sábado, 21 de febrero de 2015

Prerrogativas del reino de la Iglesia en los últimos días

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domingo, 18 de enero de 2015

Profecías mesiánicas en los libros sagrados

15-01 17 - PROFECÍAS MESIANICAS EN LOS SAGRADOS LIBROS

 

Para empezar se recuerda el Objeto y Fundamento de las "esperanzas de la Iglesia".

a) El objeto de las esperanzas de la Iglesia es su triunfo en este mundo; una reconciliación de la sociedad civil con la Iglesia,

b) El fundamento de esas esperanzas consiste en las leyes de la providencia divina; en las tendencias e ideales de los espíritus y de las sociedades como aparecen en la actividad cultural, social y política de los últimos siglos últimos; y en las promesas explícitas de Dios, en la revelación pública y en revelaciones privadas aprobadas por la Iglesia.

Otra cuestión a considerar es que cómo se trata de interpretaciones de textos de la Sagrada Escritura formulados en forma de profecías el P. Ramière S.J. expresa cómo deben ser abordados. La primera regla de toda buena interpretación: no hay que apartarse jamás del sentido obvio de las palabras, a menos de ser precisados por otros pasajes más claros de la Escritura, por la autoridad de la Iglesia o por el sentido común

 

Profecías sacadas del Génesis

 

§ 1. La promesa realizada a Adán y Eva después del pecado original

El completo triunfo del Salvador y de su Iglesia le parece al P. Ramière S.J. anunciado en la primera de las profecías, después del primer pecado. "Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, dice el Señor a la serpiente, y entre tu linaje y el suyo; ella te aplastará la cabeza y tú le morderás el calcañal." (1. Gen 3, 15).

Esta predicción encierra dos partes: la primera, la lucha entre la serpiente y la mujer, entre el fruto bendito de ésta y la raza maldita de aquélla; la segunda, el triunfo definitivo de la mujer y de su descendencia sobre la serpiente y sus satélites.

En relación con la primera parte de la profecía, su cumplimiento es manifiesto y es difícil ver qué falta para que sea perfecto.

Pero la segunda parte, el aplastamiento de la cabeza de la serpiente, No se puede afirmar que se haya realizado, al menos, completamente.

Parece razonable admitir que esa profecía, que comenzó a realizarse en la Concepción Inmaculada de María, recibirá perfecto cumplimiento, cuando la plena manifestación de ese glorioso privilegio le permita producir todos sus frutos.

 

§ 2. — Consoladoras promesas hechas a los patriarcas


Les promete que hará nacer de su estirpe al Salvador del mundo, y les asegura que de ese bendito germen se derramarán las gracias celestiales sobre todas las generaciones de la tierra. Véase (Gen 18, 17-18; 22, 18; 24, 4).

¿Cuál es el sentido obvio de las palabras "Todas las naciones serán benditas en el que nacerá de tu estirpe"? que vendrá tiempo en que el conjunto de las naciones y de los hombres, sometidos a los hijos de Abraham, gustará bajo su amable imperio los bienes que ha venido a traer a los hombres.

 

Profecías sacadas de los Salmos


Todo lo que encierran se refiere directa o indirectamente a Jesucristo. En los salmos se nos muestra a Jesucristo consagrado por su Padre no sólo rey del cielo, sino más especialmente todavía rey de la tierra. Todos los pueblos le son dados en herencia y todos los confines de la tierra son su posesión. Será no sólo rey de derecho, sino también de hecho; les gobernará con cetro de hierro y les quebrará como vasos de barro (Ps 2, 6. 8-9). Dominará de un mar a otro mar, desde el río hasta el extremo del mundo (Ps 71, 8-9). Ante él se inclinarán sus enemigos, y sus adversarios besarán el polvo. (Ib., 9) Todas las gentes, que Él creó, irán a postrarse ante Él; (Ps 85, 9) y no unos después de otros solamente, sino todos juntos y al mismo tiempo los pueblos, y los reyes se reunirán para dar culto al Señor (Ps 101, 23).

A este himno magnífico, inspirado por el triunfo del Rey Salvador en su Iglesia, convendría juntar los cánticos que tienen por objeto directo el triunfo de la Iglesia misma; son éstos los que fueron compuestos con ocasión de la construcción del Tabernáculo, de la dedicación del Templo o de su restauración después de la cautividad.

La dedicación del Templo después de la cautividad fomenta esperanzas todavía más vivas. Entonces, se convierte la Sinagoga en la imagen de la Iglesia de los últimos tiempos, a la cual está confiado el imperio del mundo. Escuchad al Salmista:
Þ      "Tributad al Señor, razas de los pueblos, tributad al Señor gloria y honor.
Þ      "Los que estabais excluidos del Templo y de los sacrificios, traedle dones y entrad en sus atrios, adorad al Señor con sagrada pompa.
Þ      "Estremézcase en su presencia toda la tierra; anunciad a las naciones: El Señor es rey.
Þ      "Él da estabilidad al mundo para que no vacile. Él juzga a los pueblos con equidad.
Þ      "Alégrese el cielo y regocíjese la tierra, agítese el mar y cuanto en él se contiene; gócense los campos y cuanto existe en ellos.
Þ      "Llénense de júbilo los árboles todos en las selvas, ante la presencia de Dios, que viene, que viene a gobernar la tierra: gobernará al mundo con justicia y a los pueblos con fidelidad." (Ps 95).
Estas profecías no pueden referirse a los acontecimientos con ocasión de los cuales se hicieron. No es el Tabernáculo construido por Moisés el que hacía resonar en los oídos del Salmista la voz de Dios que inundaba la tierra con un diluvio de gracias. No invita a todos los pueblos gentiles a ir a sacrificar víctimas en el Templo edificado por Esdras y Zorobabel. Por otra parte, esas predicciones no se refieren a los principios de la Iglesia, pues nos presentan la tierra entera cubierta de un diluvio de gracias divinas, y a todos los pueblos reunidos en su santuario. El Salmista quiso cantar la gran dedicación que Israel celebrará cuando la tierra entera no forme más que un gran Templo en el cual la humanidad, convertida en una sola familia, cante las alabanzas del verdadero Dios.

