aman al Padre y a los hombres, sus hermanos, con el amor del Espíritu.
El Corazón de Cristo es el espacio vital de los bienaventurados: el lugar donde ellos permanecen en el amor (cf. Jn 15, 9), sacando de él gozo perenne y sin límite. La sed infinita de amor, misteriosa sed que Dios ha puesto en el corazón humano, se apaga en el Corazón divino de Cristo.
Allí se manifiesta en plenitud el amor del Redentor hacia los hombres, necesitados de salvación; del Maestro hacia los discípulos, sedientos de verdad: del Amigo que anula las distancias y eleva a los siervos a la condición de amigos, para siempre, en todo. El intenso deseo, que sobre la tierra se manifestaba en la súplica "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20), ahora, en el cielo, se transforma en visión cara a cara, en posesión tranquila, en fusión de vida: de Cristo en los bienaventurados y de los bienaventurados en Cristo. Domingo 12 de noviembre de 1989



NOVENA DE CONFIANZA

¡Oh Jesús! A Tu Corazón confío (…).

Míralo, después haz lo que tu Corazón te diga
Deja obrar a Tu Corazón

¡Oh Jesús mío yo cuento contigo, yo me fío de Ti
yo descanso en Ti, yo estoy seguro de Tí!

Oh Corazón de Amor en Vos pongo mi confianza
Pues todo lo temo de mi fragilidad,
mas todo lo espero de Vuestra Bondad

Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío y creo en Vuestro Amor para conmigo

NOVENA DE CONFIANZA


¡Oh Corazón de Amor, en Ti pongo toda mi confianza, pues todo lo temo de mi fragilidad, mas todo lo espero de tu bondad!


A tu Corazón confío… (expónese la petición). Míralo todo, después haz lo que tu Corazón te diga, deja obrar a tu Corazón. ¡Jesús mío, yo cuento contigo, yo me fío de Ti, yo descanso en Ti, yo estoy seguro en tu Corazón!


NOVENA AL SAGRADO CORAZON DE JESUS
Recitada diariamente por el San Pío de Pietrelchina
por todos aquellos que le solicitaban sus oraciones.


1.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “En verdad os digo, pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá.”

He aquí que llamo busco y pido la gracia de.......................

Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

2.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “En verdad os digo, lo que se pidiese a Mi Padre en Mi Nombre, EL lo dará a vosotros.”

He aquí que en vuestro nombre, le pido al Padre Celestial la gracia de............................

Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

3.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “ En verdad os digo, que el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán jamás.”

He aquí que, animado por Vuestra infalibles palabras, ahora pido la gracia de............

Padre Nuestro, Ave Mará, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

Oh! Sagrado Corazón de Jesús, solamente una cosa se os ha de ser imposible y eso consiste en no tener compasión de los afligidos. Te piedad de nosotros miserables pecadores y conceded la gracia que os pedimos, mediante el Doloroso e Inmaculado Corazón de María, Vuestra tierna Madre, y nuestra Madre compasiva.

 Rezad “La Salve” y añádase la siguiente jaculatoria: San  José, Padre Guardián de Jesús, rogad por nosotros.







Continuación de las Letanías del Corazón de Jesús por Juan Pablo II

Corazón de Jesús, fuente de toda consolación


1. Dios, Creador del cielo y de la tierra, es también el “Dios de toda consolación” (2 Co 1, 3; cf. Rom 15, 5).
Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que (…) consuela a su pueblo en la hora de la aflicción.
*    Para confortar a Jerusalén (…), el Señor envía a sus profetas (…): “Consolad, consolad a mi pueblo…” (Is 40. 1-2) (…) y
*    dirigiéndose a Israel oprimido por el temor de sus enemigos, declara: “Yo soy tu consolador” (Is 51, 12); e
*    incluso, comparándose con una madre llena de ternura para sus hijos, (…): Alegraos, Jerusalén y regocijaos por ella los que la amáis… de modo que os hartéis de sus consuelos… Como a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados (Is 66, 10. 11. 13).

2. En Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, (…), el “Dios – que – consuela” se hizo presente entre nosotros. (…) Simeón, (…) tuvo la dicha de acoger entre los brazos al niño Jesús y de ver en Él realizada “la consolación de Israel” (Lc. 2, 25).

Y; en toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (cf. Lc 4, 16-21; Is 61, 1-2).

