sábado, 21 de febrero de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
Profecías mesiánicas en los libros sagrados
15-01
17 - PROFECÍAS MESIANICAS EN LOS SAGRADOS LIBROS
Para empezar se recuerda el Objeto y Fundamento de
las "esperanzas de la Iglesia".
a) El objeto de las esperanzas de la Iglesia es su triunfo en este mundo;
una reconciliación de la sociedad civil
con la Iglesia,
b) El fundamento de esas esperanzas consiste en las leyes de la
providencia divina; en las
tendencias e ideales de los espíritus y de las sociedades como aparecen en
la actividad cultural, social y política de los últimos siglos últimos; y en las promesas explícitas de Dios, en
la revelación pública y en revelaciones privadas aprobadas por la Iglesia.
Otra cuestión a considerar es que
cómo se trata de interpretaciones de textos de la Sagrada Escritura formulados
en forma de profecías el P. Ramière S.J. expresa cómo deben ser abordados. La primera regla de
toda buena interpretación: no hay que apartarse jamás del sentido obvio de las
palabras, a menos de ser precisados por otros pasajes más claros de la Escritura, por la autoridad de la Iglesia o por el sentido común
Profecías sacadas del Génesis
§ 1. La promesa
realizada a Adán y Eva después del pecado original
El completo triunfo del Salvador y de su Iglesia le parece al P.
Ramière S.J. anunciado en la primera de
las profecías, después del primer pecado. "Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, dice el Señor a la
serpiente, y entre tu linaje y el suyo; ella
te aplastará la cabeza y tú le morderás el calcañal." (1. Gen 3, 15).
Esta predicción
encierra dos partes: la primera, la lucha entre la serpiente y la mujer,
entre el fruto bendito de ésta y la raza maldita de aquélla; la segunda, el triunfo definitivo de la mujer y de su
descendencia sobre la serpiente y sus satélites.
En relación con la primera parte de la profecía, su cumplimiento es manifiesto y es
difícil ver qué falta para que sea perfecto.
Pero la segunda parte,
el aplastamiento de la cabeza de la
serpiente, No se puede afirmar que se haya realizado, al menos, completamente.
Parece razonable admitir que esa profecía, que comenzó a
realizarse en la Concepción Inmaculada de María, recibirá perfecto cumplimiento, cuando la plena manifestación de
ese glorioso privilegio le permita producir todos sus frutos.
§ 2. — Consoladoras promesas
hechas a los patriarcas
Les promete que hará nacer de su estirpe al Salvador del
mundo,
y les asegura que de ese bendito germen
se derramarán las gracias celestiales sobre todas las generaciones de la
tierra. Véase (Gen 18,
17-18; 22, 18; 24, 4).
¿Cuál es el sentido obvio de las palabras "Todas las naciones serán benditas en el que
nacerá de tu estirpe"? que vendrá tiempo en que el conjunto de las
naciones y de los hombres, sometidos a los hijos de Abraham, gustará bajo su
amable imperio los bienes que ha venido a traer a los hombres.
Profecías sacadas de los Salmos
Todo lo que encierran
se refiere directa o indirectamente a Jesucristo. En los salmos se nos muestra
a Jesucristo consagrado por su Padre
no sólo rey del cielo, sino más especialmente todavía rey de la tierra. Todos los pueblos le son dados en
herencia y todos los confines de la tierra son su posesión. Será no sólo rey de derecho, sino también de hecho; les gobernará
con cetro de hierro y les quebrará como vasos de barro (Ps 2, 6. 8-9). Dominará de un mar a
otro mar, desde el río hasta el extremo del mundo (Ps 71, 8-9). Ante
él se inclinarán sus enemigos, y sus adversarios besarán el polvo. (Ib., 9)
Todas las gentes, que Él creó, irán a postrarse ante Él; (Ps 85, 9) y no unos después de otros solamente, sino todos juntos y al mismo tiempo
los pueblos, y los reyes se reunirán para dar culto al Señor (Ps 101, 23).
A este himno magnífico, inspirado
por el triunfo del Rey Salvador en su Iglesia, convendría juntar los cánticos que tienen por objeto directo
el triunfo de la Iglesia misma; son éstos los que fueron compuestos con ocasión de la construcción
del Tabernáculo, de la dedicación del Templo o de su restauración después de la
cautividad.
La dedicación del Templo después de la cautividad fomenta
esperanzas todavía más vivas. Entonces, se convierte la Sinagoga en la
imagen de la Iglesia de los últimos tiempos, a la cual está confiado el imperio
del mundo. Escuchad al Salmista:
Þ
"Tributad al Señor, razas de los pueblos, tributad al Señor
gloria y honor.
Þ
"Los que estabais excluidos del Templo y de los
sacrificios, traedle dones y entrad en sus atrios, adorad al Señor con
sagrada pompa.
Þ
"Estremézcase en su presencia toda la tierra; anunciad a las
naciones: El Señor es rey.
Þ
"Él da estabilidad al mundo para que no vacile. Él juzga a
los pueblos con equidad.
Þ
"Alégrese el cielo y regocíjese la tierra, agítese el mar y
cuanto en él se contiene; gócense los campos y cuanto existe en ellos.
Þ
"Llénense de júbilo los árboles todos en las selvas, ante la
presencia de Dios, que viene, que viene a gobernar la tierra: gobernará al
mundo con justicia y a los pueblos con fidelidad." (Ps
95).