 

Profecías de Isaías explicadas por San Pablo

 

§ 1. — Palabras del Profeta


Isaías muestra a Sión apoyando su base sobre todas las montañas de la tierra, es decir, en lenguaje profético, dominando todas las grandezas y todos los poderes humanos humildemente sometidos a su autoridad. Presenta a las naciones todas, no en lucha con ella, ni sometiéndose con repugnancia a su supremacía, sino atraídas a ella por una pendiente tan suave como la que arrastra los ríos al mar. Entonces, dice, "correrán a él todas las gentes, y vendrán muchedumbres de pueblos, diciendo: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, y él nos enseñará sus caminos, y nosotros iremos por sus sendas". Entonces, en efecto, añade el Profeta: "de Sión ha de salir la ley y de Jerusalén la palabra de Yahvé. Él juzgará a las gentes y dictará sus leyes a numerosos pueblos". (Is 2, 2-4).

Mas ¿cuáles serán los frutos de esa supremacía de la Iglesia y de esa universal sumisión de los pueblos?: Entonces los hombres de "sus espadas harán rejas de arado, y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente, ni se ejercitarán en la guerra. (Is 2, 4). Alegraránse el desierto y la tierra árida, se regocijará la soledad y florecerá como un narciso. Florecerá y exultará con júbilo y cantos de triunfo; le será dada la gloria del Líbano, la hermosura del Carmelo y del Sarón. La tierra seca se convertirá en estanque, y el suelo árido en fuentes. Lo que fue morada y cubil de chacales, se cubrirá de cañas y juncos. No habrá allí leones, ni fiera alguna pondrá los pies allí. (Is 35, 1-2. 7. 9). Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león, y un niño pequeño los llevará. No habrá ya daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como llenan las aguas el mar." (Is 11, 6. 9).

Tales son las promesas hechas a la Iglesia.

 

§ 2. — Tiempo de su cumplimiento


Isaías dice claramente en qué época deben realizarse plenamente las magníficas promesas hechas a la nueva Jerusalén. Cuando la antigua Sión, la raza en otro tiempo escogida en Abraham, y luego reprobada por su obstinación deicida, hubiere reconocido por fin a su Salvador.

"No hay Dios justo y salvador fuera de mí; volveos a mí y seréis salvos, naciones todas de la tierra. Porque yo soy Dios; y no hay otro; por mí lo juro, sale la verdad de mi boca y es irrevocable mi palabra. Doblaráse ante mí toda rodilla, y por mí jurará toda lengua." (Is 45, 17-23).

No sólo Isaías ha manifestado la admirable coincidencia entre el cumplimiento perfecto de las promesas hechas a Abrahán y la total realización de las promesas profetizadas a la Iglesia.

El teólogo de la Ley Nueva, San Pablo, apoyando con su infalible autoridad la interpretación que acabamos de dar a las profecías de Isaías, descubre, en términos todavía más precisos, la reconciliación de la antigua y nueva Sión como la era de la resurrección y de la renovación del mundo. "No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio —para que no seáis prudentes a vuestros ojos—, que el endurecimiento ha sobrevenido a una parte de Israel, hasta que la totalidad de las naciones haya entrado; y así todo Israel será salvo, según que está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, apartará de Jacob las impiedades." (Rm 11, 25-26).

"Pues ya, si su caída es riqueza del mundo, y su mengua riqueza de los gentiles, ¿cuánto más lo será su plenitud? Si su repudio es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un retorno de muerte a vida?" (Rom 11, 12. 15). Aañade el Apóstol, "no cabe en Dios arrepentimiento de sus dones y de su vocación" (Rm 11, 29). "Porque como vosotros (los gentiles) un tiempo fuisteis rebeldes a Dios, mas ahora habéis sido mirados con misericordia con ocasión de la rebeldía de ellos, así también ellos (los judíos) ahora fueron rebeldes con ocasión de la misericordia hecha a vosotros, para que también ellos ahora alcancen misericordia. Porque encerró Dios a todos igualmente dentro de la rebeldía para usar con todos de misericordia. ¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y ciencia de Dios!" (Rm 11, 29-33)

No podemos tener la menor duda: la época de la resurrección del mundo entero será la época de la resurrección del pueblo judío.
¿Cuándo sucederá esa doble resurrección? Cuando la muerte hubiere acabado su obra; cuando la incredulidad del mundo como la de Israel hubiere producido todos sus frutos, cuando la amargura de esos frutos hubiere constreñido al uno y al otro a recurrir a la misericordia del Salvador.