Del Corazón de Cristo
*    brotó una tranquilizadora bienaventuranza: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5, 5),
*    así como la (…) invitación: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso” (Mt 11, 28).
*    La consolación que provenía del Corazón de Cristo era participación en el sufrimiento humano, voluntad de mitigar el ansía y aliviar la tristeza .(…) (…) cerca de la puerta de la ciudad de Naím, vio a una viuda(…): “Tuvo compasión de ella” (lc 7, 13), tocó el féretro, ordenó al joven que se levantara y lo restituyó a su madre (cf. Lc 7, 14-15).

3. El Corazón del Salvador es también, más aún, principalmente “fuente de consuelo”, porque Cristo, juntamente con el Padre, dona el Espíritu Consolador (…): Espíritu de verdad y de paz, de concordia y de suavidad, de alivio y de consuelo: Espíritu que brota de la Pascua de Cristo (cf. Jn 19, 28-34) y del evento de Pentecostés (cf. Hch 2, 1-13).

4. Toda la vida de Cristo fue (…) un continuo ministerio de misericordia y de consolación. La Iglesia, (…) ha expresado esta realidad estupenda con la invocación: “Corazón de Cristo, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros”.

Esta invocación es recuerdo de la fuente de la que, a lo largo de los siglos, la Iglesia ha recibido consolación y esperanza en la hora de la prueba y de la persecución; es invitación a buscar en el Corazón de Cristo la consolación verdadera, duradera y eficaz, es advertencia para que, (…) nos convirtamos (…)  Pidamos a María, Consoladora de los afligidos, que, en los momentos oscuros de tristeza y angustia, nos guíe a Jesús, su Hijo amado, “fuente de todo consuelo”. 13 de agosto, 1989.

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra


1. Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón (…) nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta (…):”Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25).

*    Jesús es la vida que brota eternamente de la vida divina fuente del Padre: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era DiosEn ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1, 1.4).
*    Jesús es vida en Sí mismo:Como el Padre tiene Vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo (Jn 5, 26). En el íntimo ser de Cristo, en su Corazón, la vida divina y la vida humana se unen armónicamente, en plena e inseparable unidad.
*    Pero Jesús es también vida para nosotros. “Dar la vida” es el objetivo de la Misión que Él, Buen Pastor, recibió del Padre: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).

2. Jesús es también la resurrección. Nada es radicalmente opuesto a la santidad de Cristo (…) como el pecado; nada es tan opuesto a Él, fuente de vida como la muerte. Un vínculo misterioso une pecado y muerte (cf. Sb 2, 24; Rm 5, 12; 6, 23; etc): ambas son realidades esencialmente contrarias al proyecto de Dios sobre el hombre, que no fue hecho para la muerte sino para la vida. (…)

el Corazón de Cristo (…):
*    restituyó la vida física a Lázaro,
*    al hijo de la viuda de Naín,
*    a la hija de Jairo,

con la fuerza de su amor misericordioso
*    devolvió la vida espiritual a Zaqueo,
*    a María Magdalena,
*    a la adúltera y
*    a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.

3. Hermanos y hermanas: Nadie como María ha experimentado que el Corazón de Jesús es “vida y resurrección”:

*    De Él, vida, María recibió la vida de la gracia original y, en la escucha de su palabra y en la observación atenta de sus gestos salvíficos, pudo custodiarla y nutrirla.
*    Por Él, resurrección, Ella fue asociada de modo singular a la victoria sobre la muerte: el misterio de su Asunción en cuerpo y alma al cielo es el consolador documento de que la victoria de Cristo, sobre el pecado y sobre la muerte se prolonga en los miembros de su Cuerpo Místico, y, como primero entre todos, en María, “miembro excelentísimo” de la Iglesia (Lumen Gentium, 53).
*    Glorificada en el cielo, la Virgen está, con su Corazón de Madre, al servicio de la redención obrada por Cristo… “Madre de la vida”, está cerca de toda mujer que da a luz un hijo; está a lado de toda fuente bautismal, donde, por el agua y por el Espíritu (cf. Jn 3, 5) nacen los miembros de Cristo; “Salud de los enfermos”, está en donde la vida se consume por el dolor y la enfermedad; “Madre de misericordia”, Ella llama a quien ha caído bajo el peso de la culpa para que vuelva a las fuentes de la vida; “Refugio de los pecadores”, señala, a quienes se había alejado de Él, el camino que conduce a Cristo; “Virgen dolorosa”, junto al Hijo que muere (cf. Jn 19, 25, Ella está en donde la vida se apaga.

Invoquémosla con al Iglesia: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. 27 de agosto, 1989.


Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra


1. Jesús es nuestra paz. (…) el significado bíblico del término “paz”: indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha traído a los hombres. (…)

*    “Paz cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido “Príncipe de la Paz” (cf. Lc 2, 14; Is 9, 5).
*    “Paz” es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (cf. Lc 8, 48) o en el espíritu (cf. Lc 7, 50).
*    “Paz” es el saludo luminoso del Resucitado a sus discípulos (cf. Lc 24, 36; Jn 20, 19, 26), que Él, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción del Espíritu, manantial de “amor, alegría, paz” (Ga 5, 22).

2. Jesús es, al mismo tiempo nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador y el hombre, su creatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a Él; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz.

En el Corazón de Cristo, lleno de amor hacia el Padre y hacia los hombres, su hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre le cielo y la tierra: “Fuimos reconciliados con Dios – dice el Apóstol – por la muerte de su Hijo” (Rom 5, 10).

Quien quiera hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz, debe acoger la invitación del Señor y acudir a Él (cf. Mt 11, 28).

En su Corazón encontrará paz y descanso: allí,
*    su duda se transformará en certidumbre;
*    el ansia, en quietud;
*    la tristeza, en gozo;
*    la turbación, en serenidad.

Allí encontrará
*    alivio al dolor,
*    valor para superar el miedo,
*    generosidad para no rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.

3. El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Virgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: (…)

*    María dio a luz a aquel que es nuestra reconciliación;
*    Ella estaba al pie de la cruz cuando, en la sangre del Hijo de dios reconcilió “Con Él todas las cosas” (Col 1, 20);
*    ahora, glorificada el en cielo, tiene (…)  un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón” de Dios (cf. Misal. Prefacio de Beata María Virgine).

Que María, Reina de la Paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos. (…) 3 de septiembre, 1989.


Corazón de Jesús, víctima de los pecadores


1. Jesús (…) “fue entregado por nuestros pecados” (Rm 4, 25); pues, aunque Él no había cometido pecado, “Dios le hizo pecado por nosotros” (2 Co 5, 21). Sobre el Corazón de Cristo gravó, enorme, el peso del pecado del mundo.

En Él se cumplió de modo perfecto la figura del “cordero pascual”, víctima ofrecida por Dios para que en el signo de la sangre fuesen liberados de la muerte los primogénitos de los hebreos (cf. Ex 12, 21-27). (…) Juan Bautista reconoció en Él al verdadero “cordero de Dios” (Jn 1, 29): cordero inocente, que había tomado sobre sí el pecado del mundo para sumergirlo en las aguas saludables del Jordán (cf. Mt 3, 13-16) y paralelos); (…)

Jesús es víctima voluntaria, porque se ofreció libremente a su pasión (…) como víctima de expiación por los pecados de los hombres (cf. Lv 1, 4: Hb 10, 5-10) que consumió en el fuego de su amor.

2. Jesús es víctima eterna. Resucitó de la muerte y glorificado a la derecha del Padre, Él conserva en su cuerpo inmortal las señales de las llagas, de las manos y de los pies taladrados, del costado traspasado (cf. Jn 20, 27; Lc 24, 39-40) y los presentan al Padre en su incesante plegaria de la intercesión a favor nuestro (cf. Hb 7, 25: Rm 8, 34).

*    La admirable Secuencia de la Misa de Pascua, (…) exhorta: “A la víctima pascual elevemos hoy el sacrificio de alabanza. El cordero ha redimido a su grey. El inocente nos ha reconciliado a nosotros pecadores con el Padre” (Secuencia Victimae Paschali, estrofa 1).

*    Y el prefacio de esa misma solemnidad proclama: Cristo es “el verdadero cordero que quitó el pecado del mundo, muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida”.

3. (…)  “Por los pecados de su pueblo Ella (la Virgen María) vio a Jesús en los tormentos del duro suplicio” (Secuencia Stabat Mater, estrofa 7). (…)

Confiemos a María nuestra plegaria, mientras decimos a su Hijo Jesús: Corazón de Jesús, víctima de nuestros pecados, acoge nuestra alabanza, la gratitud perenne, el arrepentimiento sincero. Ten piedad de nosotros hoy y siempre. Amén. 10 de septiembre, 1989.


Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan


1. En la Sagrada Escritura aparece (…) la afirmación (…) el Señor es “un Dios que salva” (cf. Ex 15-2; Sal 51, 16; 79, 9; Is 46, 13); y la salvación es un don gratuito de su amor y de su misericordia. El Apóstol Pablo (…) afirma: Dios “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tim 2, 4; cf 4, 10).

Esta voluntad salvífica, que se ha manifestado en tantas intervenciones admirables de Dios en al historia, ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret, Verbo Encarnado, Hijo de Dios e Hijo de María, (…)

2. Jesús es la epifanía del amor salvífico del Padre (cf. Tt 2, 11; 3, 4). Cuando Simeón tomó en sus brazos al niño Jesús, exclamó: “Han visto mis ojos tu salvación” (Lc 2, 30).