Estas profecías no pueden referirse a los acontecimientos
con ocasión de los cuales se hicieron. No es
el Tabernáculo construido por Moisés el que hacía resonar en los oídos del
Salmista la voz de Dios que inundaba la tierra con un diluvio de gracias. No invita a todos los pueblos gentiles a ir
a sacrificar víctimas en el Templo edificado por Esdras y Zorobabel. Por
otra parte, esas predicciones no se
refieren a los principios de la Iglesia, pues nos presentan la tierra entera cubierta de un diluvio de gracias divinas,
y a todos los pueblos reunidos en su santuario. El Salmista quiso cantar la gran dedicación que Israel celebrará cuando
la tierra entera no forme más que un gran Templo en el cual la humanidad,
convertida en una sola familia, cante
las alabanzas del verdadero Dios.
Profecías de Isaías explicadas por
San Pablo
§ 1. — Palabras del Profeta
Isaías muestra a Sión apoyando su base sobre todas las
montañas de la tierra, es decir, en lenguaje profético, dominando todas las grandezas y todos los poderes humanos humildemente
sometidos a su autoridad. Presenta a las naciones todas, no en lucha con
ella, ni sometiéndose con repugnancia a su supremacía, sino atraídas a ella por
una pendiente tan suave como la que arrastra los ríos al mar. Entonces, dice,
"correrán a él todas las gentes,
y vendrán muchedumbres de pueblos,
diciendo: Venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, y él nos
enseñará sus caminos, y nosotros iremos por sus sendas". Entonces, en
efecto, añade el Profeta: "de Sión
ha de salir la ley y de Jerusalén la palabra de Yahvé. Él juzgará a las gentes y dictará sus leyes a numerosos pueblos". (Is 2, 2-4).
Mas ¿cuáles serán los frutos de esa supremacía
de la Iglesia y de esa universal sumisión de los pueblos?: Entonces los
hombres de "sus espadas harán rejas
de arado, y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente, ni se ejercitarán en la guerra. (Is 2, 4). Alegraránse el desierto
y la tierra árida, se regocijará la soledad y florecerá como un narciso.
Florecerá y exultará con júbilo y cantos de triunfo; le será dada la gloria del
Líbano, la hermosura del Carmelo y del Sarón. La tierra seca se convertirá en
estanque, y el suelo árido en fuentes. Lo que fue morada y cubil de chacales,
se cubrirá de cañas y juncos. No habrá
allí leones, ni fiera alguna pondrá
los pies allí. (Is 35, 1-2. 7. 9). Habitará
el lobo con el cordero, y el
leopardo se acostará con el cabrito, y comerán
juntos el becerro y el león, y un
niño pequeño los llevará. No habrá
ya daño ni destrucción en todo mi monte santo, porque estará llena la tierra del conocimiento de Yahvé, como llenan las aguas el mar." (Is 11, 6. 9).
Tales son las promesas hechas a la Iglesia.
§ 2. — Tiempo de su cumplimiento
Isaías dice claramente en qué época deben realizarse
plenamente las magníficas promesas hechas a la nueva Jerusalén. Cuando la antigua Sión, la raza en otro tiempo escogida en Abraham,
y luego reprobada por su obstinación deicida, hubiere reconocido por fin a su Salvador.
"No hay Dios
justo y salvador fuera de mí; volveos a mí y seréis salvos, naciones todas de
la tierra. Porque yo soy Dios; y no hay otro; por mí lo juro, sale la verdad de
mi boca y es irrevocable mi palabra. Doblaráse
ante mí toda rodilla, y por mí
jurará toda lengua." (Is 45, 17-23).
No sólo Isaías ha manifestado la admirable coincidencia entre el cumplimiento perfecto de las
promesas hechas a Abrahán y la total realización de las promesas profetizadas a
la Iglesia.
El teólogo de la Ley
Nueva, San Pablo, apoyando con su
infalible autoridad la interpretación que acabamos de dar a las profecías de
Isaías, descubre, en términos
todavía más precisos, la reconciliación
de la antigua y nueva Sión como la era de la resurrección y de la renovación
del mundo. "No quiero que
ignoréis, hermanos, este misterio
—para que no seáis prudentes a vuestros ojos—, que el endurecimiento ha sobrevenido a una parte de Israel, hasta que la totalidad de las naciones haya
entrado; y así todo Israel será
salvo, según que está escrito: Vendrá
de Sión el Libertador, apartará de
Jacob las impiedades." (Rm 11, 25-26).
"Pues ya, si su caída es riqueza del mundo, y su mengua riqueza de los gentiles, ¿cuánto más lo será su plenitud? Si su
repudio es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un retorno
de muerte a vida?" (Rom 11, 12. 15). Aañade el Apóstol,
"no cabe en Dios arrepentimiento de
sus dones y de su vocación" (Rm 11, 29). "Porque como vosotros (los gentiles) un tiempo fuisteis rebeldes a Dios, mas ahora habéis sido mirados con misericordia con ocasión de la
rebeldía de ellos, así también ellos
(los judíos) ahora fueron rebeldes con
ocasión de la misericordia hecha a vosotros, para que también ellos ahora alcancen misericordia. Porque encerró
Dios a todos igualmente dentro de la rebeldía para usar con todos de
misericordia. ¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y ciencia de
Dios!" (Rm 11, 29-33)
No podemos tener la
menor duda: la época de la resurrección
del mundo entero será la época de la resurrección del pueblo judío.
¿Cuándo sucederá esa doble resurrección? Cuando la muerte hubiere acabado su obra; cuando la incredulidad del mundo como la de Israel hubiere producido
todos sus frutos, cuando la amargura de esos frutos hubiere constreñido al
uno y al otro a recurrir a la misericordia del Salvador.
§ 3. — Confirmación tomada de
otros profetas
Ezequiel. (Ez.
