martes, 20 de noviembre de 2007

AULA: P. JUAN MANUEL IGARTUA S.J. - CURSO: “EL MESÍAS JESÚS DE NAZARET”

“EL MESIAS DE ISRAEL EN LOS EVANGELIOS

Introducción
Pascendi y Decreto Lamentabili
Proposiciones sobre la Sagrada Escritura
Proposiciones sobre la divinidad de Jesucristo
“Jesús de Nazaret” de Joseph Ratzinger

El Mesías Jesús de Nazaret
Prólogo
La intención del autor
Esquema y contenido del libro
Semejanzas entre los libros del P. Igartua y Ratzinger

Los documentos evangélicos
Fechas y autores de los evangelios
El evangelio de Juan diferencias entre Ratzinger y el P. Igartua
Resumen de autores y fechas de los evangelios

Los evangelios documentos pospascuales
La fe en la divinidad mesiánica de Jesús de Nazaret en la comunidad pospascual
La fe en la divinidad mesiánica de Jesús de Nazaret en los evangelios
El problema crítico: comunidades pospascual y prepascual

El testimonio del Bautista sobre Jesús
Diálogo con los sacerdotes y levitas
La manifestación del Espíritu Santo

La expectación del Mesías en los Evangelios
La expectación del Mesías en tiempo de Jesús
El Mesías anunciado en el Antiguo Testamento
Signos de la expectación mesiánica en tiempo de Jesús
Los títulos mesiánicos

Afirmaciones Mesiánicas de Jesús
Manifestaciones a sus discípulos
Manifestación a otras personas singulares

Los títulos mesiánicos en Jesús
Testimonios mesiánicos: milagros y posesos
El proceso de Jesús: el Sanedrín
El proceso político ante Pilato
El cumplimiento de las Escrituras
Conclusión mesiánica sobre las declaraciones de Jesús

AULA: P. JUAN MANUEL IGARTUA S.J. - CURSO: “EL MESÍAS JESÚS DE NAZARET”

“EL MESIAS DE ISRAEL EN LOS EVANGELIOS”

Pascendi y Decreto Lamentabili

Este año se cumple el centenario (3 de julio de 2007)de la encíclica Pascendi dominici gregis de San Pío X en la que se condenan las doctrinas modernistas. La Encíclica estaba precedida del Decreto Lamentabili sane exitu, en el que se condenaron 65 proposiciones.

Para nuestro propósito interesan las que se refieren a la interpretación de la Escritura y el papel de la Iglesia en ella, por una parte, y las que se refieren a la divinidad de Jesucristo, por otra.
Proposiciones sobre la Sagrada Escritura

Autor e inspiración de los libros sagrados

Son las proposiciones 9-10-11-y12. En resumen: Los modernistas niegan que Dios sea el autor de la Sagrada Escritura; niegan la Inspiración divina en la formación y redacción de los libros Sagrados; Niegan la inerrancia de la Sagrada Escritura; niegan que exista el orden sobrenatural.

Sobre los evangelios

Son las proposiciones 13-14-15-16-17-18 y 19. En resumen: los modernistas niegan que las parábolas en los evangelios fueran verdaderas enseñanzas de Jesucristo; que las narraciones evangélicas fueran verdaderas; que los evangelios reflejen verdaderamente a Jesucristo; que el Evangelio de San Juan sea historia; los milagros fueran como quedaron escritos en el evangelio de San Juan; que San Juan fuera testigo de Jesucristo.

Proposiciones sobre la divinidad de Jesucristo

Son la proposiciones: 27-28-29-30-31-32-33-34-35-36-37-y-38. En resumen: Los modernistas enseñan que los evangelios no muestran la divinidad de Jesucristo; que Jesucristo no quiso enseñar que era el Mesías; que hay diferencia entre Jesús de la historia y el Cristo de la fe; que en los evangelios el título Hijo de Dios es para decir que era el Mesías, pero no que verdadero y natural Hijo de Dios; que Jesucristo no tuvo siempre conciencia de su dignidad mesiánica; que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico; que la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino paulina.