(…) en Jesús todo está en función de su misión de Salvador:

*    el nombre que lleva (“Jesús”, significa “Dios salva”),
*    las palabras que pronuncia,
*    las acciones que realiza y
*    los sacramentos que instituye.

Jesús es plenamente consciente de la misión que el Padre le ha confiado: “el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10). De su corazón, es decir, del núcleo más íntimo de su ser, brota ese celo por la salvación del hombre que lo impulsa a subir, como manso cordero, al monte del Calvario, a extender sus brazos en la cruz y a “dar su vida como rescate por muchos” (Mt 10, 45).

En el Corazón de Cristo podemos, por tanto, colocar nuestra esperanza. Ese corazón – dice la invocación – es salvaciónpara los que esperan en Él”. El Señor mismo (…) hoy nos pide a nosotros que confiemos plenamente en Él: nos lo pide porque nos ama; porque, para nuestra salvación, tiene su Corazón traspasado y sus pies y manos perforados. Quien confía en Cristo y renueva el poder de su amor renueva en sí la experiencia de María Magdalena, como nos lo presenta la liturgia pascual: “Cristo, esperanza mía, ha resucitado” (Domingo de Pascua, Secuencia).

¡Refugiémonos, por consiguiente, en el Corazón de Cristo! Él nos ofrece una palabra que no pasa (cf. Mt 24, 25), un amor que no desfallece, una amistad que no se resquebraja, una presencia que no cesa (cf. Mt 28, 20).

Que la Bienaventurada Virgen, (…) nos enseña a poner en el corazón de su Hijo nuestra total esperanza, con la certeza de que ésta no quedará defraudada. 17 de septiembre, 1989.


Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren


Amadísimos hermanos y hermanas:

1. (…) La muerte forma parte de la condición humana:

*    es el momento terminal de la fase histórica de la vida.
*    En la concepción cristiana, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.

Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe la luz y alegría para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirigirá para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como “vive en Cristo”, así no puede menos demorir en Cristo”.

La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el acontecimiento de la muerte: El Corazón de Cristo, su amor y misericordia, son esperanza y seguridad para quien muere en Él.

2. (…) ¿Qué significa morir en Cristo”?

*    ante todo, (…) leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de las enseñanzas del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también Él a través de la muerte, ha ido a prepararnos un lugar (cf. Jn 14, 2); es decir creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y fruto abundante (cf. Jn 12, 24).

*    confiar en Cristo y abandonarse totalmente a Él, (…).

*    cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, “ni la muerte ni la vidapodrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm 8, 38, 39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (cf. Jn 3, 20).

*    También (…), fortificarse para aquel momento decisivo con los “signos santos” del “paso pascual”: el sacramento de la Penitencia, que nos reconcilia con el Padre y con todas las creaturas; el santo Viático, el Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo.

*    Finalmente, “morir como Cristo”: orando y perdonando; teniendo junto así a la bienaventurada Virgen. Como madre, Ella estuvo junto a la cruz de su Hijo (cf. Jn 19, 25);(…) .
5 de noviembre, 1989.


Corazón de Jesús, delicia de todos los santos

                                                                    