37, 15-24)
" Así dice el
Señor, Yahvé: Mira, yo tomaré a los
hijos de Israel de entre las gentes a que han ido, juntándolos de todas partes, y
los traeré a su tierra. Y haré de
ellos en la tierra, en los montes de Israel, un solo pueblo, y todos tendrán un solo rey; nunca más serán dos naciones, nunca
más estarán divididas en dos reinos. Nunca más se contaminarán con sus
ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; los libraré de todas
las rebeliones con que pecaron, y los purificaré y serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será su rey, y
tendrán todos un solo pastor, y
caminarán por las sendas de mis mandamientos y guardarán mis preceptos,
poniéndolos por obra".
Es preciso admitir que el profeta quiere hablar aquí del
acercamiento entre la Iglesia, que es la
Jerusalén nueva, y la Sinagoga, figurada por la cismática Samaría. A
dicha aproximación, pues, hay que referir las bendiciones que anuncia Ezequiel.
Encontramos una confirmación clarísima de la restauración universal que Isaías
y San Pablo nos han mostrado que debía coincidir con la vuelta de Israel.
Profecías de Daniel y de San Juan
§ 1. — Daniel
Daniel, en dos
visiones, muestra el triunfo de la Iglesia como el fin hacia el que la Divina Providencia dirige la
sucesión de los acontecimientos humanos. Hace ver primeramente, en la estatua colosal que había aparecido en
sueños de Nabucodonosor, la sociedad
de los hijos de los hombres sucesivamente representada por los cuatro grandes
imperios de los babilonios, persas,
griegos y romanos. (Dan 2). En el momento en que el
cuarto imperio estaba en todo su apogeo, he ahí que una piedrecita desgajada de la montaña, sin la intervención de
ningún hombre, va a chocar contra el pie
del coloso, lo tiende por tierra y
hace pedazos todos los elementos que ha recibido de los imperios precedentes.
Es Jesucristo, que, como Dios, ha
salido del seno del Altísimo, y como hombre ha sido engendrado, sin la
intervención de hombre alguno, en el seno de María, la más elevada de todas las
criaturas. Es también la Iglesia,
cuya cabeza es Jesucristo, y que, pequeña
primeramente, pero firme como una piedra, quebranta el imperio de Roma idólatra. Mas pronto ve el profeta que
esa piedra crece, que llega a ser una gran montaña y acaba por llenar toda la
tierra. Volvemos a encontrar aquí las glorias de la montaña santa, de la nueva
Sión, anunciadas por Isaías. Mas ¿cuándo alcanzará todo su desarrollo? ¿cuándo
se cumplirán plenamente esos planes? El profeta nos lo va a decir.
Los cuatro imperios de la sociedad infiel le aparecen de
nuevo en figura de cuatro animales feroces. El
último imperio se subdivide en diez reinos, figurados por los diez cuernos de la cuarta bestia. Y
he ahí que un nuevo cuerno, es
decir, un nuevo reino primeramente
pequeño, se levanta en medio de los
otros diez y desmocha tres de ellos. Este cuerno tiene dos ojos y una lengua que habla insolentemente contra el Altísimo; hace la guerra a los santos y prevalece
contra ellos; se imagina que podrá
cambiar los tiempos y las leyes. Y, en efecto, se le otorga el poder, pero
sólo por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo. Después de esto se le quitará el poder; no sólo será destruido este cuerno, sino también la bestia misma, es decir la sociedad infiel, desaparecerá.
Entonces el Hijo del Hombre recibirá del
Anciano de días el poder, el honor,
y el imperio; entonces todas las cosas que están debajo del cielo
serán sometidas al pueblo de los santos del Altísimo y todos los reyes le
obedecerán, y todas las tribus y
lenguas le servirán. (Dan 7.)
§ 2. — San Juan
San Juan, en su
Apocalipsis, nos vuelve a pintar la misma profecía "Y vi un ángel que descendía del cielo, trayendo la llave del abismo y
una gran cadena en su mano. Y cogió al
dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo, Satanás, y le encadenó por mil años. Y le arrojó
al abismo y cerró, y encima de él puso un sello, para que no extraviase más a
las naciones hasta terminados los mil años, después de los cuales será soltado
por poco tiempo.
"Y vi tronos, y
sentáronse en ellos, y fuéles dado el poder de juzgar, y vi las almas de los que habían sido degollados por el testimonio de
Jesús y por la palabra de Dios, y cuantos
no habían adorado a la bestia, ni a su imagen, y no habían recibido la marca sobre su frente y sobre su mano; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.
Los restantes muertos no vivieron hasta terminados los mil años. Esta es la
primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera
resurrección; sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán
sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años." (Apoc 20, 4-6)
§ 3. — Luz que brota de la
comparación de los dos profetas
Hay en esta profecía muchos pormenores que sólo los hechos
podrán hacernos comprender.
¿Cuándo tendrá lugar ese
combate contra el último poder de la infidelidad que debe ser la señal de la
primera resurrección del mundo? ¿Cuál
es el décimo cuerno de la bestia cuya caída traerá consigo las grandes
efusiones de la misericordia divina? Respecto de esto no tenemos más que
conjeturas, fundadas en ciertas probabilidades. El P. Ramière S.J. sigue en
esto a Rohrbacher, en su (Histoire
de l’Èglise, t. IV, p. 533).
Se transcribe aquí sólo como expresión del pensamiento del P. Ramière
S.J. no porque se acepte esta interpretación e incluso cómo se podrá ver
después de leer el texto las previsiones de este autor no se han cumplido al
menos en la forma en que las expresó él en su historia de la iglesia.