AULA: P. JUAN MANUEL IGARTUA S.J. - CURSO: “EL MESÍAS JESÚS DE NAZARET”

“EL MESIAS DE ISRAEL EN LOS EVANGELIOS”



El Mesías Jesús de Nazaret” P. Juan Manuel Igartua S.J.

ÍNDICE


Prólogo

Primera parte: Jesús de Nazaret, Hombre en la historia
I. Un tiempo de expectación
II. Un hombre llamado Jesús
III. Un caso singular en la historia

Segunda parte: El Mesías de Israel
I. Los documentos evangélicos
II. El testimonio del Bautista sobre Jesús
III. La expectación del Mesías en los evangelios


Los títulos mesiánicos
IV. Afirmaciones mesiánicas de Jesús
1. Manifestaciones a sus discípulos
2. Manifestaciones a otras personas singulares
3. Los títulos mesiánicos en Jesús
4. Testimonios mesiánicos: milagros y posesos
5. El proceso de Jesús: el Sanedrín
6. El proceso político ante Pilato
7. El cumplimiento de las Escrituras

Tercera parte: El Hijo de Dios
I. Los títulos de divinidad en los evangelios
II. Jesús afirma su divinidad en los Sinópticos (I):

III. Jesús afirma su divinidad en los Sinópticos(II):
IV. Jesús declara su divinidad en Juan (I):
V. Jesús declara su divinidad en Juan(II):
VI. Jesús y los grandes Misterios

Cuarta parte: Realidad de las afirmaciones de Jesús
I. La garantía de las afirmaciones
II. La voz de Jesús en los evangelios
III. Un Mesías que es Dios
IV. La fe pospascual de los discípulos

Quinta parte: Identidad y conciencia de Jesús de Nazaret
I. Identidad personal de Jesús
II. La conciencia de su identidad en Jesús
III. Conocimiento y acción en Jesús
Notas especiales
Epílogo: Una apologética por la historia
1. Dios existe. Jesús es Dios
2. La verdad de los evangelios
3. La Iglesia y la fe
4. Una nueva apologética histórica

AULA: P. JUAN MANUEL IGARTUA S.J. - CURSO: “EL MESÍAS JESÚS DE NAZARET”

El Mesías Jesús de Nazaret


Prólogo


La intención del autor

El P. Igartua, en la obra que vamos a estudiar “El Mesías Jesús de Nazaret”, sostiene como tesis que Jesús de Nazaret se proclamó Mesías e Hijo de Dios.

Su objetivo es examinar la certeza histórica de que Jesús se proclamó Mesías y Dios, y el problema que plantea este desafío de la verdad

Partiendo de tales palabras humanas y divinas, que han sido recogidas en los evangelios y en la tradición humana cristiana, deseamos alcanzar, con un método que desearíamos fiel y riguroso, la suprema verdad de quien se ha proclamado y es creído Dios y hombre verdadero. Hacer llegar al corazón de los hombres la convicción de que aquel que ha dicho tales palabras, afirmando que es Mesías y Dios, lo es verdaderamente, tal es el intento de este libro para el lector.

Creemos firmemente que El ha de volver. No pasó en vano sobre la tierra. Sentado a la derecha del Padre dirige la historia de la Iglesia y del mundo como rey de los ángeles y los hombres. Volverá para juzgar la historia y a cada uno de los humanos, los de la generación de Adán, que es la suya. Jesús de Nazaret, Mesías no sólo de Israel sino de todos los hombres, revelado y de nuevo por revelar, verdadero hombre y verdadero Dios, como le proclamamos en nuestra fe. El llama a nuestro corazón y al de nuestra generación tan frágil y trabajada. «Hombres, no temáis, abrid la puerta al Redentor», proclamó Juan Pablo II al inaugurar su dinámico pontificado entre los hombres.

Esquema y contenido del libro

Primera parte- Se trata de probar la de la existencia histórica de Jesús de Nazaret

El problema que presenta la crítica histórica de los textos evangélicos se convierte en éste: los textos y palabras de Jesús en su vida mortal, la casi totalidad del evangelio, ¿han sido recogidos a la luz de la nueva fe que los transforma en su propia estructura, o son realmente, en la medida de los posible, del propio Jesús? Sus afirmaciones, directas o indirectas, de divinidad. ¿Son de él o han sido puestas en su boca por una fe que las transforma? ¿Dijo que era Dios o se lo han hecho decir, con toda la buena voluntas que se quiera, pero no objetivamente? ¿O hay acaso que entender de otro modo tales palabras?