 

§ 3. — Confirmación tomada de otros profetas


Ezequiel. (Ez. 37, 15-24)

" Así dice el Señor, Yahvé: Mira, yo tomaré a los hijos de Israel de entre las gentes a que han ido, juntándolos de todas partes, y los traeré a su tierra. Y haré de ellos en la tierra, en los montes de Israel, un solo pueblo, y todos tendrán un solo rey; nunca más serán dos naciones, nunca más estarán divididas en dos reinos. Nunca más se contaminarán con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; los libraré de todas las rebeliones con que pecaron, y los purificaré y serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será su rey, y tendrán todos un solo pastor, y caminarán por las sendas de mis mandamientos y guardarán mis preceptos, poniéndolos por obra".

Es preciso admitir que el profeta quiere hablar aquí del acercamiento entre la Iglesia, que es la Jerusalén nueva, y la Sinagoga, figurada por la cismática Samaría. A dicha aproximación, pues, hay que referir las bendiciones que anuncia Ezequiel. Encontramos una confirmación clarísima de la restauración universal que Isaías y San Pablo nos han mostrado que debía coincidir con la vuelta de Israel.

Profecías de Daniel y de San Juan


§ 1. — Daniel


Daniel, en dos visiones, muestra el triunfo de la Iglesia como el fin  hacia el que la Divina Providencia dirige la sucesión de los acontecimientos humanos. Hace ver primeramente, en la estatua colosal que había aparecido en sueños de Nabucodonosor, la sociedad de los hijos de los hombres sucesivamente representada por los cuatro grandes imperios de los babilonios, persas, griegos y romanos. (Dan 2). En el momento en que el cuarto imperio estaba en todo su apogeo, he ahí que una piedrecita desgajada de la montaña, sin la intervención de ningún hombre, va a chocar contra el pie del coloso, lo tiende por tierra y hace pedazos todos los elementos que ha recibido de los imperios precedentes. Es Jesucristo, que, como Dios, ha salido del seno del Altísimo, y como hombre ha sido engendrado, sin la intervención de hombre alguno, en el seno de María, la más elevada de todas las criaturas. Es también la Iglesia, cuya cabeza es Jesucristo, y que, pequeña primeramente, pero firme como una piedra, quebranta el imperio de Roma idólatra. Mas pronto ve el profeta que esa piedra crece, que llega a ser una gran montaña y acaba por llenar toda la tierra. Volvemos a encontrar aquí las glorias de la montaña santa, de la nueva Sión, anunciadas por Isaías. Mas ¿cuándo alcanzará todo su desarrollo? ¿cuándo se cumplirán plenamente esos planes? El profeta nos lo va a decir.

Los cuatro imperios de la sociedad infiel le aparecen de nuevo en figura de cuatro animales feroces. El último imperio se subdivide en diez reinos, figurados por los diez cuernos de la cuarta bestia. Y he ahí que un nuevo cuerno, es decir, un nuevo reino primeramente pequeño, se levanta en medio de los otros diez y desmocha tres de ellos. Este cuerno tiene dos ojos y una lengua que habla insolentemente contra el Altísimo; hace la guerra a los santos y prevalece contra ellos; se imagina que podrá cambiar los tiempos y las leyes. Y, en efecto, se le otorga el poder, pero sólo por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo. Después de esto se le quitará el poder; no sólo será destruido este cuerno, sino también la bestia misma, es decir la sociedad infiel, desaparecerá. Entonces el Hijo del Hombre recibirá del Anciano de días el poder, el honor, y el imperio; entonces todas las cosas que están debajo del cielo serán sometidas al pueblo de los santos del Altísimo y todos los reyes le obedecerán, y todas las tribus y lenguas le servirán. (Dan 7.)

 

§ 2. — San Juan


San Juan, en su Apocalipsis, nos vuelve a pintar la misma profecía "Y vi un ángel que descendía del cielo, trayendo la llave del abismo y una gran cadena en su mano. Y cogió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo, Satanás, y le encadenó por mil años. Y le arrojó al abismo y cerró, y encima de él puso un sello, para que no extraviase más a las naciones hasta terminados los mil años, después de los cuales será soltado por poco tiempo.

"Y vi tronos, y sentáronse en ellos, y fuéles dado el poder de juzgar, y vi las almas de los que habían sido degollados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, y cuantos no habían adorado a la bestia, ni a su imagen, y no habían recibido la marca sobre su frente y sobre su mano; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes muertos no vivieron hasta terminados los mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años." (Apoc 20, 4-6)

 

§ 3. — Luz que brota de la comparación de los dos profetas


Hay en esta profecía muchos pormenores que sólo los hechos podrán hacernos comprender.

¿Cuándo tendrá lugar ese combate contra el último poder de la infidelidad que debe ser la señal de la primera resurrección del mundo? ¿Cuál es el décimo cuerno de la bestia cuya caída traerá consigo las grandes efusiones de la misericordia divina? Respecto de esto no tenemos más que conjeturas, fundadas en ciertas probabilidades. El P. Ramière S.J. sigue en esto a Rohrbacher, en su (Histoire de l’Èglise, t. IV, p. 533).

Se transcribe aquí sólo como expresión del pensamiento del P. Ramière S.J. no porque se acepte esta interpretación e incluso cómo se podrá ver después de leer el texto las previsiones de este autor no se han cumplido al menos en la forma en que las expresó él en su historia de la iglesia.