"Los caracteres de ese cuerno preponderante
convienen muy bien y se les aplica generalmente también al imperio mahometano
que, al principio del siglo VII, el año 622, en Arabia, en otro tiempo
provincia romana, se levanta, pequeño primero, mas pronto grande y formidable; abate o aun aniquila tres reinos, el de los persas en Asia, el de
los visigodos en España, el de los
griegos en Constantinopla; su jefe Mahoma
fue el vidente, el profeta; habla
con soberbia contra Dios, negando la
divinidad de su Hijo; hace la guerra
a los santos, es decir a los cristianos, y prevalece contra ellos en una parte de la tierra. Imagínase poder cambiar las leyes y los
tiempos o la manera de contarlos; sustituye
la ley de Moisés, y la de Jesucristo
por el Corán. Mantendrá de ese modo el poder un tiempo, dos tiempos y la
mitad de un tiempo, es decir, tres años y medio, o cuarenta y dos meses, o dos
mil sesenta días, número misterioso que hemos visto aparecer más de una vez en
el Apocalipsis.
"Tomando con los
intérpretes un año por un día, la duración del imperio anticristiano sería de
1260 años, como el mahometismo comenzó en 622, terminaría pues en 1882".
El P. Ramière S.J. dice
en su libro que no es más que una conjetura y acertó.
Sobre los
acontecimientos que precederán al triunfo del Mesías profetizado en la
Escritura, el P. Ramière S.J. acepta con Rondet, autor antimilenarista, que la
conversión de los judíos y las bendiciones que a ella han de seguir serán
precedidas de grandes azotes. Entendemos
que se refiere a lo que el Catecismo de la Iglesia Católica afirma en los nº
674 y 675. Por una parte (674) que “la venida del Mesías glorioso, en un
momento determinado de la historia (cf. Rm 11, 31), se vincula al
reconocimiento del Mesías por todo Israel (Rm 11, 26; Mt 23, 39)”. Y en el
(675) que “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una
prueba final que sacudirá la fe numerosos creyentes (cf. Lc 18,8; Mt 24, 12)”.
El P. Ramière S.J.
también comparte con Rondet que hay íntima conexión entre cuatro
acontecimientos: la venida de Elías, la conversión de los judíos, la
persecución del Anticristo y el advenimiento del Salvador que destruirá ese
impío con el soplo de su boca. El Catecismo de la Iglesia Católica en el nº 675
afirma que la persecución... desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma
de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución
aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad”.
Lo que no el P.
Ramière S.J. pone en duda es que el advenimiento del Salvador sea el último
advenimiento en el cual serán juzgados los vivos y los muertos. Lo hace en base
a que San Juan distingue dos triunfos del Hijo de Dios en el Apocalipsis en los
capítulos 19, 11 y 20, 12. No obstante, puede conciliarse si el período de
tiempo “día” que se aplica al juicio final con la segunda venida, sea no 24
horas, sino un período de tiempo no determinado. Esta cuestión y el orden de
los acontecimientos serán objeto de reflexión en otras sesiones.
lunes, 5 de enero de 2015
domingo, 21 de diciembre de 2014
domingo, 30 de noviembre de 2014
FIGURAS DEL TRIUNFO DE LA IGLESIA: EDADES DEL MUNDO
En esta sesión se ha
seguido el libro de las Esperanzas de la Iglesia del P. Ramiére S.J. en su
tercera parte, donde trata sobre las imágenes del triunfo de la Iglesia y de la
regeneración del mundo.
Actitudes
sobre el cumplimiento de las profecías mesiánicas.
Son cuatro las que han
existido, sobre todo, en los primeros siglos.
Primera: cristianos que profesan
la esperanza en el futuro
cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento; aceptan como libro divinamente inspirado el Apocalipsis,
que reconocen ser obra del
apóstol y evangelista Juan.
Segunda: cristianos que no comparten
aquellas esperanzas. Entre ellos se dio la negación de la apostolicidad del Apocalipsis, que algunos
atribuyeron al hereje Cerinto,; y también, a partir de Orígenes, una interpretación exclusivamente alegórica, excluyendo su significado
literal
Tercera: El error herético, las gnosis. Todo un conjunto de sistemas con el rasgo común de despreciar y maldecir lo
creado y al Dios creador y legislador del Antiguo Testamento.
Cuarta: El error judío, el
ebionismo, que rechaza la unión de Dios con el hombre. El término milenarista quería denunciar el horizonte
exclusivamente temporal de su modo de entender el Reino.
El planteamiento de la iglesia primitiva
inicialmente predominó la primera actitud, a partir de San Agustín se hizo más
generalizada la segunda actitud. Las dos últimas no son compatibles de ninguna
manera con el cristianismo.
P.
Ramière S.J. Tres figuras del triunfo de la Iglesia.
Primera figura del triunfo de Jesucristo en la Iglesia: El descanso
del séptimo día
1.— Los divinos atributos
en el orden de la naturaleza y de la gracia
Þ El hombre, espíritu y
cuerpo, ha sido el término de todas las obras de Dios en el orden de la
naturaleza,
Jesucristo, Hombre Dios, va a ser el
término de todas las obras de Dios en el orden
de la gracia.
Þ El hombre será creado
el sexto día de la creación y
Jesucristo aparecerá en el sexto día del
mundo.
Þ Antes de crear al
hombre, el Creador producirá: seres inorgánicos; después vegetales; después peces;
aves; mamíferos; finalmente el hombre y la mujer.
Jesucristo aparece después de seis
períodos. Abel, el justo perseguido; Noé, el
trabajo por salvar al hombre; Moisés, el
legislador futuro: Rey y Pontífice; David,
cualidades guerreras; Salomón las virtudes
pacíficas; los profetas, rayos de saber;
Jesucristo-la Iglesia.