Resolver este problema de tan grande importancia crítica es el intento del trabajo del P. Igartua. Como nos interesa una doble calidad de las afirmaciones de Jesús, la de su mesianidad y la de su divinidad, dividimos ahora el estudio de las afirmaciones contenidas en los evangelios en dos partes.

Segunda parte. En la segunda parte, se estudian las afirmaciones mesiánicas, que responden a esta pregunta: ¿Se proclamó Jesús Mesías de Israel?

Tercera parte. La tercera partes, más grave que la anterior todavía, pero íntimamente relacionada con ella, como veremos, responde a esta otra pregunta: ¿Se proclamó Jesús a sí mismo Dios, de un modo o de otro?

En ambos problemas solamente nos interesa, en la segunda y tercera parte, saber si los evangelios le atribuyen manifestaciones realmente mesiánicas y realmente divinas.

Cuarta parte. En la cuarta parte propondremos las razones críticas, ya externas, ya internas, que sustentan la realidad objetiva de tales palabras afirmadas.

Quinta parte. Por fin, debemos concluir, a vista del resultado crítico, sobre la identidad mesiánica y divina de Jesús.

Semejanzas y diferencias entre los libros del P. Igartua y Ratzinger

En esta introducción no podemos pasar por alto que tanto Ratzinger como el P. Igartua, en sus libros relativos a Jesús de Nazaret, se fijan en los títulos que le atribuyen los evangelios. Ratzinger la consideración la hace en el capítulo 10 se para a considerar tres títulos: Hijo del hombre; Hijo; e Hijo de Dios. En cuanto al P. Igartua los analiza a fondo en la segunda y tercera parte de su libro: en la segunda, escribe sobre El Mesías de Israel y, en la tercera, sobre El Hijo de Dios.

En cuanto a la intención de los libros, ambos coinciden en proclamar con seguridad la divinidad de Jesucristo como Hijo Único del Padre y, además, que esta verdad se encuentra claramente proclamada en los Evangelios sin que haya duda alguna al respecto y que no hubo manipulación de la comunidad pospascual.

Ambos afirman la veracidad de los testigos evangélicos. Ambos examinan la autoría del evangelio de Juan, aunque no coinciden en la forma y la conclusión. Ratzinger aborda el tema del autor del evangelio según San Juan en el capítulo 8 (recordemos que tiene 10 el libro).

Ambos señalan la proximidad de fechas de los evangelios y la muerte y resurrección de Jesús.

La diferencia entre ambas obras puede cifrarse en que la de Ratzinger está compuesta sobre la aplicación de los métodos histórico-críticos explicados en el documento de la PCB del año 1993 y el P. Igartua, deja para una parte de la obra el aclarar el problema crítico sobre lo que es atribuible a Jesús y qué a la comunidad pospascual, tras haber afirmado con seguridad que conocemos con seguridad lo que Jesús de Nazaret dijo de sí mismo.

Finalmente, se diferencian por los destinatarios.

El Mesías de Israel en los Evangelios

Aula: P. Juan Manuel Igartua S.J. - Curso: El Mesías, Jesús de Nazaret

“EL MESIAS DE ISRAEL EN LOS EVANGELIOS”

1.- Los documentos evangélicos
2.- Fechas y autores de los evangelios
3.- El evangelio de Juan - P. Igartua - Ratzinger
4.- Resumen de autores y fechas de los evagelios

Los documentos evangélicos

Los hechos y palabras de Jesús de Nazaret, que nos disponemos a investigar en la línea determinada de sus propias afirmaciones de ser en primer lugar el Mesías esperado por Israel, y en segundo lugar, lo que es más, verdadero Hijo de Dios y Dios él mismo, se hallan recogidos en cuatro documentos célebres, llamados evangelios desde la antigüedad. Este nombre de “evangelio” señala un género literario muy especial, que sólo en ellos mismos se ha verificado. Son hechos y palabras de Jesús de Nazaret recogidos con fidelidad.