1. La Iglesia se alegra hoy por la glorificación de dos de sus hijos: Inés de Bohemia y Alberto Chmielowski. Estos dos santos se van a añadir a aquella "muchedumbre inmensa" que la liturgia nos ha invitado a contemplar en la reciente solemnidad de Todos los Santos. Ante un espectáculo tan exaltante sube espontáneamente a los labios la invocación de las letanías: "Corazón de Jesús, gozo de todos los santos, ten piedad de nosotros".
De la esperanza al cumplimiento, del deseo a la realización, de la tierra al cielo: este parece ser, amadísimos hermanos y hermanas; el ritmo según el cual suceden las tres últimas invocaciones de las letanías del Sagrado Corazón.
*    Tras las invocaciones "salvación de los que en ti esperan", y "esperanza de los que en ti mueren",
*    las letanías concluyen dirigiéndose al Corazón de Jesús como "gozo de todos los santos". Es ya visión de paraíso: es anotación veloz acerca de la vida del cielo; es palabra breve que abre horizontes infinitos de bienaventuranza eterna.
2. Sobre esta tierra el discípulo de Jesús vive en la espera de alcanzar a su Maestro, en el deseo de contemplar su rostro, en la aspiración ardiente de vivir siempre con él. En el cielo, en cambio, cumplida la espera, el discípulo ya ha entrado en el gozo de su Señor (cf. Mt 25, 21. 23); contempla el rostro de su Maestro, ya no transfigurado durante un solo instante (cf. Mt 17, 2; Mc 9, 2; Lc 9, 28), sino resplandeciente para siempre con el fulgor de la eterna luz (cf. Hb 1, 3); vive con Jesús y de la misma vida de Jesús.
La vida del cielo no es más que la fruición perfecta, indefectible e intensa, del amor de Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- y no es más que la revelación total del ser íntimo de Cristo, y la comunicación plena de la vida y del amor que brotan de su Corazón. En el cielo los bienaventurados ven satisfecho todo deseo, cumplida toda profecía, aplacada toda sed de felicidad, y colmada toda aspiración.
3. Por eso el Corazón de Cristo es la fuente de la vida de amor de los santos: en Cristo y por medio de Cristo los bienaventurados del cielo son amados por el Padre, que los une a Sí con el vínculo del Espíritu, divino Amor; en Cristo y por medio de Cristo, ellos aman al Padre y a los hombres, sus hermanos, con el amor del Espíritu.
El Corazón de Cristo es el espacio vital de los bienaventurados: el lugar donde ellos permanecen en el amor (cf. Jn 15, 9), sacando de él gozo perenne y sin límite. La sed infinita de amor, misteriosa sed que Dios ha puesto en el corazón humano, se apaga en el Corazón divino de Cristo.
Allí se manifiesta en plenitud el amor del Redentor hacia los hombres, necesitados de salvación; del Maestro hacia los discípulos, sedientos de verdad: del Amigo que anula las distancias y eleva a los siervos a la condición de amigos, para siempre, en todo. El intenso deseo, que sobre la tierra se manifestaba en la súplica "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20), ahora, en el cielo, se transforma en visión cara a cara, en posesión tranquila, en fusión de vida: de Cristo en los bienaventurados y de los bienaventurados en Cristo.
(…) contemplándolos en torno a Cristo juntamente con su Reina, la Virgen Santísima, nosotros repetimos hoy, con firme esperanza, la alegre invocación: "¡Corazón de Jesús, gozo de todos los santos, ten piedad de nosotros!". Domingo 12 de noviembre de 1989



NOVENA DE CONFIANZA

¡Oh Jesús! A Tu Corazón confío (…).

Míralo, después haz lo que tu Corazón te diga
Deja obrar a Tu Corazón

¡Oh Jesús mío yo cuento contigo, yo me fío de Ti
yo descanso en Ti, yo estoy seguro de Tí!

Oh Corazón de Amor en Vos pongo mi confianza
Pues todo lo temo de mi fragilidad,
mas todo lo espero de Vuestra Bondad

Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío y creo en Vuestro Amor para conmigo

NOVENA DE CONFIANZA
¡Oh Corazón de Amor, en Ti pongo toda mi confianza, pues todo lo temo de mi fragilidad, mas todo lo espero de tu bondad!
A tu Corazón confío… (expónese la petición). Míralo todo, después haz lo que tu Corazón te diga, deja obrar a tu Corazón. ¡Jesús mío, yo cuento contigo, yo me fío de Ti, yo descanso en Ti, yo estoy seguro en tu Corazón!
NOVENA AL SAGRADO CORAZON DE JESUS
Recitada diariamente por el San Pío de Pietrelchina
por todos aquellos que le solicitaban sus oraciones.
1.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “En verdad os digo, pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá.”

He aquí que llamo busco y pido la gracia de.......................

Padre Nuestro, Ave María, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

2.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “En verdad os digo, lo que se pidiese a Mi Padre en Mi Nombre, EL lo dará a vosotros.”

He aquí que en vuestro nombre, le pido al Padre Celestial la gracia de............................

Padre Nuestro, Ave Maria, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

3.-   Oh Jesús mío, habéis dicho: “ En verdad os digo, que el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán jamás.”

He aquí que, animado por Vuestra infalibles palabras, ahora pido la gracia de............

Padre Nuestro, Ave Mará, Gloria al Padre, etc. Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío.

Oh! Sagrado Corazón de Jesús, solamente una cosa se os ha de ser imposible y eso consiste en no tener compasión de los afligidos. Te piedad de nosotros miserables pecadores y conceded la gracia que os pedimos, mediante el Doloroso e Inmaculado Corazón de María, Vuestra tierna Madre, y nuestra Madre compasiva.

 Rezad “La Salve” y añádase la siguiente jaculatoria: San  José, Padre Guardián de Jesús, rogad por nosotros.