2. — Misterio
del descanso de Dios después de crear al hombre
Þ En el orden de la
creación, Dios consagra el séptimo al descanso. El sábado de la tierra es el
anticipo de ese sábado celestial.
En el orden sobrenatural, el sabatismo de
la Iglesia.
Segunda figura del
triunfo de la Iglesia: La paz otorgada a la Sinagoga
Para mantener el
criterio de las figuras, la promesa a la Iglesia de un magnífico triunfo
después de todas sus luchas, ha de tener su figura en un triunfo similar en la
historia de la Sinagoga, primer esbozo de la Iglesia.
El orden sobrenatural consiste
propiamente en la deificación de la humanidad, la cual, preparada, anunciada y
figurada por el antiguo pueblo durante cuatro mil años, se realiza en
Jesucristo, se concluye por la Iglesia y se consuma en el esplendor de los
cielos.
Mas su preparación, su
cumplimiento y su término, es decir la Sinagoga, Jesucristo y la Iglesia, pasan
por fases muy semejantes.
Sinagoga.
I. Apenas el antiguo pueblo había nacido de los doce
patriarcas, hijos de Jacob, cae en un cruel cautiverio por los egipcios.
Imagen de las
persecuciones que la Iglesia de parte de los emperadores romanos.
II. En el momento en que el yugo impuesto a los hijos de
Jacob llegó a ser más intolerable, Moisés recibió de Dios el encargo de
quebrantarlo y de derribar el poderío del tirano. Da a la Sinagoga su
existencia pública; promulga el primer código de leyes. Dios toma posesión de
la realeza del pueblo que se ha escogido.
La liberación de la
Iglesia en el siglo cuarto por Constantino.
III. Entre Moisés y Salomón luchas internas; la Sinagoga
adquiere, bajo el cetro de David, un incomparable esplendor; mas esta
magnificencia es oscurecida luego.
Tampoco la Iglesia
goza, después de su liberación bajo Constantino, de paz muy duradera. La
invasión de los bárbaros del Norte y después los mahometanos.
IV. Los siglos de la apostasía. Israel se separa de Judá;
repudia el templo único que el Altísimo se ha escogido para comunicarle en él
sus oráculos y se forja becerros de oro para adorarlos. Los profetas no son
escuchados
Entre los siglos 15 y
19 tienen lugar el cisma funesto de Lutero, de Calvino, de Enrique VIII. Son
períodos de cautividad para la Iglesia.
V. La cautividad de setenta años fruto de la idolatría.
Entonces se cumplieron todas las promesas que habían sido hechas a los hijos de
Judá por Isaías y por Ezequiel. Los Macabeos liberaron al pueblo de estas
pruebas, el reino de Judá como norma. Desde Ciro hasta Jesucristo.
Así sucederá en la Iglesia. La ambición
de los príncipes, nuevos Herodes, activará acaso la decadencia, y, cuando el
Hijo del Hombre realice su segundo advenimiento, apenas hallará sobre la tierra
más fe que la que encontró al venir por vez primera.
Tercera figura del
triunfo de la Iglesia: El triunfo de Jesucristo resucitado
I. Jesucristo, como la Sinagoga y la Iglesia, apenas llegado
al mundo, se ve expuesto a la persecución y padece también una especie de
cautiverio de Egipto.
II. Después de venir de Egipto, comienza el período de formación.
El niño crecía en sabiduría y en edad. Así sucede con la Iglesia desde el siglo
quinto al catorce, reúne su dogma en un cuerpo de doctrina.
III. La vida pública del Salvador es una época de lucha.
Jesucristo predica la nueva del Evangelio, pero se suscita la envida de los
poderosos: los fariseos, saduceos y herodianos que concluye con el calvario. El
siglo quince abre para la Iglesia una nueva era que será a un tiempo la era de
su mayor expansión y de sus más terribles luchas.
IV. Jesucristo resucitó de entre los muertos cuando los
fariseos se congratulaban de haberle matado y eso se vio en todas las regiones
que habían sido testigo de sus humillaciones y de la alegría de sus enemigos.
El Cuerpo Místico de
Jesucristo tiene el derecho de recibir, y la justicia y la sabiduría de Dios
parecen exigir que le sea concedida la gloria incomparable que su cuerpo
natural recibió en la resurrección y disfrute en la tierra un tiempo
considerable antes de subir a los cielos.
TEOLOGÍA DE LA HISTORIA DE SAN BUENAVENTURA. Cristiandad, jul. Ag. Sept 1983.
Francisco Canals Vidal. Resumen
La teología de la historia de San
Buenaventura se halla en las Colaciones sobre el Hexaemeron, en concreto en las
Col. XIV a XVI.
En la Colación XIV, compara la obra de
la salvación con la realidad de la naturaleza en un árbol: primero las raíces,
después las hojas, y posteriormente las flores que hacen surgir los frutos;
así la obra de la salvación sus raíces en los Patriarcas, sus hojas en la Ley,
sus flores en los Profetas, y su fruto definitivo es Cristo en el que es
realizada la salvación
Sobre este esquema distingue San Buenaventura tres
principales misterios en cada una de estas cuatro etapas.
LOS DOCE MISTERIOS PRINCIPALES
LOS
PATRIARCAS (Promesa de la salvación): Creación de la naturaleza;
Castigo de los crímenes: Vocación de los Patriarcas.
LA LEY (Figura de la salvación): Promulgación de la Ley; Victoria
sobre los enemigos; Establecimiento de los Jueces.
LOS
PROFETAS (Anuncio de la salvación): Unción de los
Reyes; Revelación de los Profetas; Restauración de los príncipes y de los Sacerdotes.