Son la única referencia directamente proveniente de los testigos de Jesús,

Fechas y autores de los evangelios

Fechas

Se puede partir de dos bases distintas para establecer tal cronología de composición, pero hemos escogido la que nos parece más cierta y segura. Su punto de partida ha sido el establecimiento de la fecha del libro de los Hechos que se debe atribuir en forma crítica, así como el evangelio que forma un todo con él, a Lucas como autor. Al final en el resumen se señalan entre paréntesis las fechas resultantes del segundo método que da prioridad al evangelio de Marcos que se pone como fecha límite la muerte de Pedro (+64); Lucas 70; Hechos 70-80; Mateo griego 70-80. Hay una diferencia de una década. El retraso no es muy grande pero no es legítimo para el P. Igartua.

La fecha asignada a la escritura de los Hechos es durante el bienio 61-63, sin fijar meses concretos. Esta fecha es base para los evangelios.

Considerando el problema sinóptico, y al interdependencia de los tres evangelios tales, se viene a establecer primero un evangelio en lengua aramea, escrito por Mateo según la tradición; después el atribuido a Marcos, el más breve de todos y que lleva en sí el sello de máxima antigüedad de los existentes. De éste, con seguridad, depende el de Lucas, además de sus propios datos, y el griego llamado hoy de Mateo es más o menos posterior al de Lucas.

El Evangelio griego actual de Mateo, parece tener como fecha límite el año 70 de la destrucción de Jerusalén. Sería de los años 60-70, sin precisar más. Se podría señala en concreto, los años 65-67.

Autores sinópticos

Si recogemos la tradición unánime de los autores eclesiales antiguos, ya desde el siglo II los tres sinópticos son atribuidos a Mateo, Marcos y Lucas, a quien también corresponde el libro de los Hechos.

El Mateo que hoy poseemos es claro que no es una traducción de primitivo aramaico al griego. Aunque se supone que fuera una de las fuentes utilizadas para el Mateo actual. Es pues anónimo el autor del evangelio conocido hoy como de Mateo, pero puede ampararse en la autoridad de un apóstol.

Marcos, el más breve ahora, es el Marcos discípulo de Pedro y Pablo. El testimonio de padres antiguos considera que Marcos fue en su evangelio intérprete de Pedro y su predicación.

El evangelio de Lucas tiene indudablemente a este discípulo por autor. Lucas ha sido compañero de Pablo en los viajes apostólicos, y pertenece al grupo de su intimidad, como aparece por sus cartas.

El evangelio de Juan diferencias entre Ratzinger y el P. Igartua

P. Igartua

Si se consulta la tradición eclesial unánime de la antigüedad, el autor del cuarto evangelio es Juan el apóstol, uno de los Doce. Es cierto que hubo una distinción, que recogió Eusebio de Cesárea, a propósito de Juan, como si fuesen dos Juanes, uno el apóstol y otro el anciano presbítero.

El texto (Ap 1, 1.4.9), además de toda la tradición, dice que el evangelio fue escrito, (o grapsas tauta), por alguien de gran autoridad en la iglesia el cual es su autor (Jn 21, 24), y que aparece en la escena del capítulo 21 en el lago como tal “discípulo amado” (21, 7.20).

¿Quiénes son esos cinco candidatos posibles, al título de discípulo amado? Pedro, Tomás, Bartolomé y los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan. ¿Cuál de estos cinco puede ser el discípulo amado? Por descarte queda Juan como Discípulo Amado. Es nombrado por primera vez en la Cena (…) Es señalado como hombre de su intimidad en ese momento precisamente en que le da su confianza. Es testigo del drama (Jn 18, 1-12) (…)

Los críticos liberales y racionalistas rechazan con Harnack o ponen en duda la autoría de Juan de este Evangelio porque les parece que una reflexión teológica tan profunda como este evangelio revela no conviene a un pescador de Galilea, como fue Juan. Pero este pensamiento no tiene en cuenta el valor carismático y sobrenatural de Pentecostés.

Ratzinger

En el capítulo 8 de Jesús de Nazaret, Ratzinger lo trata con el título de “la cuestión joánica”. La diversidad del Evangelio de Juan en el que no relata parábolas, sino que grandes sermones, ha llevado a la moderna investigación crítica a negar la historicidad del texto a excepción de la pasión y lo considera como una reconstrucción teológica posterior. Se formula dos preguntas: ¿quién es el autor de este Evangelio? ¿Cuál es su fiabilidad histórica?