"Los caracteres de ese cuerno preponderante convienen muy bien y se les aplica generalmente también al imperio mahometano que, al principio del siglo VII, el año 622, en Arabia, en otro tiempo provincia romana, se levanta, pequeño primero, mas pronto grande y formidable; abate o aun aniquila tres reinos, el de los persas en Asia, el de los visigodos en España, el de los griegos en Constantinopla; su jefe Mahoma fue el vidente, el profeta; habla con soberbia contra Dios, negando la divinidad de su Hijo; hace la guerra a los santos, es decir a los cristianos, y prevalece contra ellos en una parte de la tierra. Imagínase poder cambiar las leyes y los tiempos o la manera de contarlos; sustituye la ley de Moisés, y la de Jesucristo por el Corán. Mantendrá de ese modo el poder un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo, es decir, tres años y medio, o cuarenta y dos meses, o dos mil sesenta días, número misterioso que hemos visto aparecer más de una vez en el Apocalipsis.

"Tomando con los intérpretes un año por un día, la duración del imperio anticristiano sería de 1260 años, como el mahometismo comenzó en 622, terminaría pues en 1882".

El P. Ramière S.J. dice en su libro que no es más que una conjetura y acertó.

Sobre los acontecimientos que precederán al triunfo del Mesías profetizado en la Escritura, el P. Ramière S.J. acepta con Rondet, autor antimilenarista, que la conversión de los judíos y las bendiciones que a ella han de seguir serán precedidas de grandes azotes.  Entendemos que se refiere a lo que el Catecismo de la Iglesia Católica afirma en los nº 674 y 675. Por una parte (674) que “la venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia (cf. Rm 11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por todo Israel (Rm 11, 26; Mt 23, 39)”. Y en el (675) que “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe numerosos creyentes (cf. Lc 18,8; Mt 24, 12)”.

El P. Ramière S.J. también comparte con Rondet que hay íntima conexión entre cuatro acontecimientos: la venida de Elías, la conversión de los judíos, la persecución del Anticristo y el advenimiento del Salvador que destruirá ese impío con el soplo de su boca. El Catecismo de la Iglesia Católica en el nº 675 afirma que la persecución... desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad”.

Lo que no el P. Ramière S.J. pone en duda es que el advenimiento del Salvador sea el último advenimiento en el cual serán juzgados los vivos y los muertos. Lo hace en base a que San Juan distingue dos triunfos del Hijo de Dios en el Apocalipsis en los capítulos 19, 11 y 20, 12. No obstante, puede conciliarse si el período de tiempo “día” que se aplica al juicio final con la segunda venida, sea no 24 horas, sino un período de tiempo no determinado. Esta cuestión y el orden de los acontecimientos serán objeto de reflexión en otras sesiones.


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lunes, 5 de enero de 2015

Profecías mesiánicas en los Libros Sagrados

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domingo, 21 de diciembre de 2014

Eguberri on

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domingo, 30 de noviembre de 2014

FIGURAS DEL TRIUNFO DE LA IGLESIA: EDADES DEL MUNDO

En esta sesión se ha seguido el libro de las Esperanzas de la Iglesia del P. Ramiére S.J. en su tercera parte, donde trata sobre las imágenes del triunfo de la Iglesia y de la regeneración del mundo.

Actitudes sobre el cumplimiento de las profecías mesiánicas.

Son cuatro las que han existido, sobre todo, en los primeros siglos.

Primera: cristianos que profesan la esperanza en el futuro cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento; aceptan como libro divina­mente inspirado el Apocalipsis, que reconocen ser obra del apóstol y evangelista Juan.
Segunda: cristianos que no comparten aquellas espe­ranzas. Entre ellos se dio la negación de la apostolicidad del Apocalipsis, que algunos atribuyeron al hereje Cerinto,; y también, a partir de Orígenes, una interpretación exclu­sivamente alegórica, excluyendo su significado literal
Tercera: El error herético, las gnosis. Todo un con­junto de sistemas con el rasgo común de despreciar y maldecir lo creado y al Dios creador y legislador del Antiguo Testamento.
Cuarta: El error judío, el ebionismo, que rechaza la unión de Dios con el hombre. El término milenarista quería denun­ciar el horizonte exclusivamente temporal de su modo de entender el Reino.

El planteamiento de la iglesia primitiva inicialmente predominó la primera actitud, a partir de San Agustín se hizo más generalizada la segunda actitud. Las dos últimas no son compatibles de ninguna manera con el cristianismo.

P. Ramière S.J. Tres figuras del triunfo de la Iglesia.

La creación, la existencia de la Sinagoga y la vida de Jesucristo.

Primera figura del triunfo de Jesucristo en la Iglesia: El descanso del séptimo día

     1.— Los divinos atributos en el orden de la naturaleza y de la gracia

Þ      El hombre, espíritu y cuerpo, ha sido el término de todas las obras de Dios en el orden de la naturaleza,
     Jesucristo, Hombre Dios, va a ser el término de todas las obras de Dios en el orden
     de la gracia.
Þ      El hombre será creado el sexto día de la creación y
     Jesucristo aparecerá en el sexto día del mundo.
Þ      Antes de crear al hombre, el Creador producirá: seres inorgánicos; después vegetales; después peces; aves; mamíferos; finalmente el hombre y la mujer.
     Jesucristo aparece después de seis períodos. Abel, el justo perseguido; Noé, el
     trabajo por salvar al hombre; Moisés, el legislador futuro: Rey y Pontífice; David,
     cualidades guerreras; Salomón las virtudes pacíficas; los profetas, rayos de saber;
     Jesucristo-la Iglesia.

      2. — Misterio del descanso de Dios después de crear al hombre

Þ      En el orden de la creación, Dios consagra el séptimo al descanso. El sábado de la tierra es el anticipo de ese sábado celestial.
     En el orden sobrenatural, el sabatismo de la Iglesia.