CRISTO (Realización de la
salvación): Redención de los hombres ; Difusión de los
carismas; Revelación de las Escrituras en el Apocalipsis
En la Colación XV San Buenaventura
considera las «teorías», investigaciones o especulaciones según las que
resplandecen los dos Testamentos. Se
inicia con el desarrollo del esquema de las seis edades de la historia, que
corresponden a los seis días de la creación, más la séptima, que corresponde al
sábado, al descanso del Señor, y a la que pertenece el descanso de las almas
bienaventuradas en el cielo, según la interpretación de San Agustín en «La
Ciudad de Dios».
A este esquema de las siete
edades, en el que se entiende la séptima no como intrahistórica, sino como el
descanso y felicidad de las almas hasta la resurrección final, permanece fiel
San Buenaventura, subraya la coincidencia cronológica entre la «séptima edad»,
la de la Iglesia triunfante, con la «sexta edad», iniciada por la Redención y la
fundación de la Iglesia militante.
Esta doctrina, que comprende la «séptima edad» como
constituida por la bienaventuranza celeste, es vista por San Buenaventura como
doctrina común: «la séptima edad
corre, según todos, junto con la sexta» Col. XVI, núm. 2, p. 469.
San Buenaventura muestra no tener
presente la tradición anterior, muy común en los cuatro primeros siglos de la
Iglesia, y que el propio San Agustín había utilizado en su sermón 259, sobre
la octava de la fiesta de Pascua:
Presentamos paralelamente
«el esquema antiguo», el que todavía
sigue San Agustín en el sermón mencionado, y el «esquema común» en los siglos posteriores a San Agustín, y que él expuso en «La Ciudad de Dios».
De la
confrontación de los dos esquemas resulta claramente el carácter intrahistórico, y
posterior a la actual edad de la
Iglesia, que tenía en el esquema antiguo el sábado de los Santos que
acompaña al Reinado de Cristo en la tierra; mientras que en el esquema
posterior a San Agustín, y comúnmente admitido en los siglos medievales, la
séptima edad no es una época histórica que suceda cronológicamente a la sexta,
sino que la «sexta edad» constituye la entera duración de la Iglesia militante,
desde Cristo hasta el fin de los tiempos, mientras que la llamada séptima edad
simboliza la realidad trascendente y suprahistórica
de la Iglesia triunfante.
LAS SIETE EDADES DEL MUNDO
ESQUEMA
ANTIGUO: 1 De Adán hasta Noé; 2 De Noé hasta Abraham; 3 De Abraham hasta
David; 4 Desde David hasta la
transmigración a
Babilonia; 5 Desde Babilonia hasta Cristo; 6 Desde Cristo hasta el «segundo
advenimiento»; 7 El descanso futuro de los Santos en la
Tierra, cuando reinará el Señor en la tierra con sus Santos
ESQUEMA COMUN
DE LA EDAD MEDIA: 1 De Adán hasta Noé; 2 De Noé hasta Abraham; 3 De Abraham hasta
David; 4 Desde David hasta la
transmigración a
Babilonia; 5 Desde Babilonia hasta Cristo; 6 Comienza en Cristo y
transcurre ahora y hasta el fin de los tiempos;
7 La
bienaventuranza celeste de las almas hasta la resurrección
San Buenaventura va a sorprendernos con
admirables perspectivas referentes a una esperanza intrahistórica.
Se desarrollan éstas a partir de la Colación quince.
San Buenaventura pasa a establecer, al comparar según la dualidad ambos Testamentos, la tesis de una futura época de la Iglesia:
«Hallamos
en la vieja Alianza dos tiempos: el tiempo anterior a la Ley, y el tiempo en
que el pueblo vive bajo la Ley; en la Nueva Alianza corresponde a éstos un
doble tiempo: el tiempo de la vocación de los gentiles, y el tiempo de la
vocación de los judíos. Este tiempo todavía no ha llegado, porque entonces se
cumplirá aquello de Isaías: No desenvainará la espada un pueblo contra otro,
ni se adiestrarán más en el arte de la guerra; esto todavía no se ha cumplido,
pues aún funcionan dos espadas, y todavía hay disputas y herejías. Por eso los
judíos, por lo mismo que lo esperan, creen que aún no ha venido el Cristo.»
«Pero
que los judíos se convertirán es cierto por Isaías y por el Apóstol, que aduce
su autoridad... Isaías dice: Ea, subamos al monte del Señor y a la casa del
Dios de Jacob, y sigue: No desenvainará la espada un pueblo contra otro, ni se
adiestrarán más en el arte de la guerra. Contra esto dicen los judíos que
todavía esto no se ha cumplido; pero el Profeta no se refiere a la primera
venida o a la primera vocación, sino a la última, cuando el día del Señor se
manifestará para todos los soberbios; ni se ha de entender que Dios abandone
así aquellas ramas» Col. XV, núms. 24 y 25, pp. 463 a 465.
La comparación entre los dos
Testamentos según el número ternario parece confirmar esta impresión. «Porque existe el tiempo de la sinagoga
comenzada, adelantada y decadente, y en el Nuevo Testamento existe el tiempo
de la Iglesia comenzada, dilatada y consumada.».