Busca la respuesta en el texto mismo del Evangelio ”Se cuenta que uno de los soldados le traspasó a Jesús el costado con una lanza “y al punto salió sangre y agua”. Y después vienen unas palabras decisivas: “El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis” (Jn 19,35)

El Evangelio afirma que se remonta a un testigo ocular, y está claro que este testigo ocular es precisamente aquel discípulo del que antes se cuenta que estaba junto a la cruz, el discípulo al que Jesús tanto quería (cf. 19, 26) ¿quién es este discípulo? El Evangelio no lo identifica directamente con el nombre. (…) el texto nos guía a la figura de Juan Zebedeo. El Apocalipsis menciona expresamente a Juan como su autor, pero a pesar de la estrecha relación entre el Apocalipsis, el Evangelio y las Cartas, queda abierta la pregunta de si el autor es el mismo.

Desde Ireneo de Lyon, la tradición de la Iglesia reconoce unánimemente a Juan, el Zebedo, como el discípulo predilecto y el autor del Evangelio.

En la época moderna se duda de esta identificación. Aunque en el estado actual de la investigación, y precisamente gracias a ella, es posible ver en Juan el Zebedeo al testigo que defiende solemnemente su testimonio ocular, la complejidad en la redacción del Evangelio plantea otras preguntas.

Los contenidos del Evangelio se remontan al discípulo a quien Jesús (de modo especial) amaba. Al presbítero hay que verlo como su transmisor y su portavoz. El autor del Evangelio de Juan es, por así decirlo, el administrador de la herencia del discípulo predilecto”

Tras el Evangelio se encuentra un testigo ocular, la redacción tuvo lugar en el vigoroso círculo de sus discípulos

Resumen de autores y fechas de los evangelios

Es San Justino en el s. II quien ha recordado con palabra precisa que los evangelios son “recuerdo o memorias” apostólicas. Y al ser recuerdos con las variantes de redacción que se quiera, resultan testimonios válidos históricamente, no recusables en cuanto a su sustancia, aunque sean modelados en el detalle.

Queda así el conjunto de los escritos evangélicos, documentos básicos para el estudio de las palabras y hechos de Jesús que nos interesan, situado en cuanto a fechas y autores, del siguiente modo:

1.- Evangelio arameo de Mateo apóstol a. 40-50 (40-50)
2.- Evangelio de Marcos, intérprete de Pedro apóstol a. 50-55 (60-65)
3.- Evangelio de Lucas a. 55-60 (65-75)
4.- Hechos apostólicos de Lucas a. 61-63 (c. 75)
5.- Evangelio griego de Mateo, anónimo a. 65-70 (70-80)
6.- Evangelio de Juan apóstol a. 95-100 (cfr. Jn 21, 23)


AULA: P. JUAN MANUEL IGARTUA S.J. - CURSO: “EL MESÍAS JESÚS DE NAZARET”

“EL MESIAS DE ISRAEL EN LOS EVANGELIOS”

Los evangelios documentos pospascuales

Los evangelios reflejan ciertamente la fe respirada en el ambiente de la comunidad primitiva de la Iglesia, cuyos jefes venerados eran los apóstoles, a los que luego se añadió con la misma categoría Pablo (Act 1, 13.26; Gal 2, 9; 1 Cor 9, 1). De esta unidad de fe exigida a la iglesia apostólica habla Pablo a los Corintios: “Tanto yo como los apóstoles esto hemos predicado, esto habéis creído” (1 Cor 15, 11), que es lo que “vosotros recibisteis, por lo cual so salváis” (1. Cor 15, 1-2). Y a los Gálatas: “Aunque yo mismo, o un ángel del cielo, os predique distintas de las que yo os prediqué, sea anatema. Os lo vuelvo a repetir: si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis sea anatema” (Gal 1, 8-9).

La fe en la divinidad mesiánica de Jesús de Nazaret en la comunidad pospascual

Respecto al punto que es el centro de nuestro interés en este estudio, la divinidad mesiánica de Jesús, es cosa cierta que ésta era la fe común y el centro nuclear de la fe apostólica después de la pascua, siendo testigos de la resurrección de Jesús. Ha resucitado y es Señor o Dios. Veamos este aspecto Pedro, Juan y Pablo.