Segunda figura del triunfo de la Iglesia: La paz otorgada a la Sinagoga

Para mantener el criterio de las figuras, la promesa a la Iglesia de un magnífico triunfo después de todas sus luchas, ha de tener su figura en un triunfo similar en la historia de la Sinagoga, primer esbozo de la Iglesia.

El orden sobrenatural consiste propiamente en la deificación de la humanidad, la cual, preparada, anunciada y figurada por el antiguo pueblo durante cuatro mil años, se realiza en Jesucristo, se concluye por la Iglesia y se consuma en el esplendor de los cielos.
Mas su preparación, su cumplimiento y su término, es decir la Sinagoga, Jesucristo y la Iglesia, pasan por fases muy semejantes.

Sinagoga.

I. Apenas el antiguo pueblo había nacido de los doce patriarcas, hijos de Jacob, cae en un cruel cautiverio por los egipcios.
Imagen de las persecuciones que la Iglesia de parte de los emperadores romanos.

II. En el momento en que el yugo impuesto a los hijos de Jacob llegó a ser más intolerable, Moisés recibió de Dios el encargo de quebrantarlo y de derribar el poderío del tirano. Da a la Sinagoga su existencia pública; promulga el primer código de leyes. Dios toma posesión de la realeza del pueblo que se ha escogido.
La liberación de la Iglesia en el siglo cuarto por Constantino.

III. Entre Moisés y Salomón luchas internas; la Sinagoga adquiere, bajo el cetro de David, un incomparable esplendor; mas esta magnificencia es oscurecida luego.
Tampoco la Iglesia goza, después de su liberación bajo Constantino, de paz muy duradera. La invasión de los bárbaros del Norte y después los mahometanos.

IV. Los siglos de la apostasía. Israel se separa de Judá; repudia el templo único que el Altísimo se ha escogido para comunicarle en él sus oráculos y se forja becerros de oro para adorarlos. Los profetas no son escuchados
Entre los siglos 15 y 19 tienen lugar el cisma funesto de Lutero, de Calvino, de Enrique VIII. Son períodos de cautividad para la Iglesia.

V. La cautividad de setenta años fruto de la idolatría. Entonces se cumplieron todas las promesas que habían sido hechas a los hijos de Judá por Isaías y por Ezequiel. Los Macabeos liberaron al pueblo de estas pruebas, el reino de Judá como norma. Desde Ciro hasta Jesucristo.
Así sucederá en la Iglesia. La ambición de los príncipes, nuevos Herodes, activará acaso la decadencia, y, cuando el Hijo del Hombre realice su segundo advenimiento, apenas hallará sobre la tierra más fe que la que encontró al venir por vez primera.

Tercera figura del triunfo de la Iglesia: El triunfo de Jesucristo resucitado

I. Jesucristo, como la Sinagoga y la Iglesia, apenas llegado al mundo, se ve expuesto a la persecución y padece también una especie de cautiverio de Egipto.

II. Después de venir de Egipto, comienza el período de formación. El niño crecía en sabiduría y en edad. Así sucede con la Iglesia desde el siglo quinto al catorce, reúne su dogma en un cuerpo de doctrina.

III. La vida pública del Salvador es una época de lucha. Jesucristo predica la nueva del Evangelio, pero se suscita la envida de los poderosos: los fariseos, saduceos y herodianos que concluye con el calvario. El siglo quince abre para la Iglesia una nueva era que será a un tiempo la era de su mayor expansión y de sus más terribles luchas. 

IV. Jesucristo resucitó de entre los muertos cuando los fariseos se congratulaban de haberle matado y eso se vio en todas las regiones que habían sido testigo de sus humillaciones y de la alegría de sus enemigos.

El Cuerpo Místico de Jesucristo tiene el derecho de recibir, y la justicia y la sabiduría de Dios parecen exigir que le sea concedida la gloria incomparable que su cuerpo natural recibió en la resurrección y disfrute en la tierra un tiempo considerable antes de subir a los cielos.

TEOLOGÍA DE LA HISTORIA DE SAN BUENAVENTURA. Cristiandad, jul. Ag. Sept 1983. Francisco Canals Vidal. Resumen

La teología de la historia de San Buenaventura se halla en las Colaciones sobre el Hexaemeron, en concreto en las Col. XIV a XVI.
En la Colación XIV, compara la obra de la salvación con la realidad de la naturaleza en un árbol: primero las raíces, después las ho­jas, y posteriormente las flores que hacen surgir los frutos; así la obra de la salvación sus raíces en los Patriarcas, sus hojas en la Ley, sus flores en los Pro­fetas, y su fruto definitivo es Cristo en el que es realizada la salvación

Sobre este esquema distingue San Buenaventura tres principales misterios en cada una de estas cuatro etapas.

LOS DOCE MISTERIOS PRINCIPALES


LOS PATRIARCAS (Promesa de la salvación): Creación de la naturaleza; Castigo de los crímenes: Vocación de los Patriarcas.

LA LEY (Figura de la salvación): Promulgación de la Ley; Victoria sobre los enemigos; Establecimiento de los Jueces.

LOS PROFETAS (Anuncio de  la salva­ción): Unción de los Reyes; Revelación de los Profetas; Restauración  de los príncipes y de los Sacerdotes.