Pasemos ahora a la
comparación según el número quinario:
«En el Antiguo Testamento,
el primer tiempo es el de la creación de las naturalezas; el segundo, el de la
inspiración de los Patriarcas; el tercero, el de la institución de las cosas
legales; el cuarto, el de la ilustración de los Profetas; el quinto, el de la
restauración de las ruinas... En el Nuevo Testamento, el primer tiempo es el de
la difusión de los carismas; el segundo, el de la vocación de los gentiles; el
tercero, el de la institución de las Iglesias según las leyes; el cuarto, el
de la multiplicación de las religiones; el quinto, en el fin, será el de la
restauración de los caídos, porque es necesario que venga Elias que restituirá
todas las cosas; con él vendrá también Henoc. Pero la bestia vencerá a aquellos
dos testigos. De donde es necesario que primero sean derribados, y venga la
ruina, y luego la restauración; será tanta la tribulación que aún los escogidos
si posible fuere caerían en error» Col. XV, núm. 28, pp. 465 y 467.
Tenemos
aquí afirmado un quinto tiempo en que todas las cosas serán restablecidas,
tiempo al que habrá precedido la gran
tribulación y el triunfo de la bestia sobre los testigos del Señor.
El pensamiento de
San Buenaventura sobre este séptimo tiempo futuro se aclara todavía si
advertimos lo que había dicho al tratar del «sexto tiempo», el de «la clara
doctrina», que dice comenzar con el Papa Adriano, contemporáneamente a los
comienzos del imperio de Carlomagno; sobre este tiempo y sobre su fin dice:
«¿Quién ha dicho cuánto
durará? Es cierto que nos encontramos en este tiempo; cierto es también que
durará hasta que sea arrojada la bestia que sube del abismo, cuando Babilonia
será confundida y derribada, y después se dará la paz; pero primero es
necesario que venga la tribulación» Col. XVI, núm. 19, p. 481.
SUCESIÓN DE TIEMPOS EN LA EDAD DE LA IGLESIA MILITANTE
(Sexta
edad del mundo)
Dos
tiempos: 1 Tiempo
de la vocación de los gentiles; 2 Tiempo de la
vocación de los judíos
Tres
tiempos: 1 Iglesia
comenzada; 2 Iglesia dilatada; 3 Iglesia consumada
Cinco
tiempos: 1 Difusión de
los carismas; 2 Vocación de los
gentiles; 3 Institución
de las Iglesias según las leyes; 4 Multiplicación de órdenes
religiosas; 5 Restauración
de todas las cosas
Siete
tiempos: 1 La
gracia conferida; 2 Bautismo por la sangre; 3 Norma católica; 4 Leyes
de justicia; 5 Cátedra excelsa; 6 Clara doctrina; 7 Tiempo
de la paz última.
El paralelismo entre estas series
de tiempos muestra sin lugar a dudas la coincidencia en las características del
último tiempo en cada una de las series. El tiempo de «la vocación última de los judíos», que todavía no
ha llegado, y en el que se cumplirán las profecías de la paz mesiánica, en el
que se manifestará que Dios no ha abandonado a las ramas del olivo de Israel,
en el día del Señor manifestado contra todos los soberbios, coincide
evidentemente con la Iglesia «consumada» o «final», en la que de nuevo «Raquel
dará hijos suyos en la Iglesia»; es también el tiempo de la «restitución de
todas las cosas», que seguirá a la ruina y a la gran tribulación en la que áun
los escogidos caerían en error; es también el tiempo de «la última paz», en que
se cumplirá la profecía de Ezequiel, se reedificará la ciudad como en el
principio -alude evidentemente a Jerusalén-, nuevamente reconciliada con el
Señor y cuando la Iglesia militante será, cuanto es posible en este mundo,
conforme a la triunfante, cuando Babilonia haya sido derribada y haya sido
«arrojada la bestia al abismo», sólo después de lo cual se dará la paz.
Concilio Vaticano II en su «Declaración sobre las
relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas»:
viernes, 21 de noviembre de 2014
“Las esperanzas de la Iglesia” - P. Ramière S.J.: Plan de la obra
Sesión 1.- El plan de la obra:
leyes de la providencia; tendencias sociales;
y profecías y revelaciones privadas LAS ESPERANZAS DE LA IGLESIA
El Padre Ramière espera que pronto llegará la hora de
esa divinización del mundo, hecha visible en el reinado social de Jesucristo..
El plan de la obra.
Es una expresión del anhelo que
tenía el P. Ramière S.J. del reinado de Jesucristo no sólo en los individuos
sino en las sociedades, y especialmente en la
sociedad civil.
Según San Pablo el Señor quiere que todos los hombres se
salven
y que, para ello, vengan al conocimiento
de la verdad, y el Señor mismo
encarga a los apóstoles que prediquen, por sí y por sus sucesores, el Evangelio a toda criatura,
claro que con el fin de que todos crean
y por la fe sean salvos.
Las Esperanzas de la Iglesia son precisamente una
manifestación del optimismo con que el P. Ramière S.J. miraba la consecución de
este ideal.
Objeto y Fundamento de esas "esperanzas de la Iglesia".
a) El objeto de las esperanzas de la Iglesia es su triunfo en este mundo;
una reconciliación de la sociedad civil
con la Iglesia. Esto espera el P.
Ramière S.J. después de fijarse en la expresión de esta esperanza por Pío IX
tras la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.
En cuanto al alcance y
al tiempo en que esto sucederá, dice el P. Ramière S.J. que no estamos en disposición de resolver estas
cuestiones con certeza"
El Padre Ramière no espera un período de milenarismo, ni material, ni meramente
espiritual (o metafórico); sino
simplemente una real manifestación de la verdad y santidad de la Iglesia en el
mundo.
b} El fundamento de esas esperanzas consiste en las mismas leyes providenciales por las que Dios rige al mundo; en las tendencias e ideales de los
espíritus y de las sociedades; y en
las promesas explícitas de Dios, formuladas ya en el Antiguo ya en el Nuevo Testamento, y en otras hechas a los Santos y autorizadas
por la Iglesia, que las ha examinado y aprobado.