Pedro da testimonio directo de su fe en su primera carta apostólica. Llama a Dios “Padre de nuestro Señor Jesucristo” (1, 3), y habla del “Espíritu de Cristo” (1, 11). En la carta Jesús aparece nombrado como “Jesucristo”, hasta diez veces, y otras diez con el simple nombre mesiánico de “Cristo”. En el libro de los Hechos de Lucas, el nombre más utilizado para designar a Jesús, además de su propio nombre es el de “Señor”, Kyrios, que es el que sustituye generalmente al nombre divino de Yahvéh.

Hay dos documentos muy importantes que revelan la fe de Pedro apóstol. Son la segunda carta de Pedro y el evangelio de Mateo griego

En la segunda de Pedro se menciona el hecho de la transfiguración, y en el evangelio de Mateo el de la confesión de Pedro y la transfiguración que le sigue. Ambos testimonios proclaman la fe de Pedro en la divinidad de Jesús (…)

La fe de Juan aparece en su primera epístola con claridad precisa. En ella nombra a Jesús el Cristo, Jesucristo, y declara que “Jesús es el Cristo” (1 Jn 2, 22; 5,1). Esta es su fe mesiánica. Hasta 22 veces emplea el nombre de Hijo en relación al Padre.

Tras su conversión Pablo, después de bautizado por Ananías, se dirigió a la Sinagoga y comenzó a predicar que “Jesús es el Hijo de Dios y el Cristo” (Act 9, 19-22) (…) esta fe en la divinidad de Jesús era la condición necesaria exigida para el bautismo (…) Mesianidad y divinidad de Jesús como fe básica. Pablo en sus cartas da a Jesús el nombre de Cristo, ya solo ya en la forma de “Jesucristo”, más de cuatrocientas veces. Y casi doscientas veces el nombre de “Señor” o Kyrios. Título que es propuesto como condición de la fe (Rom 10, 6). Presenta a Jesús como Juez del mundo, como Sacerdote, como sentado junto al Padre en la gloria, como Vida y Luz y autor de los milagros.

Especialmente significativos son sus célebres “himnos cristológicos”. Filipenses y Colosenses, admirable de inspiración y grandeza, sea que lo toma de un himno cantado por la comunidad, sea que lo compone ahora él, escribe: “Es imagen de Dios invisible (…) en El han sido creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra (…) todas han sido creadas por El y para El, y El es anterior a todas las cosas, y todas se fundan en El” (Col 1, 15-17)

Dejando de lado (…) otros pasajes (…). Podemos con certeza asegurar, y no parece que nadie pueda discutirlo, que en la comunidad apostólica pospascual Jesús de Nazaret es proclamado y creído Hijo de Dio y verdadero Dios.

Esta fe de la comunidad apostólica es la que a través de los siglos ha llegado intacta hasta hoy, cuando se sigue expresando la fe en Jesús Hijo de Dios y Dios verdadero, con la misma fuerza y claridad. Las desfiguraciones que intentaron, como el error en que cayeron durante varios siglos los que se desviaron, fueron corregidas por la Iglesia en sus Concilios, desde Nicea hasta Calcedonia y Constantinopla III pasando por Efeso y Constantinopla I y II.

La fe en la divinidad mesiánica de Jesús de Nazaret en los evangelios

En aquel ambiente pospascual brotaron los escritos evangélicos. Y los mismos evangelistas, que recogen las palabras y los hechos de Jesús en su vida mortal, y su resurrección y vida inmortal manifestada en apariciones a sus discípulos proclaman también ellos su propia fe de cristianos.

Marcos inicia su evangelio con este título: “Principio del Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios” (Mc 1, 1).

Juan comienza el suyo con la admirable declaración de esta fe: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios (…) Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros” (Jn 1, 1.14); y lo termina en el primer epílogo diciendo: “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios” (Jn 20, 31).