CRISTO (Realización de la salvación): Redención de los hombres ; Difusión de los carismas; Revelación de las Escrituras en el Apocalipsis

En la Colación XV San Buenaventura considera las «teorías», investigaciones o especulaciones según las que resplandecen los dos Testamentos. Se inicia con el desarrollo del esquema de las seis edades de la historia, que corresponden a los seis días de la creación, más la séptima, que corresponde al sá­bado, al descanso del Señor, y a la que pertenece el descanso de las almas bienaventuradas en el cielo, según la interpretación de San Agustín en «La Ciudad de Dios».

A este esquema de las siete edades, en el que se entiende la séptima no como intrahistórica, sino como el descanso y felicidad de las almas hasta la resurrección final, permanece fiel San Buenaventura, subraya la coinciden­cia cronológica entre la «séptima edad», la de la Iglesia triunfante, con la «sexta edad», iniciada por la Redención y la fundación de la Iglesia mi­litante.

Esta doctrina, que comprende la «séptima edad» como constituida por la bienaventuranza celeste, es vista por San Buenaventura como doc­trina común: «la séptima edad corre, según to­dos, junto con la sexta» Col. XVI, núm. 2, p. 469.

San Buenaventura mues­tra no tener presente la tradición anterior, muy común en los cuatro primeros siglos de la Igle­sia, y que el propio San Agustín había utilizado en su sermón 259, sobre la octava de la fiesta de Pascua:

Presentamos paralela­mente «el esquema antiguo», el que todavía sigue San Agustín en el sermón mencionado, y el «es­quema común» en los siglos posteriores a San Agustín, y que él expuso en «La Ciudad de Dios».

De la confrontación de los dos esquemas re­sulta claramente el carácter intrahistórico, y pos­terior a la actual edad de la Iglesia, que tenía en el esquema antiguo el sábado de los Santos que acompaña al Reinado de Cristo en la tierra; mien­tras que en el esquema posterior a San Agustín, y comúnmente admitido en los siglos medievales, la séptima edad no es una época histórica que suceda cronológicamente a la sexta, sino que la «sexta edad» constituye la entera duración de la Iglesia militante, desde Cristo hasta el fin de los tiempos, mientras que la llamada séptima edad simboliza la realidad trascendente y suprahistórica de la Iglesia triunfante.

LAS SIETE EDADES DEL MUNDO

ESQUEMA ANTIGUO: 1 De Adán hasta Noé; 2 De Noé hasta Abraham; 3 De Abraham hasta David;  4 Desde David hasta la transmigración a  Babilonia; 5 Desde Babilonia hasta Cristo; 6 Desde Cristo hasta el «segundo advenimiento»; 7 El descanso futuro de los Santos en la Tierra, cuando rei­nará el Señor en la tierra con sus Santos

ESQUEMA COMUN DE LA EDAD MEDIA: 1 De Adán hasta Noé; 2 De Noé hasta Abraham; 3 De Abraham hasta David;  4 Desde David hasta la transmigración a  Babilonia; 5 Desde Babilonia hasta Cristo; 6 Comienza en Cristo y transcurre ahora y hasta el fin de los tiempos; 7 La bienaventuranza celeste de las almas hasta la resurrección

San Buenaventura va a sorprendernos con admirables perspectivas referentes a una esperan­za intrahistórica.

Se desarrollan éstas a partir de la Colación quince.

San Buenaventura pasa a establecer, al comparar según la dualidad am­bos Testamentos, la tesis de una futura época de la Iglesia:

«Hallamos en la vieja Alianza dos tiempos: el tiempo anterior a la Ley, y el tiempo en que el pueblo vive bajo la Ley; en la Nueva Alianza corresponde a éstos un doble tiempo: el tiem­po de la vocación de los gentiles, y el tiempo de la vocación de los judíos. Este tiempo to­davía no ha llegado, porque entonces se cum­plirá aquello de Isaías: No desenvainará la es­pada un pueblo contra otro, ni se adiestrarán más en el arte de la guerra; esto todavía no se ha cumplido, pues aún funcionan dos espadas, y todavía hay disputas y herejías. Por eso los judíos, por lo mismo que lo esperan, creen que aún no ha venido el Cristo.»

«Pero que los judíos se convertirán es cier­to por Isaías y por el Apóstol, que aduce su autoridad... Isaías dice: Ea, subamos al mon­te del Señor y a la casa del Dios de Jacob, y sigue: No desenvainará la espada un pueblo contra otro, ni se adiestrarán más en el arte de la guerra. Contra esto dicen los judíos que todavía esto no se ha cumplido; pero el Profe­ta no se refiere a la primera venida o a la pri­mera vocación, sino a la última, cuando el día del Señor se manifestará para todos los sober­bios; ni se ha de entender que Dios abandone así aquellas ramas» Col. XV, núms. 24 y 25, pp. 463 a 465.

La comparación entre los dos Testamentos se­gún el número ternario parece confirmar esta im­presión. «Porque existe el tiempo de la sinagoga comenzada, adelantada y decadente, y en el Nue­vo Testamento existe el tiempo de la Iglesia co­menzada, dilatada y consumada.».

Pasemos ahora a la comparación según el nú­mero quinario:

«En el Antiguo Testamento, el primer tiem­po es el de la creación de las naturalezas; el segundo, el de la inspiración de los Patriarcas; el tercero, el de la institución de las cosas legales; el cuarto, el de la ilustración de los Profetas; el quinto, el de la restauración de las ruinas... En el Nuevo Testamento, el primer tiempo es el de la difusión de los carismas; el segundo, el de la vocación de los gentiles; el tercero, el de la institución de las Iglesias se­gún las leyes; el cuarto, el de la multiplicación de las religiones; el quinto, en el fin, será el de la restauración de los caídos, porque es ne­cesario que venga Elias que restituirá todas las cosas; con él vendrá también Henoc. Pero la bestia vencerá a aquellos dos testigos. De don­de es necesario que primero sean derribados, y venga la ruina, y luego la restauración; será tanta la tribulación que aún los escogidos si posible fuere caerían en error» Col. XV, núm. 28, pp. 465 y 467.