1.ª
Parte: Leyes Providenciales
Dios ha creado el mundo, lo
conserva y lo gobierna para su propia gloria, que obtiene mediante la comunicación de su bien a todos los seres
y, en concreto, al hombre, que
consiste en su divinización,
mediante la transformación de la gracia de Cristo, que comunica al hombre la vida del Señor Jesús, y florece al
fin en la consumada, perfecta y
dichosa vida de la patria eterna.
Por lo que a las sociedades como tales concierne, estima el Padre Ramière, y con razón, que también tienen como fin la divina
glorificación.
Esta sólida y prudente teología de las sociedades, tan manifiesta en la
Historia Sagrada, apoyada en las tres
verdades indiscutibles:
Þ que las naciones, como tales, tienen una finalidad señalada por Dios,
que es la divina glorificación;
Þ que esa divina glorificación se realiza en el
tiempo, pues sólo en el tiempo existen las colectividades terrestres;
Þ que la sanción correspondiente a la conducta
colectiva no puede darse sino en este mundo; excluye el sueño de una
pervivencia de la sociedad como tal en la existencia gloriosa de la patria
eterna y en una vida colectiva ultraterrena.
Los pueblos como tales han de glorificar también a
Jesucristo, Rey de Reyes y Señor
de los que dominan, reconociendo su
realeza suprema y absoluta y sometiéndose amorosamente a sus santas y
saludables leyes.
Ese reino de Jesucristo en cada individuo y en la sociedad
se ha de establecer por medio de la Iglesia.
La consumación del reinado de Jesucristo en el mundo se
alcanza cuando la Sociedad Civil se organiza cristianamente.
2.a
Parte: Tendencias de los espíritus y de las sociedades.
En la segunda parte el Padre Ramière examina las tendencias
o aspiraciones de los espíritus, de la
sociedad civil de su tiempo y de la misma Iglesia. Cuanto a las primeras,
las reduce a una fundamental, la de garantizar
el respeto a la dignidad humana, y a varias otras que tienen por objeto las diversas libertades en que esa dignidad se concreta: de religión y de conciencia, de pensamiento, de acción política, de
asociación, de expresión; y
asimismo la igualdad y la fraternidad.
Trío: libertad, igualdad y fraternidad, en cuyo nombre se hizo la gran revolución
francesa.
3.a
Parte: Las promesas divinas.
Profecías del Antiguo y Nuevo Testamento
En la tercera parte examina los más decisivos fundamentos
de las esperanzas de la Iglesia: las
promesas de Dios expresadas: unas, en
los hechos del Antiguo y del Nuevo Testamento, otras en los oráculos de los profetas; otras, en las comunicaciones a los Santos de la ley nueva.
Esas profecías son la expresada en el Génesis, 3, 15, sobre la victoria contra la serpiente, las promesas hechas a los patriarcas sobre
el nacimiento del Salvador del mundo y sobre las bendiciones que derramará sobre todas las naciones, explicadas
por los salmos, por Isaías y otros profetas, por Daniel y por San Juan.
A la luz de aquel gran principio de hermenéutica: "las palabras de los Sagrados libros deben
ser entendidas en su sentido obvio y natural, siempre que ese sentido no sea contrario a otra proposición más clara
de las mismas Escrituras, a la
tradición eclesiástica o al testimonio manifiesto de la razón".
Señales para esperar: profecías de santos, la devoción al
Corazón de Jesús y la formulación de la esperanza en la proclamación del dogma
de la Inmaculada Concepción.
a) las profecías de Santa Hildegarda que
considera preludio de las bendiciones
derivadas de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
b) Los tiempos actuales, desde el siglo XVIII en adelante, se
caracterizan por la llamada del Espíritu Santo a la vida interior sobrenatural
de incorporación a Jesucristo; y es precisamente la devoción al Sagrado Corazón de Jesús el medio providencial sugerido
por Él mismo y tan recomendado por la Santa Iglesia, para progresar en ese conocimiento de lo más íntimo y bello de Jesucristo y en el consiguiente amor.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, bien entendida, no es una práctica particular de devoción.
Es la religión entera.
Las seguridades de redención que esta preciosa devoción
nos ofrece, son un especial argumento
en favor de las esperanzas de la Iglesia.
c) La definición del dogma de la Inmaculada Concepción de
la Virgen María es para el Padre Ramière un
decisivo argumento en favor de sus esperanzas. Lo es, en primer lugar, porque así lo proclama el Papa en la bula
"Inneffabilis Deus".
Después, porque cree natural que la maternidad de María
respecto del cuerpo místico de Jesucristo ha de traducirse en una especial
eficacia santificadora de todos sus miembros.
Y finalmente porque estima que el dogma de la Inmaculada
Concepción de María armoniza en el hombre
moderno su aspiración a lo perfecto con la conciencia de su real miseria.
Pío IX "Nos
esforzamos con certísima esperanza y firme confianza en creer que la beatísima
Virgen... querrá lograr con su patrocinio que la Santa Madre Iglesia Católica,
superadas todas las dificultades y disipados todos los errores, en todas partes
y entre todas las gentes, de día en día más se robustezca, florezca y reine
"de mar a mar, y desde el río hasta los confines del orbe", disfrute
de plena paz, tranquilidad y libertad, a fin de que los reos obtengan perdón,
los enfermos salud, los débiles fortaleza, los afligidos consolación, los
necesitados auxilio, y todos los equivocados, desvanecidas las tinieblas de su
mente, vuelvan al camino de la verdad y de la justicia, y se forme un solo redil bajo el único Pastor".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