En cuanto a Mateo, al iniciar el evangelio, tras la genealogía humana de Jesús, con el relato de la concepción virginal, dice que se cumplió así el anuncio profético de Isaías (…) terminando su evangelio con la proclamación paritaria de las tres Personas de la Trinidad en la fórmula del bautismo (Mt 28, 19).

Lucas, por su parte, que en la genealogía hace descender a Jesús de Adán y a éste de Dios, presenta al ángel Gabriel anunciando a María: “El Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35), y termina su evangelio de la vida con la palabra de Jesús que llama a Dios Padre al morir (Lc 23, 46), anunciando por Jesús la próxima venida del Espíritu (Lc 24, 49), cuando Jesús se dispone a subir al cielo en su ascensión; y en fin, continúa su obra con el libro de los Hechos, en el que hemos visto proclamada por los apóstoles la divinidad de Jesús de manera clara.

Así los cuatro evangelistas testimonian también personalmente la fe de la comunidad cristiana en que viven, y expresan la fe común con la propia.

El problema crítico: comunidades pospascual y prepascual

Esta proclamación, que se muestra tan claramente en la comunidad apostólica pospascual, de la fe en el divinidad de Jesús, ¿qué raíz tiene, de dónde proviene? Tal es el problema crítico. ¿Fue el propio Jesús, como parece obvio, el que la infundió en ellos con sus palabras propias en vida?; o acaso, ¿ha brotado en ellos tras la resurrección?

La crítica ha fijado la atención en la diferencia de la comunidad pospascual y la prepascual.

La crítica racionalista solamente acepta esta fe de la comunidad pospascual como fe subjetiva, fundada en la convicción, sin realidad histórica correspondiente, de las apariciones de Jesús resucitado. Ante tales apariciones, explicadas de diversos modos, pero nunca por ellos de manera objetiva exterior, los apóstoles llegaron a la convicción de que Jesús era Dios, y así lo pregonaron. Tal es, en último término, aquello en que se han de resumir las teorías críticas que no aceptan la divinidad de Jesús. Y entonces, los evangelios, que recogen las palabras de Jesús en que se trasluce su divinidad proclamada, son redacciones hechas de las palabras de Jesús a la luz de los acontecimientos pospascuales.

Se puede y debe afirmar que no eran las mismas la claridad y firmeza de la fe apostólica, antes y después de la resurrección de Jesús. Esta se ha convertido en el fundamento de la misma fe total, como en su centro (1Cor 15, 14.17). Juan dice que al ver los lienzos del sepulcro “vio y creyó” (Jn 20, 8). Lucas dice que Jesús “abrió el sentido de inteligencia de las Escrituras” a los apóstoles después de su resurrección (Lc 24, 45-46). La luz de Pentecostés hizo aún más clara y firme la fe apostólica.

AULA: P. JUAN MANUEL IGARTUA S.J. - CURSO: “EL MESÍAS JESÚS DE NAZARET”

“EL MESIAS DE ISRAEL EN LOS EVANGELIOS”


El testimonio del Bautista sobre Jesús

La figura de Juan el Bautista aparece en los evangelios como figura admirable, noble y grande, de precursor de Jesús. Los tres sinópticos y Juan dan cuenta de la aparición del Bautista en la ribera del Jordán, bautizando y predicando la llegada del reino de Dios (Mt 3, 1-6; Mc 1, 4-5; Lc 3, 3-6). Era el año 15 del imperio de Tiberio, que se corresponde en los cálculos al año 27 de la era cristiana.

La predicación del Bautista levantó una gran expectación en el pueblo, según los evangelistas. Acudían a oírle y a bautizarse desde toda Judea, y especialmente de Jerusalén (Mt 3, 5; Mc 1, 5) (…)

El evangelista Juan, por su parte, da cuenta de una legación especial enviada desde el Templo de Jerusalén por los responsables, para interrogar a Juan acerca de su identidad (Jn 1, 19-25)

Diálogo con los sacerdotes y levitas

El diálogo fue el siguiente. Vinieron sacerdotes y levitas a él y le debían preguntar quién era: ¿quién eres tú? El declaró en seguida que él no era el Cristo, pues comprendía que era el pensamiento subyacente a la pregunta oficial. Se había planteado, y conviene notarlo, la cuestión de la mesianidad. Tras su negación, plantearon dos preguntas: ¿Eres Elías? ¿Eres el Profeta? En el pensamiento judío, la venida del Mesías era precedida de la venida de Elías (ver Malaquías 4, 5)

¿quién eres, pues? ¿qué dices de ti mismo? (Jn 1, 22) (…) “Soy la voz que calma en el desierto: preparad los caminos del Señor” (Mt 3, 3; Mc 1, 4; Lc 3, 4; Jn 1, 23). Y entonces desveló la misteriosa figura de uno que “venía detrás de él, del cual él no era digno ni de soltar las correas de sus sandalias” (…)

Hay algunas diferencias añadidas.