Tenemos aquí afirmado un quinto tiempo en que todas las cosas serán restablecidas, tiempo al que habrá precedido la gran tribulación y el triun­fo de la bestia sobre los testigos del Señor.

El pensamiento de San Buenaventura sobre este séptimo tiempo futuro se aclara todavía si advertimos lo que había dicho al tratar del «sexto tiempo», el de «la clara doctrina», que dice co­menzar con el Papa Adriano, contemporáneamente a los comienzos del imperio de Carlomagno; so­bre este tiempo y sobre su fin dice:

«¿Quién ha dicho cuánto durará? Es cierto que nos encontramos en este tiempo; cierto es también que durará hasta que sea arrojada la bestia que sube del abismo, cuando Babilonia será confundida y derribada, y después se dará la paz; pero primero es necesario que venga la tribulación» Col. XVI, núm. 19, p. 481.

SUCESIÓN DE TIEMPOS EN LA EDAD DE LA IGLESIA MILITANTE
(Sexta edad del mundo)

Dos tiempos: 1 Tiempo de la vocación de los gentiles; 2 Tiempo de la vocación de los judíos
Tres tiempos: 1 Iglesia comenzada; 2 Iglesia dilatada; 3 Iglesia consumada
Cinco tiempos: 1 Difusión   de   los   carismas; 2 Vocación de los gentiles; 3 Institución  de  las  Iglesias según las leyes; 4 Multiplicación  de  órdenes religiosas; 5 Restauración   de   todas las cosas
Siete tiempos: 1 La gracia conferida; 2 Bautismo por la sangre; 3 Norma católica; 4 Leyes de justicia; 5 Cátedra excelsa; 6 Clara doctrina; 7 Tiempo de la paz última.

El paralelismo entre estas series de tiempos muestra sin lugar a dudas la coincidencia en las características del último tiempo en cada una de las series. El tiempo de «la vocación última de los judíos», que todavía no ha llegado, y en el que se cumplirán las profecías de la paz mesiánica, en el que se manifestará que Dios no ha abandonado a las ramas del olivo de Israel, en el día del Señor manifestado contra todos los soberbios, coincide evidentemente con la Iglesia «consumada» o «final», en la que de nuevo «Raquel dará hijos suyos en la Iglesia»; es también el tiempo de la «restitución de todas las cosas», que seguirá a la ruina y a la gran tribulación en la que áun los escogidos caerían en error; es también el tiempo de «la última paz», en que se cumplirá la profecía de Ezequiel, se reedificará la ciudad como en el principio -alude evidentemente a Jerusalén-, nuevamente reconciliada con el Señor y cuando la Iglesia militante será, cuanto es posible en este mundo, conforme a la triunfante, cuando Babilonia haya sido derribada y haya sido «arrojada la bestia al abismo», sólo después de lo cual se dará la paz.

Concilio Vaticano II en su «Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cris­tianas»:

«La Iglesia, juntamente con los Profetas y el Apóstol, espera el día, sólo de Dios cono­cido, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz, y le servirán como un solo hombre». Escribe el resto de tu post aquí.

FIGURAS DEL TRIUNFO DE LA IGLESIA: LAS EDADES DE LA HISTORIA

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viernes, 21 de noviembre de 2014

“Las esperanzas de la Iglesia” - P. Ramière S.J.: Plan de la obra

Sesión 1.- El plan de la obra: leyes de la providencia; tendencias sociales;  y profecías y revelaciones privadas LAS ESPERANZAS DE LA IGLESIA

El plan de la obra.

Es una expresión del  anhelo que tenía el P. Ramière S.J. del reinado de Jesucristo no sólo en los individuos sino en las sociedades, y especialmente en la sociedad civil.

Según San Pablo el Señor quiere que todos los hombres se salven y que, para ello, vengan al conocimiento de la verdad, y el Señor mismo encarga a los apóstoles que prediquen, por sí y por sus sucesores, el Evangelio a toda criatura, claro que con el fin de que todos crean y por la fe sean salvos.

Las Esperanzas de la Iglesia son precisamente una manifestación del optimismo con que el P. Ramière S.J. miraba la consecución de este ideal.

Objeto y Fundamento de esas "esperanzas de la Iglesia".

a) El objeto de las esperanzas de la Iglesia es su triunfo en este mundo; una reconciliación de la sociedad civil con la Iglesia. Esto espera el P. Ramière S.J. después de fijarse en la expresión de esta esperanza por Pío IX tras la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.

En cuanto al alcance y al tiempo en que esto sucederá, dice el P. Ramière S.J. que no estamos en disposición de resolver estas cuestiones con certeza"

El Padre Ramière no espera un período de milenarismo, ni material, ni meramente espiritual (o metafórico); sino simplemente una real manifestación de la verdad y santidad de la Iglesia en el mundo.

b} El fundamento de esas esperanzas consiste en las mismas leyes providenciales por las que Dios rige al mundo; en las tendencias e ideales de los espíritus y de las sociedades; y en las promesas explícitas de Dios, formuladas ya en el Antiguo ya en el Nuevo Testamento, y en otras hechas a los Santos y autorizadas por la Iglesia, que las ha examinado y aprobado.


1.ª Parte: Leyes Providenciales

Dios ha creado el mundo, lo conserva y lo gobierna para su propia gloria, que obtiene mediante la comunicación de su bien a todos los seres y, en concreto, al hombre, que consiste en su divinización, mediante la transformación de la gracia de Cristo, que comunica al hombre la vida del Señor Jesús, y florece al fin en la consumada, perfecta y dichosa vida de la patria eterna.

Por lo que a las sociedades como tales concierne, estima el Padre Ramière, y con razón, que también tienen como fin la divina glorificación.

Esta sólida y prudente teología de las sociedades, tan manifiesta en la Historia Sagrada, apoyada en las tres verdades indiscutibles:

Þ      que las naciones, como tales, tienen una finalidad señalada por Dios, que es la divina glorificación;
Þ      que esa divina glorificación se realiza en el tiempo, pues sólo en el tiempo existen las colectividades terrestres;
Þ      que la sanción correspondiente a la conducta colectiva no puede darse sino en este mundo; excluye el sueño de una pervivencia de la sociedad como tal en la existencia gloriosa de la patria eterna y en una vida colectiva ultraterrena.

Los pueblos como tales han de glorificar también a Jesucristo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan, reconociendo su realeza suprema y absoluta y sometiéndose amorosamente a sus santas y saludables leyes.

Ese reino de Jesucristo en cada individuo y en la sociedad se ha de establecer por medio de la Iglesia.

La consumación del reinado de Jesucristo en el mundo se alcanza cuando la Sociedad Civil se organiza cristianamente.

2.a Parte: Tendencias de los espíritus y de las sociedades.

En la segunda parte el Padre Ramière examina las tendencias o aspiraciones de los espíritus, de la sociedad civil de su tiempo y de la misma Iglesia. Cuanto a las primeras, las reduce a una fundamental, la de garantizar el respeto a la dignidad humana, y a varias otras que tienen por objeto las diversas libertades en que esa dignidad se concreta: de religión y de conciencia, de pensamiento, de acción política, de asociación, de expresión; y asimismo la igualdad y la fraternidad. Trío: libertad, igualdad y fraternidad, en cuyo nombre se hizo la gran revolución francesa.

3.a Parte: Las promesas divinas.

Profecías del Antiguo y Nuevo Testamento

En la tercera parte examina los más decisivos fundamentos de las esperanzas de la Iglesia: las promesas de Dios expresadas: unas, en los hechos del Antiguo y del Nuevo Testamento, otras en los oráculos de los profetas; otras, en las comunicaciones a los Santos de la ley nueva.

Esas profecías son la expresada en el Génesis, 3, 15, sobre la victoria contra la serpiente, las promesas hechas a los patriarcas sobre el nacimiento del Salvador del mundo y sobre las bendiciones que derramará sobre todas las naciones, explicadas por los salmos, por Isaías y otros profetas, por Daniel y por San Juan.

A la luz de aquel gran principio de hermenéutica: "las palabras de los Sagrados libros deben ser entendidas en su sentido obvio y natural, siempre que ese sentido no sea contrario a otra proposición más clara de las mismas Escrituras, a la tradición eclesiástica o al testimonio manifiesto de la razón".

Señales para esperar: profecías de santos, la devoción al Corazón de Jesús y la formulación de la esperanza en la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.

a) las profecías de Santa Hildegarda que considera preludio de las bendiciones derivadas de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

b) Los tiempos actuales, desde el siglo XVIII en adelante, se caracterizan por la llamada del Espíritu Santo a la vida interior sobrenatural de incorporación a Jesucristo; y es precisamente la devoción al Sagrado Corazón de Jesús el medio providencial sugerido por Él mismo y tan recomendado por la Santa Iglesia, para progresar en ese conocimiento de lo más íntimo y bello de Jesucristo y en el consiguiente amor.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, bien entendida, no es una práctica particular de devoción. Es la religión entera.

Las seguridades de redención que esta preciosa devoción nos ofrece, son un especial argumento en favor de las esperanzas de la Iglesia.

c) La definición del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María es para el Padre Ramière un decisivo argumento en favor de sus esperanzas. Lo es, en primer lugar, porque así lo proclama el Papa en la bula "Inneffabilis Deus".

Después, porque cree natural que la maternidad de María respecto del cuerpo místico de Jesucristo ha de traducirse en una especial eficacia santificadora de todos sus miembros.

Y finalmente porque estima que el dogma de la Inmaculada Concepción de María armoniza en el hombre moderno su aspiración a lo perfecto con la conciencia de su real miseria.

Pío IX "Nos esforzamos con certísima esperanza y firme confianza en creer que la beatísima Virgen... querrá lograr con su patrocinio que la Santa Madre Iglesia Católica, superadas todas las dificultades y disipados todos los errores, en todas partes y entre todas las gentes, de día en día más se robustezca, florezca y reine "de mar a mar, y desde el río hasta los confines del orbe", disfrute de plena paz, tranquilidad y libertad, a fin de que los reos obtengan perdón, los enfermos salud, los débiles fortaleza, los afligidos consolación, los necesitados auxilio, y todos los equivocados, desvanecidas las tinieblas de su mente, vuelvan al camino de la verdad y de la justicia, y se forme un solo redil bajo el único Pastor".

El Padre Ramière espera que pronto llegará la hora de esa divinización del mundo, hecha visible en el reinado social de Jesucristo..