Mateo presenta al que viene detrás de Juan, como el que bautizará en Espíritu Santo y fuego, y será juez de su pueblo, salvando y condenando (3, 11-12).

Marcos reduce algo la proclamación, manteniendo que bautizará en Espíritu Santo (1, 8).

Lucas, como Mateo, presenta el doble aspecto de bautizador en Espíritu Santo y fuego, y de juez de su pueblo (3, 16-17).

Juan, como diremos a continuación, extiende aún más el testimonio y lo subraya con energía.

Pero ya en los tres sinópticos aparece, por lo dicho, como alguien que tiene poder de “bautizar en Espíritu Santo”. Es decir, tiene un poder trascendente, divino, y en Mateo y Lucas se añade su condición de Juez supremo, que es poder también divino.

“Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está aquel a quien no conocéis” (Jn 1, 26). Y la relación de Jesús con el Espíritu Santo la explica así:

“Vi al Espíritu descender desde el cielo en figura de paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas el Espíritu que desciende y permanece sobre él, ése es el que bautiza en Espíritu Santo” (Jn 1, 32-33).

También en el evangelio de Juan se da el anuncio de que Jesús bautizará en Espíritu Santo, como en los sinópticos.

El evangelista ha puesto en boca del Bautista la forma que adquirió de hecho la manifestación divina del bautismo. Bajó el Espíritu Santo en forma de paloma sobre la cabeza de Jesús,

Otro punto importante del testimonio del Bautista (…) “El que va a venir detrás de mí, ha sido hecho o existe antes que yo”.

La propone al resumir en el prólogo del evangelio la misión y actuación del Bautista: “Juan ha dado testimonio de El (del Verbo encarnado). Y clama diciendo: Este es aquel de quien dije: El que viene detrás de mis, existe antes que yo”

La manifestación del Espíritu Santo

Venimos, finalmente, a la declaración concreta de divinidad de Jesús en el episodio del Bautista. Los tres sinópticos ofrecen el relato similar del bautismo de Jesús por Juan, y del extraordinario hecho registrado en él. Una paloma bajó del cielo sobre su cabeza, al recibir el agua sobre su persona de mano del Bautista. Era el Espíritu Santo. Y se oyó una voz solemne del cielo: “Este es mi Hijo, al amado, en el que me he complacido” (Mt 3, 16-17; Mc 1, 10-11; Lc 3, 22). Hay que advertir que Marcos, y con él Lucas, dirigen la palabra divina al mismo Jesús: “Tú eres mi Hijo, el amado”.

El testimonio del Bautista es de fuerza singular. Pues testimonia primero que él no es el Cristo, con lo cual, al decir que detrás de él viene otro más importante, testifica a favor de la misma mesianidad de Jesús, como si dijese: “El es el Cristo”. (…)

Y además testifica de El que es “el Hijo de Dios”, el mismo que “bautiza en Espíritu Santo”, sobre el cual el Espíritu ha descendido, como él lo ha visto. Y además ha oído, y por él es conocido el hecho, la voz celeste del Padre que decía: “Tú eres mi Hijo, el Amado”.

Es pues un claro testimonio de Juan Bautista sobre la mesianidad y la divinidad de Jesús, conforme a los cuatro evangelios.

Jesús dice de él un elogio grande: “No ha nacido ningún hombre de mujer mayor que Juan Bautista” (Mt 11, 11) Y dice de él que se le puede considerar el Elías anunciado por Malaquías como precursor del Mesías (…) En él termina la Ley y los Profetas, es decir, el Antiguo Testamento, y comienza el Nuevo (Mt 11, 13-14).